Seven Seconds, autopsia del sueño americano fallido

Esta fue el fin de semana de Seven Seconds. La serie de Netflix producida por Veena Sud (The Killing) creo que tomó a muchos desprevenidos. Estrenada el pasado viernes 23 de febrero, este fin de semana en las redes no se hablaba de otro trabajo audiovisual. Excepto, Black Panther, quizás. Y ambos trabajos comparten el tema racial como punto en común.

La historia arranca con impacto. Un arrollamiento y su posterior encubrimiento. Pero el incidente enseguida gana notoriedad. Primero, porque la víctima es un chico negro, oriundo de una zona de bajos recursos de Jersey City. Segundo, porque el victimario es un policía de narcóticos. Blanco. Y ya sabemos todo lo que implica la ecuación policía blanco-víctima negra, en el Estados Unidos post Rodney King. Post Ferguson.

Sobre todo cuando el caso está en manos de una fiscal negra, alcohólica, en busca de redención. Y de un detective un tanto negligente, cornudo pero con un amor desmedido hacia los perros viejos y el chicle.

Seven Seconds, radiografía del fin del American Dream

Como en The Bonfire of Vanities, el gran fresco de Tom Wolfe, el arrollamiento es apenas el incidente catalizador para poner en movimiento una trama que se convertirá en la radiografía de la sociedad estadounidense actual, fracturada por los conflictos raciales, castigada por la crisis económica. Y devorada en su totalidad por el flagelo de las drogas. La tan publicitada epidemia de opiáceos que está diezmando a los estadounidenses sin discriminar clases sociales o edades.

Pero Seven Seconds también es el retrato de un sistema judicial cuyas bases han sido carcomidas por la corrupción y la negligencia policial y que ha dejado de ser garante de la justicia.

Finalmente, pero ante nada, Seven Seconds es la crónica de la desintegración familiar por las consecuencias devastadoras de la tragedia, la violencia y la injusticia. Y en este aspecto es que la escritura del guión, y un reparto impecables, brillan.

Seven Seconds, la producción

Si algo destaca en el conjunto de una producción caracterizada por la excelente, eso es precisamente, el reparto de esta serie. Prácticamente, no hay un solo actor que desentone. Pero Regina King, quien interpreta a Regina Butler, la madre del niño arrollado, brinda una actuación digna de pasar a la historia de la televisión. Consumida por el dolor, a punto de desmoronarse, saca fuerzas de su aflicción para lanzarse a una búsqueda desesperada de la justicia.

Además de sus personajes contradictorios, llenos de defectos y flaquezas, humanos en fin; la serie te mantiene adherido a su trama a punta de revelaciones y giros argumentales sorpresivos. Una trama que te obliga a preguntarte en todo momento, «¿y qué va a pasar ahora?». La serie está inspirada en el fin ruso The Major, de Yuriy Bykov.

Hasta ahora no se ha confirmado una segunda temporada. Sí se sabe que de confirmarse, será una serie antológica. Pero un poco como en el sentido de The Wire. Puede que continúen algunos de los mismos personajes, pero la nueva temporada exploraría otro aspecto de Jersey City. De una forma parecida a como David Simon fue retratando el Baltimore post 9/11 o la New Orleans después de Katrina.

Seven Seconds es uno de los espectáculos más finos y provocadores de los últimos años. No puedo dejar de recomendarla. Eso sí. Si la van a ver, aparten un día completo para la tarea. Una vez que empiezas, es difícil parar de verla.

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La Villana (The Villainess), amor y ultraviolencia

La Villana (The Villainess, Ak-Nyeo) comienza con uno de los planos secuencias más complejos, violentos e intensos de los últimos años. Son ocho minutos de la más pura y dura ultraviolencia a la que nos tiene acostumbrados el cine asiáticos. Pero como también nos tiene acostumbrados el cine coreano, pronto hace un giro e introduce un género nuevo. O varios. No importa.

Las tramas principales recuerdan a dos películas francesas en particular. La primera, la de la asesina nata, reclutada y entrenada por una organización gubernamental secreta, parece inspirada en La Femme Nikita, de Luc Besson. La segunda, la de la relación romántica entre espías que ignoran la su condición, es muy similar a La Totale! de Claude Zigi (que luego James Cameron usó como base para True Lies).

