Acerca de la corrupción en el cine (I)

Sam 'Ace' Rothstein (Robert de Niro), iluminado por el poder en Casino

Sam 'Ace' Rothstein (Robert de Niro), iluminado por el poder en Casino

El cine, a lo largo de su historia, no ha hecho otra cosa que volver, una y otra vez, sobre el tema de la corrupción. La corrupción del individuo por el dinero, por el poder, la fama e, incluso, por el amor. O la corrupción de todo un sistema político, económico o judicial. Sería imposible enumerar aquí todas las películas que tratan el tema, pues casi todas, de una forma u otra, lo hacen. En toda trama, siempre hay un personaje corrompido. O en vías de corromperse. Quizás la historia misma es la de un héroe que lucha contra las fuerzas de la corrupción o contra la tentación de corromperse.

Hemos visto de todo: policías corruptos (o policías honestos que enfrentados a sistemas policiales corruptos, como en Serpico, de Sidney Lumet); banqueros, alcalde, sheriffs, divas y sindicalistas. Oliver Stone y Martin Scorsese, a lo largo de su obra, han vuelto una y otra vez obsesivamente, sobre el tema de las fuerzas de la corrupción. En Wall Street (1 y 2), Natural Born Killers, JFK, Pelotón o Un domingo cualquiera son retratos de la corrupción financiera, mediática, política, militar y hasta deportiva.

Scorsese, por su parte, ha creado tres obras ineludibles sobre el nacimiento, el auge y la caída de personajes enfrentados a su propia corrupción. Toro Salvaje, Goodfellas y Casino conforman una trilogía que reflexiona sobre las secuelas de la corrupción en el individuo, valiéndose de una idéntica estructura dramática apoyada en el tema de la redención. En las tres películas, tres personajes sucumben a la corrupción —por ambición, por amor fraternal y por amor a secas— cuando se les otorgan poderes y responsabilidades para las que no estaban preparados.

Jake LaMotta (Robert de Niro), reconciliado consigo mismo, en Toro Salvaje

Jake LaMotta (Robert de Niro), reconciliado consigo mismo, en Toro Salvaje

El cine documental tampoco ha sido ajeno a la temática, desde luego. La Corporación, de Mark Achbar y Jennifer Abbott, y Enron: The Smartest Guys in the Room, de Alex Gibney, examinan con precisión científica sistemas o asociaciones (en este caso, empresas) construidos sobre el concepto de la corrupción. Ambos documentales describen las relaciones humanas dentro de un contexto de anomia o de ausencia de reglas o leyes. Y creo que vale la pena citar un buen trozo del artículo sobre la anomia en la Wikipedia:

La anomia es la falta de normas o incapacidad de la estructura social de proveer a ciertos individuos lo necesario para lograr las metas de la sociedad. Se supone que la anomia es un colapso de gobernabilidad por no poder controlar esta emergente situación de alienación experimentada por un individuo o una subcultura, hecho que provoca una situación desorganizada que resulta en un comportamiento no social. El término fue introducido por Émile Durkheim (La división del trabajo social y El suicidio) y Robert K. Merton (Teoría social y estructura social); este último formuló las leyes que, al incumplirse, conducían a la anomia:

  • Los fines culturales como deseos y esperanzas de los miembros de la sociedad.
  • Unas normas que determinen los medios que permitan a las gentes acceder a esos fines.
  • El reparto de estos medios.

La anomia es en este caso una disociación entre los objetivos culturales y el acceso de ciertos sectores a los medios necesarios. La relación entre los medios y los fines se debilitan. El concepto de anomia está vinculado a otros como el control social y la desviación. Pero la anomia se debe al actuar de un agente social manifiesto en ausencia de normas en relación con el éxito en un rol dentro del sistema.

La regulación moral correspondiente -codificada en normas sociales- queda obsoleta en la función de favorecer la solidaridad orgánica, por lo que se produce una desinstitucionalización por falta de los referidos valores normativos, en un abanico que va desde los usos y costumbres al extremo más grave de la falta de igualdad de oportunidades sociales para avanzar al siguiente escalón de nuevos bienes culturales, religiosos o societarios del progresivo estadio de desarrollo.

En un sistema —empresa, organización, institución o gremio— dominado por la anomia, la corrupción es el estado natural de las cosas y para alcanzar los objetivos, se utilizan métodos que fuera de ese sistema, serían legal y moralmente condenables: extorsión, difamación, soborno, tráfico de influencias. Como bien lo demuestra Gibney en Enron, dentro de un sistema anómico, los personajes se encogen de hombros cuando se señalan los casos de corrupción: “¡bah, eso no es nada!” La responsabilidad se diluye en el conjunto: “¡pero si todos los hacen!”.

Las relaciones humanas son utilitarias y no hay lugar para la piedad (como en la escalofriante secuencia de los incendios). El edificio se sostiene gracias al silencio y desprestigio de la disidencia, a la red de complicidades, a la culpa compartida y al ejercicio del chantaje: “o te callas y te adaptas o no permitiremos que consigas tus objetivos, no cobrarás el bono, no obtendrás tus beneficios”.

