¿El verdadero significado de Mother!?

¿Han visto Mother!, de Darren Aronofsky? Se acaba el 2017 y arriba el tiempo en que todos comenzamos a hacer balances. Especialmente, sobre lo mejor y lo peor de un año horrible (si vives en Venezuela).

 

Jennifer Lawrence en Mother! (Paramount Pictures)

Jennifer Lawrence en Mother! (Paramount Pictures)

De modo pues que es hora de  hacer balances y no creo haber visto otra película que merezca más encabezar esta serie de artículos que Mother!, la extraña fábula de Darren Aronofsky que dejó perplejos y confundidos a críticos y espectadores por igual. No en vano, este fin de año, Mother! aparece en las listas de muchos críticos, pero como lo mejor y lo peor del año, al mismo tiempo.

Cualquier película que origina este tipo de reacciones extremas y malentendidos es muy probable que se haya adelantado a su tiempo. O que simplemente sea una obra artística llamada a perdurar en el tiempo, a ser reivindicada en un futuro no muy lejano. Oque está  destinada a devenir un film de culto con el paso de los años.

[amazon_link asins=’B075KYFW1M|B076HG44X5′ template=’ProductAd’ store=’blogacine0f-20|blogacine0d-21′ marketplace=’US|ES’ link_id=’4e0c9bcd-f85f-11e7-9550-c1284c204213′]

Porque si algo caracteriza a toda obra de arte es su polisemia. Y vaya si Mother! se carateriza por su multiplicidad de significados. El film de Aronofsky trabaja en tantos niveles que Richard Brody, uno de los críticos de The New Yorker, se vio obligado a dedicarle no una, sino dos de sus críticas.

Mother!, polisémica

Como Brody, mientras la veía yo también pensé estar viendo una metáfora sobre la creatividad (o la falta de), el poder destructivo de la fama en el milenio del narcisismo, y la frontera indiscernible entre la realidad, la ficción y el acto de creación, que avanzaba por medio de la trama intimista de la cotidianidad de un escritor (Javier Bardem) con bloqueo creativo y su joven, hermosa e insatisfecha esposa (Jennifer Lawrence). Todo eso, claro, antes de que en el tercer acto la historia diera ese vuelco surrealista, distópico, anárquico.

Yo recordaba vagamente haber leído en algún lado, unas declaracions de Aronofsky en las que mencionaba cierta relación de su historia con La Biblia, lo que se me hizo evidente en ciertos momentos, como la secuencia de Caín y Abel. O, sobre todo, en ese clímax surreal en que un grupo de fanáticos se toma el rito de la comunión de forma un tanto literal.

Mother! ¿Fábula sobre la Madre Tierra u Home Invasion Movie?

Pero al igual que a Brody, lo que me desconcertó luego, al menos momentáneamente, fueron las declaraciones del director de El Cisne Negro. Según Aronofsky, Mother! era una fábula sobre el cambio climático y los efectos nocivos de la acción humana sobre la Madre Tierra.

Según Brody, Aronofsky se equivoca en la visión de su propio film.

En «¡Madre!», Aronofsky hace maravillas con su inconsciente cinemático, aprovechando su furia y confusión para crear una película que, mientras despega de una árida alegoría bíblica, es de hecho un drama literal de relaciones personales en un mundo de artistas de mediana edad y mujeres más jóvenes, similar al que viene trabajando durante décadas.

En la película, es la voluntad del escritor, el esfuerzo por salir de una vida ordinaria a través de la fuerza de su creación artística, lo que establece la historia, y el mundo cinematográfico de Aronofsky, en un movimiento grotesco y fascinante.

Afortunadamente, la película que hizo es mucho más interesante de la que cree que hizo.

Godard: el autor no sabe nada

Puede que de entrada resulte difícil digerir que un autor no sea capaz de saber qué clase de obra hizo. Pero la verdad es que es más común de lo que suele pensarse. De hecho, esa es la verdadera razón de la existencia de la crítica.