Pero como también suele ser común en el cine asiático y, en particulr, el coreano, ambas tramas está unidas por la historia mayor de una venganza no consumada durante años. Y, como en el caso de La Femme Nikita, es la historia de una mujer que busca recomponer su vida después de años de maltratos, abusos y violencia.

En el caso de Sook-hee, protagonista de La Villana (The Villaines, Ak-Nyeo), esa nueva vida consiste en una modesta y anónima madre soltera, con una igualmente modesta carrera como actriz de teatro.

No obstante, la violencia siempre busca abrirse paso en su vida.

La Villana (The Villainess), humor, amor y surrealismo

La Villana (The Villainess, Ak-Nyeo) contiene extraordinarias coreografías de acción, violencia y destrucción. De ese tipo de planos que te hacen preguntarte «ey, ¿cómo hicieron eso?» Es particularmente impresionante la pelea a espadas sobre motocicletas a toda velocidad. Y la persecución automovilística y enfrentamiento final en el autobús.

Pero la película, en ese sentido, no se agota sólo en la espectacularidad. A comienzos la historia, hay un plano secuencia donde la violencia es desplazada por el absurdo, el surrealismo y el humor. De hecho, la violencia está ausente en buena parte de la historia. Por momentos, la trama se tiñe de ternura. De un humor dulce más propio de una comedia romántica que de un film de artes marciales ultraviolento.

La Villana (The Villainess, Ak-Nyeo) está escrita y dirigida por Byung-gil Jung (el mismo de la excelente Confession of MurderNae-ga sal-in-beom-i-da). Está protagonizada por Ok-bin KimHa-kyun ShinJun Sung y Seo-hyeong Kim.

The Cloverfield Paradox, verdades, trucos y paradojas

Sin duda alguna, The Cloverfield Paradox fue la noticia de la semana en el mundo cinematográfico internacional. Nada más basta darle una ojeada a los resultados de búsqueda que arroja Google, para darse cuenta de la enormidad del éxito que Netflix y J. J. Abrams se han anotado.

En este blog, la noticia más leída, por ejemplo, tenía que ver con el despertar del monstruo que azota New York en el primer film. Se trata de un artículo de una década de antigüedad. Así de mayúsculo ha sido el impacto.

Que la crítica y buena parte del público la haya destrozado y que en Rotten Tomattoes tenga un puntaje de apenas 16% parece ser lo de menos.  De hecho, es lo de menos

Cloverfield, experiencia extracinematográfica

La franquicia Cloverfield encarna un nuevo modelo cinematográfico en el que cada película es apenas una fracción de una experiencia narrativa, que en buena medida ocurre fuera de la pantalla. Antes, muchos antes del estreno. Pero también después. Tanto en Internet como en otros medios no digitales.

En el caso de 10 Cloverfield Lane, se trató de un juego de mesa que tenía como objetivo educar a los niños en las técnicas de supervivencia en un hipotético Apocalipsis. La primera de las cintas fue precedida por una campaña de intriga en la red, que guiaba a los a través de una serie de pistas sobre los antecedentes de la historia.

10 Cloverfield Lane se destapó sólo a último momento (tanto en , como parte de la franquicia. Aunque conectadas vagamente. Las dos películas compartían el concepto de historias mínimas, personales, enmarcadas en una catástrofe mundial. Con presupuestos modestos ambas, lograron rebasar la barrera de los 100 millones de dólares de recaudación en taquilla.

En general, la experiencia extracinematográfica que el universo Cloverfield propone, demanda un espectador activo. Como ya hemos notado antes, cada película es apenas un fragmento de una mucho mayor e inconclusa, que el espectador debe construir fuera de la pantalla. Es por eso que los huecos argumentales, o los errores de continuidad, no importan. Están allí por algo, para algo, para despertar la curiosidad de los espectadores.

Una curiosidad, un deseo de dilucidar los misterios de la saque los ha llevado a hacer descubrimientos inusitados como la sincronía de eventos en la primera y tercera película en el minuto 18:20 de ambas, por ejemplo.

Ambas películaS causaron una especie de shock en su estreno e inundaron la red con toda clase de hipótesis y conversaciones. Eran la mejor muestra de la efectividad de la teoría de La Misteriosa Caja Mágica, de Abrams.

The Cloverfield Paradox no se quedaría atrás.