Aunque no importa si te callas o te adaptas. Dentro de un sistema anómico se vive siempre en estado perpetuo de frustración: nunca se alcanzan plenamente los objetivos, nunca se cumplen las metas, siempre hay una promesa futura, nunca es suficiente, siempre se querrá más. Más poder, dinero, sexo, fama.

Henry Hill (Ray Liotta), redimido en GoodFellas

Henry Hill (Ray Liotta), redimido y anónimo en GoodFellas

Pero como también demuestran ambos documentales, la anomia conduce a la alienación. Los sistemas y los individuos que los integran, al aislarse del resto de la sociedad y sus normas, se creen intocables y se colocan al margen de la ley y de las normas sociales. Y es entonces cuando el tinglado suele implosiona. Un sistema erigido sobre la ausencia de normas sociales está condenado a colapsar bajo el peso de las complicidades. Y, como el posterior colapso de todo el sistema financiero estadounidense ha demostrado, basta un pequeño error de algún involucrado —usualmente, provocado por la imprudencia propia del alienado, del soberbio—, para que todo se venga abajo en un terrible efecto dominó (ese colapso es materia prima de un documental más reciente, Inside Job, de Charles Ferguson, nominado al Oscar pero que aún no hemos visto.

Por otra parte, el cine también nos ha enseñado que también existen recompensas para el héroe íntegro que se enfrenta a los sistemas anómicos, para los disidentes que no callan, los rebeldes que no se adaptan, y para quienes atraviesan el infierno de la corrupción. Puede que no sean recompensas tan gratificantes o deliciosas. Poder, fama, dinero. No son recompensas externas, o sociales; sino internas: la redención.

Frank Serpico, condecorado, deja la policía y la ciudad

Frank Serpico, condecorado, deja la policía y la ciudad

Después de sufrir las consecuencias de denunciar la corrupción policial y de ser condecorado por su valentía, el oficial Frank Serpico, deja su trabajo y, con una bolsa como todo equipaje y un perro por toda compañía, deja la ciudad. Al final de Toro Salvaje, Jake LaMotta luce la obesidad del que está en paz consigo mismo y ensaya frente al espejo una parodia del personaje que fue. En el epílogo de Casino, Sam ‘Ace’ Rothstein, saca cuentas en una pequeña calculadora en un oscuro garito de apuestas. Ha vuelto a ser él mismo y ha regresado al lugar en el que fue feliz y del que nunca debió salir.

En Goodfellas, justo antes de que Scorsese haga un extraño homenaje al final de El Gran Asalto al Tren de Porter, el protagonista, Henry Hill recoge su periódico en un anónimo suburbio. Ha perdido sus privilegios y es un don nadie. Y esa es su recompensa: volver a ser fiel a sí mismo, recuperar la integridad como ser humano que alguna vez dejó corromper. Puede levantar la mirada y ver a los espectadores a la cara. Ha sido redimido. Y esa es su recompensa.

Bajas pasiones en el cine, la envidia: Gangster No. 1

Imagen de previsualización de YouTube

De todas las pasiones, de las bajas pasiones, la que menos entiendo, la que más me fascina y me desconcierta, la que más incómodo me pone, es la envidia. Me da la impresión de que es incluso la más difícil de ocultar y la que más vergüenza ajena despierta. Es tan arrolladora, irracional y primitiva que lleva al envidioso a cometer las más terribles barbaridades y disparates en público, a decir sin querer los peores insultos, a causar daño sin remordimiento. Digo sin remordimiento, pero no sé. Siempre me ha intrigado saber qué piensa un envidioso de sus peores actos cuando se encuentra a solas y reflexiona sobre sus actos.

Gangster No. 1

Gangster No. 1

Puede parecer extraño, pero he sido testigo de incontables episodios de envidia. Les juro que he visto gente enverdecer (¿o sería más apropiado decir ‘reverdecer’?) de envidia. No es un dicho, no es una metáfora: de verdad vi a una persona ponerse, literalmente, verde de la envidia. Sí, la envidia es verde. Pero no del verde tipo viejecilla de Habana Eva. No, la envidia es de un tono de verde bilial. Verde bilioso. Verde-bilis —a pesar de que el filósofo español, el recordado Carlos Gurméndez, en su Tratado de las Pasiones, insista en que la envidia no es verde, sino amarilla. Sí, estos ojos que se han de comer los gusanos, vieron cómo la piel de aquella persona fue adquiriendo un tono verde-bilis, como si la vesícula no le funcionara bien.