En este sentido, Brody cita una conversación que tuvo en cierta ocasión con Jean-Luc Goddard:

Lo que los directores -especialmente los buenos- ponen en sus películas es diferente de lo que sale de la visión de esas películas (…)

Un gran director que entiende esto es Jean-Luc Godard, quien discutió el asunto conmigo cuando lo entrevisté en 2000. Estábamos hablando de «La Chinoise», su drama de 1967 sobre una célula de jóvenes maoístas en París y su inclinaciones hacia la violencia política, que, pensé, filmó con un grado significativo de distancia crítica.

Él estuvo de acuerdo, pero dijo que, en el momento de la filmación, su perspectiva crítica era «inconsciente», y agregó: «Mi inconsciente tenía razón, pero es el cine el que tenía razón, lo que era más o menos correcto. Lo que la gente dice al respecto no es necesariamente correcto; a menudo lo que el autor dice es aún menos correcto, porque el autor es lo que hace, no lo que dice».

La Chinoise, de Jean-Luc Goddard

Autobiografía accidental

Quizás sea esta suerte de ceguera creativa de todo artistas lo que al final engendra obras extremas, polarizantes y de luminosa ambigüedad, que se prestan a toda suerte de interpretaciones, equívocos y polémicas.

Creo sin embargo, que la conclusión de Brody tampoco es del todo correcta, puesto que Mother!, dada su polisemia, también responde a la interpretación de Aronofsky.

Acaso no sea tan evidente como los rasgos autobiográficos de la trama (porque como dice Robert McKee: en el encuadre de un film, no hay lugar donde su autor pueda esconderse) o la parábola bíblica; pero la idea de una metáfora de un apocalipsis ambiental, provocado por el fanatismo religioso y con funesta consecuencias sociales también está presente en Mother!

La verdad es que no existe un verdadero (o un falso) significado de esta película. Es más: no existe un significado unívoco del film. Ni hay una forma de interpretarlo correcta o incorrectamente. Tampoco hay manera de enmarcarlo dentro de un género específico, pues muta según transcurre el metraje. Comienza como un drama intimista. Pronto se transforma en una invasion movie. Y desemboca en un sátira surreal, una alegoría ecológica y social.

Como una buena obra de arte, Mother! se presta a toda suerte de lecturas.

Y eso la hace perdurable.

¿De acuerdo? ¿En desacuerdo? ¿Tienes algo que agregar? ¿Te gustó Mother!? ¿Por qué? ¡Déjanos saber tu opinión a continuación en la sección de comentarios?

Anuncios

Acerca de la corrupción en el cine (I)

El cine, a lo largo de su historia, no ha hecho otra cosa que volver, una y otra vez, sobre el tema de la corrupción.

La corrupción del individuo por el dinero, por el poder, la fama e, incluso, por el amor. O la corrupción de todo un sistema político, económico o judicial. Sería imposible enumerar aquí todas las películas que tratan el tema, pues casi todas, de una forma u otra, lo hacen. En toda trama, siempre hay un personaje corrompido. O en vías de corromperse. Quizás la historia misma es la de un héroe que lucha contra las fuerzas de la corrupción. O contra la tentación de corromperse.

La corrupción según Scorsese y Stone

Hemos visto de todo: policías corruptos (o policías honestos que enfrentados a sistemas policiales corruptos, como en Oliver Stone y Martin Scorsese, a lo largo de su obra, han vuelto una y otra vez obsesivamente, sobre el tema. En Wall Street (1 y 2), Natural Born Killers, JFK, Pelotón o Un domingo cualquiera son retratos de la corrupción financiera, mediática, política, militar y hasta deportiva.

Scorsese, por su parte, ha creado tres obras ineludibles sobre el nacimiento, el auge y la caída de personajes enfrentados a su propia corrupción. Toro Salvaje, Goodfellas y Casino conforman una trilogía que reflexiona sobre las secuelas de la corrupción en el individuo, valiéndose de una idéntica estructura dramática apoyada en el tema de la redención. En las tres películas, tres personajes sucumben a la corrupción —por ambición, por amor fraternal y por amor a secas— cuando se les otorgan poderes y responsabilidades para las que no estaban preparados.