Un anuncio a lo Apple

El inesperado anuncio que sorprendió a medio mundo con la guardia baja, acaso se haya gestado a última hora. No obstante, a principios de año, el estreno de una película relacionada con el universo Cloverfield, de la que nadie sabía el título, estaba programado para el pasado 9 de febrero. ¿Una forma forma de despistar a medio y espectadores. Probablemente sí.

The Cloverfield Paradox

La mayor paradoja de The Cloverfield Paradox es que sus carencias no le impidan ser un éxito

Esa fue la primera razón por la que causó tanto impacto el anuncio del film en el Súper Bowl. La segundo estuvo relacionada con la idea de Abrams de imitar los lanzamientos de productos de Apple.

Ni siquiera dentro de Netflix no todo el mundo sabía lo que estaba pasando. Y, en Paramount, aún menos departamentos tenían la información. Para mí fue maravilloso como la sacamos.

Me siento un poco como Apple cuando anuncian un nuevo producto y enseguida dicen «Disponible ahora». Y uno se dice «espera un momento: ellos diseñaron esta cosa, la fabricaron, la distribuyeron ¿ya nadie lo sabía?»

Literalmente no tiene sentido cómo puede suceder eso. Y así mismo se sintió así con esto. Fue increíble para mí que hayan podido mantenerlo en secreto.

Es significativo que Abrams mencione a Apple. No porque sea un fanático convicto y confeso de la marca. Sino además porque en este caso en particular, no está lidiando con un estudio cinematográfico, sino con una empresa de informática que hace y distribuye cine y TV: Netflix.

No es cine, es Netflix

El arribo de Netflix a la escena cinematográfica mundial, cambió muchos paradigmas. ¿El más importante de todos? La forma en que consumimos los contenidos audiovisuales. Todo en Netflix es inmediato. O casi. Las ventanas de distribución e han reducido al mínimo. Un film que se estrenaba en Sundance, antes habría tardado años en llegar a sus audiencias naturales. Hoy, con Netflix y demás plataformas de streaming esa espera se ha reducido a semanas. A veces, días.

Con The Cloverfield Paradox se reduce a casi nada. Cuestión de minutos, apenas. Porque a Netflix, como a Abrams, le interesa más el impacto que cause en las redes para posicionar su marca a futuro que, incluso, los beneficios económicos. Empresa informática al final, también lo suyo es la conversación en las redes y la generación de contenidos que satisfagan la demanda inmediata.

¿Algún estudio de cien tradicional se daría el lujo de quemar 11 millardos de dólares al año,  6 de los cuales invertidos en contenidos, para recibir un promedio de apenas 800 millones de beneficios? Netflix lo puede hacer porque busca posicionarse, crecer y hacer crecer su base suscriptores. Como Apple, Facebook, Tesla, SpaceX o Google en sus comienzos, también lo suyo es innovar. Por eso, no le importó desembosar más de 50 millones de dólares por una película menor.

Y nada tan innovador en el mundo cinematográfico como anunciar durante el mayor evento deportivo del año en los Estados Unidos, una película inesperada con disponibilidad inmediata. Fue La Misteriosa Caja Mágica de Abrams, pero aplicada al mercadeo y los negocios.

Netflix y Abrams se anotaron un éxito con The Cloverfield Paradox

Netflix y Abrams se anotaron un éxito con The Cloverfield Paradox

No es una franquicia, es una colección

La Misteriosa Caja Mágica de Abrams no sólo es un ingenioso ardid narrativo y promocional. También es un efectivo truco para hacer negocios. De su gira promocional llama la atención la insistencia de Abrams en aclarar que Cloverfield no es un franquicia propiamente dicha, sino una colección.

El productor y realizador imagina un estante con películas con historias extrañas, caracterizadas por el mismo punto de partida. «¿Qué tal si…?» Se trata pues de una serie de películas conectadas directa e indirectamente.

El criterio más o menos vago de la colección, le permite poner bajo el paraguas de Cloverfield, cintas modestas que de otra forma no se convertirían en éxitos taquilleros. Como 10 Cloverfield Lane, en un principio un estupendo thriller claustrofóbico de bajo presupuesto, una locación y apenas un trío de personales.

Además, le permite tomar riesgos. Como la próxima entrega de la serie. De ser ciertos los rumores, transcurriría en la II Guerra Mundial e incluiría elementos sobrenaturales como zombies.