He visto cómo competidores, traicionados por la envidia y la derrota, rompen la copa del ganador. He visto gente gastarse lo que no tiene —y más— para equipararse y superar al vecino envidiado. He visto algunos envidiar a sus parejas y hacer todo lo posible por arruinarle la vida; aunque ello signifique arruinarse la propia. He sabido de sacerdotes católicos, santos hombres de Dios, envidiosos del éxito de sus colegas. E, incluso, llegué a conocer un raro tipo de envidioso, un envidioso consciente de su propia envidia y que llegó a extremos de confesárselo al envidiado:

Chico, ¿sabes lo que pasa? Lo que pasa es que yo te envidio. Te envidio, c… ¡Te envidio! ¡Y quiero que lo sepas para que te duela! ¡no es amistad: es ENVIDIA!

Karen

Karen (Saffron Burrows)

O algo por el estilo. Sí, yo sé que es raro. Es tan raro que quise poner esa escena en un guión y mi coguionista de entonces la eliminó, por inverosímil. Usualmente, el envidioso trata de disimular, patéticamente, su envidia, no la proclama a los cuatro vientos —llamémosla ‘envidia estentórea’. Y mucho menos, se lo hace saber al envidiado. Porque se arriesgaría a perderlo. Y el envidioso no puede permitirse perder al envidiado. El envidioso es un ser incompleto que necesita del envidiado para sentirse completo. Vive en función de lo que le falta y que sólo el otro puede suplir. Sin embargo, es un deseo condenado a la insatisfacción. Porque el envidioso no envidia lo que tiene el envidiado. O quizás envidia lo que no puede tener: envidia lo que el otro es. Ya que nadie puede ser el otro, por mucho que se esfuerce. Puede que a veces lo logre, pero sólo momentáneamente.

De modo pues que ya no sé si la fascinación con la envidia es consecuencia de haber conocido o tratado tantos envidiosos; o si la fascionación me ha llevado a conocerlos, a ser testigo de sus manifestaciones. Ojo: no estoy diciendo que sea un envidiado. No. Simplemente, quiero decir que he podido ver manifestaciones de envidia con bastante regularidad.

Paul Bettany

Paul Bettany, el nuevo Malcolm McDowell

No creo que sea debido a mi carrera. Tampoco creo que los que se dedican a las artes, los artistas, sean más propensos a la envidia. En realidad somos envidiosos en tanto que humanos. Y todos sentimos envidia de una u otra forma, en una u otra medida. Nadie es inmune. Todos, independientemente de sus profesiones, podemos llegar a ser víctimas de tan negativa pasión. A pesar de que exista eso que llaman “sana envidia” —mentira: no hay nada sano, no puedo haberlo, en tan devastador sentimiento—. Lo mismo da que seas actriz, director, escritor, peluquero, miss o bombero. O un vulgar pandillero, un gangster. Como el gangster que interpretan Malcolm McDowell y Paul Bettany en Gangster No. 1, de Paul McGuigan.

Nota: a partir de aquí puede que se revelen detalles importantes de la trama de la cinta, así que recomendamos verla primero y leer después…

Feddie Mays

Feddie Mays (David Thewlis)

Hace días, fui testigo de otro episodio de envidia que me recordó esta película de hace una década. Se trata de una historia que explora la envidia en un un contexto sin ley donde debe privar el honor y la lealtad (¿fue Bob Dylan quien dijo que se necesita de mucho honor para vivir al margen de la ley?) para contener la brutalidad. Después de un breve discurso introductorio a cargo del innombrado gangster del título, donde nos hace aclara que idiota no es, el film se inicia con una noticia que le cae fatal: Freddie Mays (David Thewlis) acaba de salir de prisión. en el rostro del Gangster No. 55 se dibuja el inicio del fin. Por muchos años había podido ser otro, mientras Mays estuvo en prisión, había podido ser otro. La ausencia de Mays le había permitido ser el otro. Pero esto sólo lo sabremos luego, porque al fin y al cabo hemos venido a ver una película de gangsters, no de envidiosos.

Gangster No. 55

Gangster No. 55 (Malcom McDowell)

De allí en adelante, en sucesivos flashbacks, se nos cuenta la relación entre el capo Mays y su protegido, el Gangster 55, interpretado en su juventud por Paul Bettany (aquí uno no puede más que hacer notar su extraordinario parecido con el joven McDowell de A Clockwork Orange). Pronto sabremos que el Gangster 55 quiere ascender en el escalafón y llegar al puesto de su jefe, el gangster número 1, el distinguido y suave Freddie Mays.

Pero en un plano más profundo, lo que vemos es el desarrollo y ejecución de un plan movido única y exclusivamente no por la ambición, sino por la envidia. El Gangster 55 quiere ser tan distinguido y elegante como Mays. Sueña con tener una mujer como la suya, la espigada y delicada Karen (Saffron Burrows). El Gangster 55 quiere ser Mays. Ya no se trata de arrebatarle su puesto, sino de aniquilarlo, humillarlo, desmoralizarlo, pisotearlo para ubicarlo al nivel de su propia mezquindad y mediocridad. Al nivel de su brutalidad e irracionalidad.

