Críticas

La tragedia de El Hombre de Acero, en cifras

El Hombre de Acero asciende

No soporté Superman, Man of Steel.

Abandoné la sala impactado por lo que había visto, aunque no en un sentido positivo, precisamente. Aunque aburrido, también aliviado de que aquella tortura de 145 minutos hubiera cesado. Pero quizás el sentimiento más poderoso que El Hombre de Acero me produjo fue la vergüenza. La vergüenza del padre irresponsable que había sometido a su hijo de 9 años a tan espantoso e inhumano espectáculo. Y justo para celebrar el día del padre.

La culpa del padre

Dos semanas antes habíamos visto la tercera entrega de Iron Man. Estuve algo incómodo todo el tiempo, sintiéndome también irresponsable porque se trataba de una película para mayores de 14 años.

A diferencia de El Hombre de Acero, a la que llevé a mi hijo completamente confiado en el tradicional espíritu de Boy Scout con súper poderes de Superman y en la proverbial timidez y torpeza de Clark Kent, Tony Stark se me antoja un modelo impropio para los niños: sibarita, arrogante, derrochador, ególatra, mujeriego, frívolo, un tanto irresponsable, desordenado…

Resultó todo lo contrario. Todos disfrutamos Iron Man, mientras que con El Hombre de Acero…

Nolan no lo salva

El Hombre de Acero, insensible antre la tragedia colectiva

El Hombre de Acero, insensible antre la tragedia colectiva

Por mi parte confiaba en que la participación de Christopher Nolan hiciera por Superman lo que había hecho por Batman. Pensaba encontrarme con un Superman (entretenidamente) existencialista. Con una reflexión y una actualización de su eterno conflicto entre el bien colectivo y el bien individual. Bueno, así nos la habían vendido. Pero en realidad nos topamos con un genocida venido de otro mundo. Con un monstruo.

Acaso sea la visión de Zack Snyder. Snyder es un extraordinario director técnico, pero a estas alturas me parece que carece por completo de sensibilidad. Sus cintas son espectáculos visuales pero que no logran conectar con el espectador en un plano emocional.

Su Hombre de Acero es básicamente un Superman militarista (¿cuándo abandonará Hollywood su etapa militarista post-11/9) en versión Transformers, sin la sensibilidad de Michael Bay. Sí, leyeron bien: sin la sensibilidad de Bay como director. Salvo por su remake de Dawn of the Dead, el resto de las cintas de Snyder son meras ilustraciones, meras puestas en movimiento, de algún cómic. 300 resultó ilustrativo, con una absoluta carencia de sentido dramático. O The Watchmen, cuya mala interpretación de la novela gráfica llevó a Alan Moore a retirar su nombre de los créditos de la cinta.

Su interpretación y actualización de Superman también es errónea. Garrafal, monumentalmente equivocada. Ese intenso tercer acto esa larga, insoportable banalización de la tragedia del 11/9 que ha llevado a más de uno a abandonar la sala antes de que se acabe la proyección, es acaso la prueba más evidente de la falta de sensibilidad de Snyder. Su Hombre de Acero no evita tragedias, las ocasiona.

Las víctimas de Superman, una cifra

La publicación Buzzfeed contrató a la consultora Kinetics Analysis Corporation para evaluar de los daños económicos y civiles que arrojaría el enfrentamiento entre Superman y Zod en el tercer acto de la cinta. Los resultados serían aterradores. Para empezar, el impacto sería similar al estallido de la bomba atómica de Nagasaki, sin la radiación y los efectos termales.

  • Víctimas fatales contabilizadas: 129 mil
  • Desaparecidos: 250 mil
  • Heridos: alrededor de un millón
  • Costo de los daños en infraestructura: 750 millardos de dólares
  • Impacto económico general a largo plazo: 2 billones de dólares

Puestos a comparar, el ataque al World Trade Center ocasionó daños por 55 millardos de dólares y un impacto económico a largo plazo de 123 millardos; mientras que la batalla de Los Vengadores en Manhattan habría arrojado pérdidas materiales equivalentes a 160 millardos de haber ocurrido en la realidad.

Y todo, sin contar las víctimas y las pérdidas materiales consecuencia de la batalla en Smallville.

Me queda la sensación de que en El Hombre de Acero está todo mal. Muy mal. No sé si es porque me estoy haciendo viejo, pero creo que nunca me había sentido así con una película que debía ser un simple, inocente entretenimiento.

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