The Cloverfield Paradox tiene huecos argumentales, errores de continudad y diálogos que rayan en lo camp. Cuenta una historia un tanto disparatada que se conecta debilmente con las otras dos películas de la colección. Pero eso no impide su disfrute ni que se convierta en el tema de conversación número 1 de la semana en las publicaciones especializadas. Ni que sea percibida como todo un éxito. Y esa es su mayor paradoja.

Oscars 2018: Three billboards outside Ebbing, Missouri no es la película que quieres que sea

¿Es Three billboards outside Ebbing, Missouri (que en España han traducido como Tres anuncios en las afueras y, en Latinoamérica, 3 anuncios por un crimen) una película racista?

Desde que la vi no me he quitado la duda de la cabeza. Me da la impresión de que problema no es tanto la película de Martin McDonagh como el momento en que se ha estrenado, los premios que ha obtenido en los Globos de Oro, y el lugar en que se exhibe. Un caso típico de la película equivocada en el momento menos indicado…

(más…)

¿El verdadero significado de Mother!?

¿Han visto Mother!, de Darren Aronofsky? Se acaba el 2017 y arriba el tiempo en que todos comenzamos a hacer balances. Especialmente, sobre lo mejor y lo peor de un año horrible (si vives en Venezuela).

 

Jennifer Lawrence en Mother! (Paramount Pictures)

Jennifer Lawrence en Mother! (Paramount Pictures)

De modo pues que es hora de  hacer balances y no creo haber visto otra película que merezca más encabezar esta serie de artículos que Mother!, la extraña fábula de Darren Aronofsky que dejó perplejos y confundidos a críticos y espectadores por igual. No en vano, este fin de año, Mother! aparece en las listas de muchos críticos, pero como lo mejor y lo peor del año, al mismo tiempo.

Cualquier película que origina este tipo de reacciones extremas y malentendidos es muy probable que se haya adelantado a su tiempo. O que simplemente sea una obra artística llamada a perdurar en el tiempo, a ser reivindicada en un futuro no muy lejano. Oque está  destinada a devenir un film de culto con el paso de los años.

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Porque si algo caracteriza a toda obra de arte es su polisemia. Y vaya si Mother! se carateriza por su multiplicidad de significados. El film de Aronofsky trabaja en tantos niveles que Richard Brody, uno de los críticos de The New Yorker, se vio obligado a dedicarle no una, sino dos de sus críticas.

Mother!, polisémica

Como Brody, mientras la veía yo también pensé estar viendo una metáfora sobre la creatividad (o la falta de), el poder destructivo de la fama en el milenio del narcisismo, y la frontera indiscernible entre la realidad, la ficción y el acto de creación, que avanzaba por medio de la trama intimista de la cotidianidad de un escritor (Javier Bardem) con bloqueo creativo y su joven, hermosa e insatisfecha esposa (Jennifer Lawrence). Todo eso, claro, antes de que en el tercer acto la historia diera ese vuelco surrealista, distópico, anárquico.

Yo recordaba vagamente haber leído en algún lado, unas declaracions de Aronofsky en las que mencionaba cierta relación de su historia con La Biblia, lo que se me hizo evidente en ciertos momentos, como la secuencia de Caín y Abel. O, sobre todo, en ese clímax surreal en que un grupo de fanáticos se toma el rito de la comunión de forma un tanto literal.

Mother! ¿Fábula sobre la Madre Tierra u Home Invasion Movie?

Pero al igual que a Brody, lo que me desconcertó luego, al menos momentáneamente, fueron las declaraciones del director de El Cisne Negro. Según Aronofsky, Mother! era una fábula sobre el cambio climático y los efectos nocivos de la acción humana sobre la Madre Tierra.

Según Brody, Aronofsky se equivoca en la visión de su propio film.

En «¡Madre!», Aronofsky hace maravillas con su inconsciente cinemático, aprovechando su furia y confusión para crear una película que, mientras despega de una árida alegoría bíblica, es de hecho un drama literal de relaciones personales en un mundo de artistas de mediana edad y mujeres más jóvenes, similar al que viene trabajando durante décadas.

En la película, es la voluntad del escritor, el esfuerzo por salir de una vida ordinaria a través de la fuerza de su creación artística, lo que establece la historia, y el mundo cinematográfico de Aronofsky, en un movimiento grotesco y fascinante.