Gangster No. 55. Brutal Bettany

Gangster No. 55. Brutal Bettany

Pero ya se sabe, lo que de uno, de uno es. Y nadie te lo puede arrebatar. De modo que todos los intentos del Gangster 55 estarán condenados al fracaso. Y esto lo sabemos casi que de antemano en la película. No hay forma de que aquel patán cabezón, sin escrúpulos y sin estilo, en que termina convertido el que fuera un apuesto Gangster 55, se convierta ni en la sombra de Freddy Mays. Todo lo contrario: sabemos que la destrucción del envidiado Mays significará su propio aniquilamiento.

Gangster No. 1 es un film brutal. Contiene una de las escenas más violentas de la historia del cine: aquella en la que el joven Gangster 55 se prepara para acometer un desmembramiento. No obstante, lo que lo hace único es la exploración de la envidia, esa baja pasión devastadora, como motor del mundo gangsteril. Y en este sentido, el clímax de la historia, el enfrentamiento entre Freddie Mays y el Gangster 55 es quizá una de los retratos más perfectos de la envidia en el cine:

Who’d wanna be Freddie Mays?

Otro film que trata en el cine la envidia es The Talented Mister Ripley, adaptación de Anthony Minghella de la escabrosa novela de Patricia Highsmith. Pero ya este post está muy largo y hace mucho que vi la película y leí la novela. Prometo una nueva entrega, más adelante.

Caldigit AV Drive, el poder del USB 3.0 [una reseña]

Caldigit AV Drive y CalDigit SuperSpeed ExpressCard para Laptop

Caldigit AV Drive y CalDigit SuperSpeed ExpressCard para Laptop

Semanas atrás, la gente de Caldigit nos envió su nuevo disco duro externo Caldigit AV Drive para hacer pruebas y reseñarlo.

Para empezar, nos intrigaba qué de nuevo podía tener un disco duro. La respuesta concreta es… USB 3.0. Pero vayamos por partes.

La unidad que probamos es un disco duro externo, de tamaño, peso y aspecto similares a las de otros de su tipo, con carcaza de aluminio, con una capacidad de 1 Terabyte y con interfaz triple: Firewire 800 y el ya mencionado USB 3.0 (compatible con USB 2.0). Pero aunque en su aspecto resulte similar a otros discos externos, en su funcionamiento no es del todo idéntico.

La primera sorpresa ocurre al momento mismo de su conexión. Un asistente se dispara y después de detectar nuestra máquina y nuestro sistema operativo, nos guía por el proceso de formateado. Un bonito detalle, que nos ahorra la incertidumbre inicial de si estaremos dándole el formato correcto al disco que recién acabamos de sacar de la caja.

En la descripción del disco, Caldigit afirma que su AV Drive ha sido optimizado para el uso intensivo propio del trabajo con audio y video. Y en las semanas pasadas, justamente, lo hemos usado intensivamente en la edición de un demo de nuestro último trabajo. No hemos notado calentamiento excesivo o preocupante. Lo que notamos es lo silencioso que es. También en la descripción de su producto, Caldigit afirma que su puerto Firewire 800 es un 30% más rápido y que permite transferencias de hasta 145 Mbs/seg.

Hicimos algunas pruebas, comparándolo con otro disco externo con Firewire 800 y en algunos ocasiones, el Caldigit AV Drive resultó un tanto más rápido. Pero hay que aclarar que necesitaríamos hacer tests más rigurosos, con algún experto en la materia, para poder ser concluyentes al respecto. En todo caso, no sabemos hasta que punto una rapidez de un 30% pueda ser lo suficientemente apreciable.

Lo que sí es apreciable, sorprendentemente apreciable, es la rapidez del USB 3.0: diez veces más rápido que su antecesor, el USB 2.0. La nueva conexión USB 3.0 es capaz de mover hasta 5 Gbs/seg. Sí, leyeron bien: cinco gigabytes por segundo. Hicimos una prueba con una laptop equipada con una tarjeta 3.0 y, aunque la tarjeta no permitía alcanzar el techo de transferencia (apenas llegaba a la mitad), aún y así, dos y medio gigas por segundo resulta una velocidad pasmosa.

Ahora bien, quizás lo mejor del disco sea su lado negativo. Al menos, por ahora. A diferencia del mundo de la PC y Windows, en el universo Apple no existen máquinas equipadas con USB 3.0. Y la culpa es de Intel y Apple, que apuestan por otra tecnología de transferencia basada en la fibra óptica, el Light Peak, que en teoría permitiría la transferencia de datos a velocidad de la luz. También es verdad que el Light Peak es aún una promesa en desarrollo y que el USB 3.0 es una realidad. Una solución inmediata, para quienes posean equipos con capacidad de expansión, acaso sea la adquisición de una tarjeta PCI Express, como la SuperSpeed o la SuperSpeed ExpressCard de la misma gente de Caldigit.