Jake LaMotta (Robert de Niro), reconciliado consigo mismo, en Toro Salvaje
Jake LaMotta (Robert de Niro), reconciliado consigo mismo, en Toro Salvaje

Cine documental, anomia corrupción

El cine documental tampoco ha sido ajeno a la temática, desde luego. La Corporación, de Mark Achbar y Jennifer Abbott, y Enron: The Smartest Guys in the Room, de Alex Gibney, examinan con precisión científica sistemas o asociaciones (en este caso, empresas) construidos sobre el concepto de la corrupción. Ambos documentales describen las relaciones humanas dentro de un contexto de anomia o de ausencia de reglas o leyes.

Y creo que vale la pena citar un buen trozo del artículo sobre la anomia en la Wikipedia:

La anomia es la falta de normas o incapacidad de la estructura social de proveer a ciertos individuos lo necesario para lograr las metas de la sociedad. Se supone que la anomia es un colapso de gobernabilidad por no poder controlar esta emergente situación de alienación experimentada por un individuo o una subcultura, hecho que provoca una situación desorganizada que resulta en un comportamiento no social. El término fue introducido por Émile Durkheim (La división del trabajo social y El suicidio) y Robert K. Merton (Teoría social y estructura social); este último formuló las leyes que, al incumplirse, conducían a la anomia:

Los fines culturales como deseos y esperanzas de los miembros de la sociedad.

Unas normas que determinen los medios que permitan a las gentes acceder a esos fines.

El reparto de estos medios.

La anomia es en este caso una disociación entre los objetivos culturales y el acceso de ciertos sectores a los medios necesarios. La relación entre los medios y los fines se debilitan. El concepto de anomia está vinculado a otros como el control social y la desviación. Pero la anomia se debe al actuar de un agente social manifiesto en ausencia de normas en relación con el éxito en un rol dentro del sistema.

La regulación moral correspondiente -codificada en normas sociales- queda obsoleta en la función de favorecer la solidaridad orgánica, por lo que se produce una desinstitucionalización por falta de los referidos valores normativos, en un abanico que va desde los usos y costumbres al extremo más grave de la falta de igualdad de oportunidades sociales para avanzar al siguiente escalón de nuevos bienes culturales, religiosos o societarios del progresivo estadio de desarrollo.

Anomia y corrupción

En un sistema —empresa, organización, institución o gremio— dominado por la anomia, la corrupción es el estado natural de las cosas. Y para alcanzar los objetivos, se utilizan métodos que fuera de ese sistema, serían legal y moralmente condenables. Extorsión, difamación, soborno, tráfico de influencias. Como bien lo demuestra Gibney en Enron, dentro de un sistema anómico, los personajes se encogen de hombros cuando se señalan los casos de corrupción. «¡Bah, eso no es nada!» La responsabilidad se diluye en el conjunto. «¡Pero si todos los hacen!».

Las relaciones humanas son utilitarias y no hay lugar para la piedad (como en la escalofriante secuencia de los incendios). El edificio se sostiene gracias al silencio y desprestigio de la disidencia, a la red de complicidades, a la culpa compartida y al ejercicio del chantaje: «o te callas y te adaptas o no permitiremos que consigas tus objetivos, no cobrarás el bono, no obtendrás tus beneficios».

Aunque no importa si te callas o te adaptas. Dentro de un sistema anómico se vive siempre en estado perpetuo de frustración. Nunca se alcanzan plenamente los objetivos. Nunca se cumplen las metas,. Siempre hay una promesa futura. Nunca es suficiente. Siempre se querrá más. Más poder. Dinero. Sexo. Fama.