Afortunadamente, la película que hizo es mucho más interesante de la que cree que hizo.

Godard: el autor no sabe nada

Puede que de entrada resulte difícil digerir que un autor no sea capaz de saber qué clase de obra hizo. Pero la verdad es que es más común de lo que suele pensarse. De hecho, esa es la verdadera razón de la existencia de la crítica.

En este sentido, Brody cita una conversación que tuvo en cierta ocasión con Jean-Luc Goddard:

Lo que los directores -especialmente los buenos- ponen en sus películas es diferente de lo que sale de la visión de esas películas (…)

Un gran director que entiende esto es Jean-Luc Godard, quien discutió el asunto conmigo cuando lo entrevisté en 2000. Estábamos hablando de «La Chinoise», su drama de 1967 sobre una célula de jóvenes maoístas en París y su inclinaciones hacia la violencia política, que, pensé, filmó con un grado significativo de distancia crítica.

Él estuvo de acuerdo, pero dijo que, en el momento de la filmación, su perspectiva crítica era «inconsciente», y agregó: «Mi inconsciente tenía razón, pero es el cine el que tenía razón, lo que era más o menos correcto. Lo que la gente dice al respecto no es necesariamente correcto; a menudo lo que el autor dice es aún menos correcto, porque el autor es lo que hace, no lo que dice».

La Chinoise, de Jean-Luc Goddard

Autobiografía accidental

Quizás sea esta suerte de ceguera creativa de todo artistas lo que al final engendra obras extremas, polarizantes y de luminosa ambigüedad, que se prestan a toda suerte de interpretaciones, equívocos y polémicas.

Creo sin embargo, que la conclusión de Brody tampoco es del todo correcta, puesto que Mother!, dada su polisemia, también responde a la interpretación de Aronofsky.

Acaso no sea tan evidente como los rasgos autobiográficos de la trama (porque como dice Robert McKee: en el encuadre de un film, no hay lugar donde su autor pueda esconderse) o la parábola bíblica; pero la idea de una metáfora de un apocalipsis ambiental, provocado por el fanatismo religioso y con funesta consecuencias sociales también está presente en Mother!

La verdad es que no existe un verdadero (o un falso) significado de esta película. Es más: no existe un significado unívoco del film. Ni hay una forma de interpretarlo correcta o incorrectamente. Tampoco hay manera de enmarcarlo dentro de un género específico, pues muta según transcurre el metraje. Comienza como un drama intimista. Pronto se transforma en una invasion movie. Y desemboca en un sátira surreal, una alegoría ecológica y social.

Como una buena obra de arte, Mother! se presta a toda suerte de lecturas.

Y eso la hace perdurable.

¿De acuerdo? ¿En desacuerdo? ¿Tienes algo que agregar? ¿Te gustó Mother!? ¿Por qué? ¡Déjanos saber tu opinión a continuación en la sección de comentarios?

Kate, Sean y El Chapo Guzmán, corrido del amor y la traición

Viendo El Día que conocí al Chapo, sobre el encuentro de Kate del Castillo y Sean Penn con El Chapo Guzmán, no dejaba de notar el paralelismo temático con el ensayo de Janet Malcolm, El Periodista y el Asesino.

Malcolm inicia su texto con una frase devastadora y polémica como pocas:

Todo periodista que no sea tan estúpido o engreído como para no ver la realidad sabe que lo que hace es moralmente indefendible. El periodista es una especie de hombre de confianza que explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas, que se gana la confianza de éstas para luego traicionarlas sin remordimiento alguno.

A partir de allí, Malcolm analiza las complejidades y contradicciones de las relaciones entre el periodista y su sujeto. Sus personajes principales son el periodista Joe McGinniss y el médico Jeffrey MacDonald, acusado de haber asesinado a su esposa y sus dos pequeñas hijas. El contexto de la historia es el juicio por la demanda que MacDonald le pone a McGinnis, por haberlo engañado para escribir el libro sobre sus asesinatos.

Según MacDonald, McGinniss le hizo creer que eran amigos para ganarse su confianza. Y, luego, para traicionarlo al escribir y publicar un retrato negativo sobre su persona. A Janet Malcolm le llama poderosamente la atención cómo el jurado se pone del lado del demandante, un monstruoso asesino; y en contra del periodista, un falso amigo, manipulador y traidor.