En conclusión, el disco duro externo Caldigit AV Drive destaca por su tamaño, su eficiencia energética —otra de sus características es el ahorro energético: su “duerme” con la computadora— y el silencio de sus componentes móviles. Por su robusta construcción y su tamaño conveniente. No obstante, su mayor fortaleza es su conexión USB 3.0, a la que los usuarios de PC y Window le sacarán el máximo provecho de forma inmediata, mientras que los leales usuarios de Apple tendrán que ingeniárselas para exprimir sus ventajas.

Edición y atención humana, ¿la fórmula matemática del éxito de las películas de Hollywood?

Gráfico con la fluctuación de la longitud de planos de tres películas de diferentes décadas

Gráfico de la fluctuación de la longitud de planos de tres películas

El profesor de psicología e investigador de la Universidad de Cornell (Ithaca, New York), James Cutting (curiosamente, el apellido combina con su investigación), al frente de un equipo de investigadores, han descubierto que la longitud o duración de los planos de las películas modernas, especialmente del género de acción, responden al mismo patrón matemático que describe la fluctuación en la capacidad de atención humana; así como otros fenómenos naturales como las inundaciones anuales del Nilo (según las descripciones del teórico del caos, Benoit Mandelbrot), las turbulencias aéreas o ciertos patrones musicales.

El patrón matemático fue diseñado por científicos de la Universidad de Texas a princiios de los 90, quienes estudiaron las fluctuaciones de la atención de sujetos que realizaron cientos de tareas. Los investigadores convirtieron entonces los resultados en forma de ondas por medio de la ecuación matemática de Fourier.

Cutting midió la duración o longitud de cada plano de un total de 150 películas taquilleras, estrenadas entre 1935 y 2005 y de varios géneros. Luego convirtió los resultados en ondas por cada película.

Lo que descubrió es que las fluctuaciones de la longitud de los planos se ha ido acercando en nuestros días al patrón conocido como Pink Noise (Ruido Rosa) o, lo que es lo mismo, la fluctuación 1/f. Según esto, la magnitud de las ondas se incrementa en la misma medida en que su frecuencia se reduce, con lo que los períodos de atención (y en este caso, la duración de los planos de las películas modernas) se suceden en intervalos regulares en el tiempo (o a lo largo de un film).

En cristiano: que la duración de los planos de una película, actualmente tienen a fluctuar en intervalos regulares, de la misma forma que la capacidad de atención de los espectadores.

Estos resultados sugieren que progresivamente, las estructuras de las películas de Hollywood se han organizado en paquetes de planos de longitudes similares. Por ejemplo, las secuencias de acción se agrupan en paquetes de planos relativamente cortos; mientras que las secuencias de diálogo (con un montaje alternativo de planos y contraplanos centrados en los interlocutores) tienen a ser agrupaciones de planos largos o de mayor duración. De esta forma, los editores y directores han incrementado gradualmente su control sobre el momentum visual de su narrativa, haciendo que las relaciones entre la longitud de sus planos sea más coherente a lo largo de un período de 70 años.

Cutting estima que obedecer el patrón matemático 1/f, hace que las películas “resuenen con el mismo ritmo de la atención humana”, lo que las hace más emocionante. Su hipótesis es que las películas editadas de esta forma, tienden a tener más éxito, y sus estilos de rodaje y edición, a ser más copiados. El mismo patrón puede ser encontrado en fenómenos físicos, biológicos, culturales y mentales. Para él, esta evolución se ha dado de forma espontánea y natural, no intencional.

En su estudio, el profesor asegura que ciertos films noir (Detour, 1945; Mildred Pierce, 1945; Asphalt Jungle, 1950; Sunset Boulevard, 1950) no responden a la Ley 1/f, lo que sugiere que no siguen un patrón matemático en las relaciones de longitud de sus planos; mientras que algunas exitosas películas de Hitchcock (The 39 Steps, 1935; ForeignCorrespondent, 1940; Rebecca, 1940; Spellbound, 1945; TheTrouble with Harry, 1955; y To Catch a Thief, 1955) sugieren lo contrario.

En cuanto a los géneros, el de acción es el que más se acerca al patrón 1/f, seguido por los géneros de aventura, de animación, de comedia y drama. Sin embargo, algunas exitosas cintas estudiadas que no pertenecen al género de acción, también mostraron un patrón cercano a 1/f: The Perfect Storm, aventura; Pretty Woman, comedia; Rebel Without a Cause, drama; Cenicienta, animación y The 39 Steps, drama.

Como dato curioso, la media de planos de las películas estudiadas es de 1.132. De la muestra del estudio, la cinta con menos planos es Seven Year Itch (231) y la de mayor cantidad es King Kong (la versión reciente de Peter Jackson) con 3 mil 99.

En resumen, el estudio de Cutting sugiere que, en el futuro, los editores y cineastas deberían conscientemente editar sus películas tratando de seguir el patrón 1/f para lograr una mayor empatía con el público y capturar de una forma más efectiva su atención.