Henry Hill (Ray Liotta), redimido en GoodFellas después de una vida corrupción
Henry Hill (Ray Liotta), redimido en GoodFellas después de una vida corrupción

Documentales, corrupción y alienación

Pero como también demuestran ambos documentales, la anomia conduce a la alienación. Los sistemas y los individuos que los integran, al aislarse del resto de la sociedad y sus normas, se creen intocables y se colocan al margen de la ley y de las normas sociales.

Un sistema erigido sobre la ausencia de normas sociales está condenado a colapsar bajo el peso de las complicidades.

Es entonces cuando el tinglado suele implosiona. Un sistema erigido sobre la ausencia de normas sociales está condenado a colapsar bajo el peso de las complicidades.

Y, como el posterior colapso de todo el sistema financiero estadounidense ha demostrado, basta un pequeño error de algún involucrado —usualmente, provocado por la imprudencia propia del alienado, del soberbio—, para que todo se venga abajo en un terrible efecto dominó. Ese colapso es materia prima de un documental más reciente, Inside Job, de Charles Ferguson, nominado al Oscar pero que aún no hemos visto.

La recompensa del héroe redimido

Por otra parte, el cine también nos ha enseñado que también existen recompensas para el héroe íntegro que se enfrenta a los sistemas atómicos. Para los disidentes que no callan. Los rebeldes que no se adaptan. Para quienes atraviesan el infierno de la corrupción. Puede que no sean recompensas tan gratificantes o deliciosas. Poder, fama, dinero. No son recompensas externas. O sociales. Sino internas. La redención.

Frank Serpico, condecorado, deja la policía y la ciudad
Frank Serpico, condecorado, deja la policía y la ciudad

Después de sufrir las consecuencias de denunciar la corrupción policial y de ser condecorado por su valentía, el oficial Frank Serpico, deja su trabajo y, con una bolsa como todo equipaje y un perro por toda compañía, deja la ciudad.

Al final de Toro Salvaje, Jake LaMotta luce la obesidad del que está en paz consigo mismo y ensaya frente al espejo una parodia del personaje que fue. En el epílogo de Casino, Sam ‘Ace’ Rothstein, saca cuentas en una pequeña calculadora en un oscuro garito de apuestas. Ha vuelto a ser él mismo y ha regresado al lugar en el que fue feliz y del que nunca debió salir.

En Goodfellas, justo antes de que Scorsese haga un extraño homenaje al final de El Gran Asalto al Tren de Porter, el protagonista, Henry Hill recoge su periódico en un anónimo suburbio. Ha perdido sus privilegios y es un don nadie.

Y esa es su recompensa: volver a ser fiel a sí mismo, recuperar la integridad como ser humano que alguna vez dejó corromper. Puede levantar la mirada y ver a los espectadores a la cara. Ha sido redimido.

Y esa es su recompensa.

Bajas pasiones en el cine, la envidia: Gangster No. 1

De todas las pasiones, de las bajas pasiones, la que menos entiendo, la que más me fascina y me desconcierta, la que más incómodo me pone, es la envidia. Me da la impresión de que es incluso la más difícil de ocultar y la que más vergüenza ajena despierta. Es tan arrolladora, irracional y primitiva que lleva al envidioso a cometer las más terribles barbaridades y disparates en público, a decir sin querer los peores insultos, a causar daño sin remordimiento. Digo sin remordimiento, pero no sé. Siempre me ha intrigado saber qué piensa un envidioso de sus peores actos cuando se encuentra a solas y reflexiona sobre su conducta. (más…)

Caldigit AV Drive, el poder del USB 3.0 [una reseña]

Caldigit AV Drive y CalDigit SuperSpeed ExpressCard para Laptop

Caldigit AV Drive y CalDigit SuperSpeed ExpressCard para Laptop

Semanas atrás, la gente de Caldigit nos envió su nuevo disco duro externo Caldigit AV Drive para hacer pruebas y reseñarlo.

Para empezar, nos intrigaba qué de nuevo podía tener un disco duro. La respuesta concreta es… USB 3.0. Pero vayamos por partes.