Para ella, la conclusión es obvia: para el jurado, la reputación de un médico que ha perpetrado a sangre fría un crimen espantoso, era aún más respetable que la del periodista que traiciono su confianza. ¿Era el engaño y la traición del periodista peor que, no uno, sino tres espantosos asesinatos?

La traición, el peor crimen

Penn, El Chapo Guzmán y Kate del Castillo

Penn, El Chapo Guzmán y Kate del Castillo

Al ver el documental de Kate del Castillo, creo haber sentido por El Chapo Guzmán y Sean Penn algo similar a lo que debió haber sentido Malcolm por MacDonald y McGinniss.

¿Cómo podía despertarme respeto, e incluso algo parecido a la ternura y piedad un ser que los medios de comunicación han retratado como un sanguinario e inescrupuloso narcotraficante como El Chapo Guzmán? Y, lo contrario, ¿cómo ha podido causarme tanta repulsa Sean Penn, un actor de Hollywood talentoso, que alterna su carrera con el activismo humanitario y es famoso por su arrojo y valentía en tragedias como la del terremoto en Haití y al que incluso, en alguna oportunidad, he estrechado su mano?

Pues por lo mismo que el jurado del litigio MacDonald-McGinniss se puso del lado del asesino y no del periodista. El relato de Kate del Castillo es la versión que hace una mujer enamorada, que es engañada, manipulada, explotada y finalmente traicionada por un periodista al que sólo le interesa cubrirse de gloria al obtener una exclusiva. Como en el caso de McGinniss y MacDonalds, como espectadores sentimos que ese engaño y la posterior traición son peores que todos los crímenes que haya podido cometer El Chapo Guzmán.

El Chapo Guzmán, ¿personaje cándido?

Esta sensación quizás sea provocada por la imagen de Guzmán que presenta el documental. Curiosamente, la de un cándido hombrecillo aficionado a las narcotelenovelas, enamorado de una rutilante estrella de televisa. Y quizás, como algunos han aventurado, incapaz de discenir entre la actriz de carne y hueso y el personaje de ficción que encarna en la narcoteleserie, La Reina del Sur. Un señor humilde y galante, inseguro, que parece extraviado en esa trama de celebridades tequileras que se comunican en inglés entre sí y quieren hacerle grabar un vídeo.

La paradoja se ve aún más reforzada porque El Chapo acaso sea el único personaje auténtico en medio de toda la gente fresa, rellena de silicona, colágeno y bótox que puebla el mundo del documental. Aunque él mismo parece haberse sometido a unas cuantas cirugías plásticas, probablemente haya sido más por gajes de su «oficio» que por vanidad. Pero en este documental, hasta algún agente de la DEA parece haberse «retocado» el rostro.

La traición de la autobiografía

Tanto el relato de Kate del Castillo sobre sí misma, como el reportaje de Penn sobre el encuentro con El Chapo que publicara Rollin’ Stone, me recordaron otro pasaje del libro de Malcolm referido al riesgo de traición (a sí mismo) accidental que existe en todo relato autobiográfico.

Al hablar del libro Héroes, de McGinnis, Malcolm acota:

Es una obra confesional que —igual que en muchos de estos ejercicios— confiesa algo diferente de lo que el autor piensa que está confesando; al convertirse en tema del libro el que hace la autobiografía se coloca en la situación de ser traicionado por sí mismo en no mejor medida que el personaje sobre el que escribe algún otro autor.

Con una candidez equiparable sólo a la del Chapo Guzmán, Kate traiciona inconscientemente la imagen de estrella y empresaria emprendedora y segura de sí misma capaz de hacer product placement de su bebida con total descaro (los pocos momentos en que no parece auténtica), al revelarse accidentalmente como una mujer manipulable e insegura capaz de ponerse en peligro a sí misma con tal de complacer los caprichos del tipo del que se ha enamorado.

Claro, eso es incomparable a la traición a sí mismo de Penn, quien al situar el relato de la peripecia en primera persona, en vez de dejarnos con la idea del periodista intrépido capaz de tomar todo tipo de riesgos por una exclusiva, nos deja con la imagen del periodista que, al decir de Malcolm, es tan estúpido o engreído que es incapaz de ver que lo que está haciendo es ética y moralmente indefendible.

Cuando conocí al Chapo está disponible en Netflix.

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