Resumen de la investigación | Descargar .PDF

Vía | Koktte

Azul y naranja, los colores del nuevo cliché gráfico (y fotográfico)

Transformers, entre el naranja y el azul

Transformers, entre el naranja y el azul

O, en todo caso, la combinación de gamas y tonos entre el azul y el rojo o el amarillo.

Me explico. Días atrás, Juan Cruz Bacaro, diseñador gráfico y comentarista consuetudinario de esta blog, señalaba el lugar común gráfico en el que se había convertido la idea de “personaje de espaldas mirando el mar” en los afiches de cine. Lo decía a propósito del primer concepto de afiche de El Chico que Miente, la ópera prima de Marité Ugás.

Hoy, en esa misma línea, la gente de /film ha publicado un post, que me ha resultado hasta perturbador, donde señalan un cliché similar, aunque más extendido: el de la combinación de los colores azul y naranja en los afiches de las películas. En el post publican algunos ejemplos. En realidad, muchos: uno tras otros los afiches muestran los mismos colores, en composiciones simétricas muy similares, altos contrastes y claroscuros.

En la sección de comentarios de /film, además, más de un lector señala que no sólo se trata de un cliché gráfico, limitado tan sólo a los afiches; sino que la combinación se ha convertido en un convención fotográfica que ya comienza a repetirse hasta el cansancio en muchos films. Quizás en demasiados. Sobre todo, en grandes producciones como Transformers o The Dark Knight. Todos tienen, de alguna manera, en mayor o menor medida, la misma propuesta fotográfica crepuscular.

Después del salto, encontrarán algunos ejemplos de afiches que ilustran el asunto. Les recomiendo visitar /film, donde publican más ejemplos y el cómic que dio origen a su artículo.

En fin, que ya no sólo comienzan a cansar los rígidos convencionalismos narrativos (tres actos, tiempo lineal o cronológico y estructura de dramática de hierro con los puntos de giro en su santo lugar), el reinado del plano medio, el plano-contraplano, la puesta en escena con toma máster, y el eterno desfile de caras repetidas. Ahora también cansa la fotografía crepuscular y el contraste azul-naranja en los afiches. Cine realizado en cadenas de ensamblaje. Cine ensamblado, mecanizado, sin imaginación. Homogeneizado.

El Cómic

El cómic que dio origen a todo

El cómic que dio origen a todo

Afiches de cine: naranja y azul | Galería

John Malkovich lleva al teatro a un “serial killer” encantador

John Malkovich, obsesionado con Jack Unterweger

John Malkovich, obsesionado con Jack Unterweger

A principios de la década de los 90, Austria, un país usualmente tranquilo, se vio sacudido por una serie de asesinatos y desapariciones de prostitutas. En apenas 5 meses, entre 1990 y 1991, cinco cuerpos habían aparecido en varias ciudades y al menos una desaparición había sido reportada. El M.O. del asesino le hizo recordar a un viejo policía retirado un par de homicidios que había investigado en 1974. En ese entonces, había logrado la identificación y captura del responsable de las muertes: un joven llamado Johann “Jack” Unterweger.

Cuando comenzaron a aparecer los cuerpos de las prostitutas en 1990, Unterweger se encontraba libre y era toda una celebridad. En la cárcel había iniciado una carrera literaria e importantes intelectuales austríacos, después de una campaña, había conseguido su liberación. Se había convertido en un símbolo de la rehabilitación del delincuente. Asistía con regularidad a programas de radio y televisión, concedía entrevistas a diarios y las mujeres le perseguían.

Sigue leyendo

Die Welle (La Ola), anatomía del autoritarismo cotidiano

Imagen de previsualización de YouTube

Me desconcierta un poco la moderada receptividad que ha tenido en todo el mundo (físico y virtual, pero sobre todo, en el virtual) el filme alemán Die Welle (La Ola) de Dennis Gansel. En Alemania, como acaso era de esperarse, se ubicó en un respetable décimo tercer puesto en la taquilla el año pasado. Pero, después y en el resto del mundo esta excelente cinta apenas ha tenido repercusiones. ¿Será quizás por lo incómodo que resulta su descarnada mirada a la peligrosa relación entre política y educación, sobre todo cuando se trata de niños y adolescentes?

Sigue leyendo

Top Ten: 10 sacerdotes con los hábitos bien puestos

Imagen de previsualización de YouTube

Ciertamente, no las ha tenido todas consigo la Iglesa católica los últimos meses.

Primero, las desafortunadas declaraciones contra el uso del preservativo del papa Benedicto XVI en su gira africana, un continente diezmado por el VIH, recibieron fuertes y fundamentadas críticas. Después, fue notoria la gélida recepción que el monarca religioso recibió en Israel, por la revocación de la excomunión del sacerdote negacionista Richard Williamson, y otros tres sacerdotes lefebvrianos cismáticos.