La unidad que probamos es un disco duro externo, de tamaño, peso y aspecto similares a las de otros de su tipo, con carcaza de aluminio, con una capacidad de 1 Terabyte y con interfaz triple: Firewire 800 y el ya mencionado USB 3.0 (compatible con USB 2.0). Pero aunque en su aspecto resulte similar a otros discos externos, en su funcionamiento no es del todo idéntico.

La primera sorpresa ocurre al momento mismo de su conexión. Un asistente se dispara y después de detectar nuestra máquina y nuestro sistema operativo, nos guía por el proceso de formateado. Un bonito detalle, que nos ahorra la incertidumbre inicial de si estaremos dándole el formato correcto al disco que recién acabamos de sacar de la caja.

En la descripción del disco, Caldigit afirma que su AV Drive ha sido optimizado para el uso intensivo propio del trabajo con audio y video. Y en las semanas pasadas, justamente, lo hemos usado intensivamente en la edición de un demo de nuestro último trabajo. No hemos notado calentamiento excesivo o preocupante. Lo que notamos es lo silencioso que es. También en la descripción de su producto, Caldigit afirma que su puerto Firewire 800 es un 30% más rápido y que permite transferencias de hasta 145 Mbs/seg.

Hicimos algunas pruebas, comparándolo con otro disco externo con Firewire 800 y en algunos ocasiones, el Caldigit AV Drive resultó un tanto más rápido. Pero hay que aclarar que necesitaríamos hacer tests más rigurosos, con algún experto en la materia, para poder ser concluyentes al respecto. En todo caso, no sabemos hasta que punto una rapidez de un 30% pueda ser lo suficientemente apreciable.

Lo que sí es apreciable, sorprendentemente apreciable, es la rapidez del USB 3.0: diez veces más rápido que su antecesor, el USB 2.0. La nueva conexión USB 3.0 es capaz de mover hasta 5 Gbs/seg. Sí, leyeron bien: cinco gigabytes por segundo. Hicimos una prueba con una laptop equipada con una tarjeta 3.0 y, aunque la tarjeta no permitía alcanzar el techo de transferencia (apenas llegaba a la mitad), aún y así, dos y medio gigas por segundo resulta una velocidad pasmosa.

Ahora bien, quizás lo mejor del disco sea su lado negativo. Al menos, por ahora. A diferencia del mundo de la PC y Windows, en el universo Apple no existen máquinas equipadas con USB 3.0. Y la culpa es de Intel y Apple, que apuestan por otra tecnología de transferencia basada en la fibra óptica, el Light Peak, que en teoría permitiría la transferencia de datos a velocidad de la luz. También es verdad que el Light Peak es aún una promesa en desarrollo y que el USB 3.0 es una realidad. Una solución inmediata, para quienes posean equipos con capacidad de expansión, acaso sea la adquisición de una tarjeta PCI Express, como la SuperSpeed o la SuperSpeed ExpressCard de la misma gente de Caldigit.

En conclusión, el disco duro externo Caldigit AV Drive destaca por su tamaño, su eficiencia energética —otra de sus características es el ahorro energético: su «duerme» con la computadora— y el silencio de sus componentes móviles. Por su robusta construcción y su tamaño conveniente. No obstante, su mayor fortaleza es su conexión USB 3.0, a la que los usuarios de PC y Window le sacarán el máximo provecho de forma inmediata, mientras que los leales usuarios de Apple tendrán que ingeniárselas para exprimir sus ventajas.

Edición y atención humana, ¿la fórmula matemática del éxito de las películas de Hollywood?

Gráfico con la fluctuación de la longitud de planos de tres películas de diferentes décadas

Gráfico de la fluctuación de la longitud de planos de tres películas

El profesor de psicología e investigador de la Universidad de Cornell (Ithaca, New York), James Cutting (curiosamente, el apellido combina con su investigación), al frente de un equipo de investigadores, han descubierto que la longitud o duración de los planos de las películas modernas, especialmente del género de acción, responden al mismo patrón matemático que describe la fluctuación en la capacidad de atención humana; así como otros fenómenos naturales como las inundaciones anuales del Nilo (según las descripciones del teórico del caos, Benoit Mandelbrot), las turbulencias aéreas o ciertos patrones musicales.