Por esos mismos días, pero de este lado del charco, la sagrada institución también merecía unos cuantos titulares cuando el presidente Paraguayo y ex obispo católico, Fernando Lugo, se reveló tan prolífico como uno de esos viejos patriarcas del Viejo Testamento, de esos que en en el Libro del Genésis, engendran muchachos de nombres raros sin parar, incansablemente, versículo tras versículo.

Mientras la prensa estaba ocupada en contar la numerosa prole del paraguayo, en Miami, las revistas del corazón publicaban las fotos de la mano del padre Alberto Cutié hurgando el bikini de la guatemalteca Ruhama Buni Canellis. Hasta entonces, Cutié era una casta celebridad que hacía suspirar a millones de beatas televidentes, subscriptoras de cable, en todo el continente. Cutié pronto colgó los hábitos, pasándose a la Iglesia Episcopal y, en el interín, se caso con la portadora del bikini, rompiéndole así el corazón a sus cristianas seguidoras, a sus superiores eclesiásticos y al productor de su programa de TV.

Visto todo lo anterior, y lo que sospecho pronto habrá de venir, ¿no es acaso un buen momento para publicar una lista sobre el tema? ¿Qué les parece un Top Ten de sacerdotes de cine?

Bigelow, el género en el cine y el cine de género

El cine de género de Bigelow no tiene género

El cine de género de Bigelow no tiene género

A propósito del estreno de su última película, The Hurt Locker, The New York Times publica una semblanza de Kathryn Bigelow. El filme se centra en las actividades de un escuadrón de explosivistas en Irak, lo que acaso lo dice de todo.

Según el reportaje, la película resulta incómoda para muchos críticos pues no contiene, en apariencia, un mensaje antibélico. Todo lo contrario, gracias al extraordinario estilo de la realizadora, el publico casi puede sentir el vértigo de la adicción a la guerra.

The Hurt Locker no transita por el camino de productos militaristas de Holliwood del tipo Top Gun y Transformers, pero tampoco es un sermón antibélico. Es un diagnóstico, no prescriptivo: es una mirada analítica, pero visceral, a la forma en la que la experiencia de la guerra cambia a los hombres, de qué mala manera les come el cerebro hasta volverlos adictos a ella.

Sigue leyendo

Pandemia: las epidemias en el cine


Resulta inevitable. Y miren que me he negado a escribir sobre la Influenza A (H1N1) –o gripe porcina–, para no seguir alimentando la histeria mediática. Pero es inevitable, en estas circuntancias, no pensar en todas las películas que hemos visto sobre el asunto y sentir un vago temor de que nuestro futuro inmediato sea como nos lo pintanm.

Y pregúntenme si el cine no le ha sacado el jugo al tema del contagio, de la enfermedad y la pandemia. George A. Romero lo ha exprimido hasta dejarle seco a lo largo de su obra, de su primera película, The Night of the Living Dead a su última incursión en el género, …Of the Dead (sí, el viejo se dejó de vainas: que sea el público quien decida qué insertar antes de los puntos suspensivos).

28 Days Later

El género mismo, el de las películas de muertos vivientes, está fundado sobre las premisas de la infección incontrolable, el virulento contagio, la enfermedad aguda y la muerte súbica: nuestro miedo atávico a la descomposición corporal. La mordida infecciosa, el escenario post apocalíptico de piquetes antimotines enfrentándose a manifestantes, comercios saqueados, contenedores de basura en llamas y calles desoladas; de cinta en cinta, los mismos elementos se repiten una y otra, con más o menos igual efectividad: de las películas italianas de zombies, como las dirigidas por Lucio Fulci, a los entretenimientos vertiginosos de las franquicias Resident Evil y 28 Days (y weeks) later.

Acaso haya que retroceder a finales del siglo XIX y principios del XX para encontrar los más tempranos antecedentes de la literatura de la enfermedad apocalíptica, de ciencia ficción y horror. Desde luego, los primeros ejemplos que saltan a la mente son el Drácula de Bram Stoker, con su vampiro, muerto en vida, cuya condición es transmisible por la vía del intercambio de fluidos. Y La Guerra de los Mundos, de H.G. Wells, en la que, curiosamente, son los virus, bacterias y gérmenes los que precisamente salvan a la Humanidad de la invasión marciana. Los infectados son, pues, los invasores. Son innumerables las adaptaciones de ambas novelas a todos los medios posibles: teatro, radio, cine televisión, cómics.

En Planeta Zombie, un manual imprescindible sobre el subgénero inventado por Romero y compañía, el español Jesús Palacios encuentra antecedentes del género en dos novelas seminales de ciencia ficción: Soy Leyenda, de Richard Matheson y The Body Snatchers, de Jack Finney. En la primera, Robert Neville, es un solitario sobreviviente de una pandemia que ha convertido a la humanidad en vampiros, portadores del virus y de mordida contagiosa. En la segunda, esporas espaciales reproducen en vainas réplicas idénticas de seres humanos, aunque sin voluntad propia.