El patrón matemático fue diseñado por científicos de la Universidad de Texas a princiios de los 90, quienes estudiaron las fluctuaciones de la atención de sujetos que realizaron cientos de tareas. Los investigadores convirtieron entonces los resultados en forma de ondas por medio de la ecuación matemática de Fourier.

Cutting midió la duración o longitud de cada plano de un total de 150 películas taquilleras, estrenadas entre 1935 y 2005 y de varios géneros. Luego convirtió los resultados en ondas por cada película.

Lo que descubrió es que las fluctuaciones de la longitud de los planos se ha ido acercando en nuestros días al patrón conocido como Pink Noise (Ruido Rosa) o, lo que es lo mismo, la fluctuación 1/f. Según esto, la magnitud de las ondas se incrementa en la misma medida en que su frecuencia se reduce, con lo que los períodos de atención (y en este caso, la duración de los planos de las películas modernas) se suceden en intervalos regulares en el tiempo (o a lo largo de un film).

En cristiano: que la duración de los planos de una película, actualmente tienen a fluctuar en intervalos regulares, de la misma forma que la capacidad de atención de los espectadores.

Estos resultados sugieren que progresivamente, las estructuras de las películas de Hollywood se han organizado en paquetes de planos de longitudes similares. Por ejemplo, las secuencias de acción se agrupan en paquetes de planos relativamente cortos; mientras que las secuencias de diálogo (con un montaje alternativo de planos y contraplanos centrados en los interlocutores) tienen a ser agrupaciones de planos largos o de mayor duración. De esta forma, los editores y directores han incrementado gradualmente su control sobre el momentum visual de su narrativa, haciendo que las relaciones entre la longitud de sus planos sea más coherente a lo largo de un período de 70 años.

Cutting estima que obedecer el patrón matemático 1/f, hace que las películas «resuenen con el mismo ritmo de la atención humana», lo que las hace más emocionante. Su hipótesis es que las películas editadas de esta forma, tienden a tener más éxito, y sus estilos de rodaje y edición, a ser más copiados. El mismo patrón puede ser encontrado en fenómenos físicos, biológicos, culturales y mentales. Para él, esta evolución se ha dado de forma espontánea y natural, no intencional.

En su estudio, el profesor asegura que ciertos films noir (Detour, 1945; Mildred Pierce, 1945; Asphalt Jungle, 1950; Sunset Boulevard, 1950) no responden a la Ley 1/f, lo que sugiere que no siguen un patrón matemático en las relaciones de longitud de sus planos; mientras que algunas exitosas películas de Hitchcock (The 39 Steps, 1935; ForeignCorrespondent, 1940; Rebecca, 1940; Spellbound, 1945; TheTrouble with Harry, 1955; y To Catch a Thief, 1955) sugieren lo contrario.

En cuanto a los géneros, el de acción es el que más se acerca al patrón 1/f, seguido por los géneros de aventura, de animación, de comedia y drama. Sin embargo, algunas exitosas cintas estudiadas que no pertenecen al género de acción, también mostraron un patrón cercano a 1/f: The Perfect Storm, aventura; Pretty Woman, comedia; Rebel Without a Cause, drama; Cenicienta, animación y The 39 Steps, drama.

Como dato curioso, la media de planos de las películas estudiadas es de 1.132. De la muestra del estudio, la cinta con menos planos es Seven Year Itch (231) y la de mayor cantidad es King Kong (la versión reciente de Peter Jackson) con 3 mil 99.

En resumen, el estudio de Cutting sugiere que, en el futuro, los editores y cineastas deberían conscientemente editar sus películas tratando de seguir el patrón 1/f para lograr una mayor empatía con el público y capturar de una forma más efectiva su atención.

Resumen de la investigación | Descargar .PDF

Vía | Koktte

Pin It on Pinterest