Imagen de previsualización de YouTube

Tanto la novela de Matherson como la de Finney han sido llevadas al cine en varias ocasiones. Soy Leyenda ha conocido al menos cuatro adaptaciones (The Last Man on Earth, The Omega Man, I’m Omega y I’m Legend). The Body Snatchers también ha tenido unas cuantas versiones cinematográficas: Invasion of the Body Snatchers, Body Snatchers, The Invasion, Invasion of the Body Snatchers

El parásito alienígena que aprovecha la húmeda tibieza del cuerpo humano para crecer y multiplicarse también dio origen a la más aterradora cineta de ciencia ficción y terror: Alien, de Riddley Scott y sus continuaciones. También la epidemia de The Andromeda Strain, de Robert Wise y basada en la novela de Michael Crichton, tiene un origen extraterrestre: un virus que llega a nuestro planeta tras la caída de un satélite.

Vampiros, zombies y alienígenas aparte, hay unas cuantas películas cuyas tramas giran en torno a epidemias globales o que transcurren en el contexto de una pandemia.

Twelve Monkeys

Para empezar, dos cintas paradigmáticas: La Jeteé, de Chris Marker (que ilustra este artículo) y su derivada, Twelve Monkeys, de Terry Guilliam, dos cintas de ciencia ficción que, al mismo tiempo, constituyen una reflexión sobre el tiempo y la memoria en el contexto post apocalíptico de una terrible pandemia desatada por un virus de laboratorio.

Outbreak

Outbreak, de Wolfgang Petersen, cuenta con escalofriante suspenso los esfuerzos de un científico militar para contener una epidemia provocada por un letal virus africano. Aunque ficticia, la enfermedad hemorrágica del filme parecía inspirarse en el Ébola.

El telefilme And the Band Played On, de Roger Spottiswoode, basado en hechos reales, cuente con no menos suspenso el inicio de una de las pandemias más letales que ha enfrentado la humanidad: la epidemia global de HIV. En 1987, el danés Lars Von Trier también estrenaba Epidemic, un meta relato sobre el cine y la realidad con epidemia de por medio.

Como bien indica su título, El Amor en los Tiempos del Cólera, de Mike Newell, una adaptación de la extraordinaria novela del premio Nóbel colombiano Gabriel García Márquez, cuenta una historia de amor con el transfondo de otra de las pandemias que han azotado a la Humanidad: la epidemia mundial de cólera que se suscitó en diferentes oleadas durante casi todo el siglo XIX.

El amor y la enfermedad también son los temas de Muerte en Venecia, adaptación de la novela de otro premio Nobel, Thomas Mann, dirigida por Luchino Visconti. Esta vez, la epidemia que gravita como una espada de Damocles sobre la cabeza del protagonista es la peste.

La peste también es, desde luego, la protagonista de… La Peste, la no muy afortunada adaptación de la obra maestra Albert Camus –también premio Nóbel–, dirigida por Luis Puenzo.

Blindness, de Fernando Meirelles, es la adaptación de Ensayo sobre la Ceguera, novela de un premio Nóbel de Literatura más, el portugués José Saramago. Siempre me he pregunta si Saramago, fiel militante comunista, se inspiró en la epidemia de neuropatía óptica que azotó Cuba a mediados de la década del 90.

No lo recuerdo muy bien, pero creo que una epidemia es el punto de partida de la saga de El Planeta de los Simios. Recuerdo vagamente que en alguna de las cintas se explica que luego de una epidemia que acaba con todos los animales domésticos del planeta, la gente comienza a adoptar simios como mascotas. De su constante contacto con los seres humanos, los simios desarrollarán la inteligencia suficiente como para rebelarse. ¿Era sí la cosa?

Children of the Men, de Alfonso Cuarón, repite el escenario apocalíptico con transforndo de pandemia: después de una epidemia planetaria, los seres humanos han perdido la fertilidad. A diferencia de Outbreak, esta vez la esperanza de la humanidad viene de África: en forma de una joven inmigrante embarazada.

Portadores

Por último, en una coincidencia difícil de consebir, este año se estrenará Carriers , la historia de un grupo de sobrevivientes de una pandemia de gripe. Hasta hace poco, su trailer se podía encontrar en todos lados. Ahora, ha desaparecido de la red casi por completo. Aquí podrán verlo.

En 1918 y 1919, nuestro país tampoco fue inmune a la pandemia de Gripe Española, el mayor desastre natural de la humanidad. En todo el mundo murieron entre 20 y 50 millones de personas. La enfermedad tardó 2 años en diseminarse alrededor del globo. Yo me topé con la historia cuando investigaba sobre la historia de Maracaibo, para el documental Maracaibo, con vista al lago.

La Gripe Española llegó a la ciudad en una embarcación procedente de La Guaira. A bordo, venían dos enfermos, los suficientes para enfermar a la ciudad entera. Los maracuchos le llamaron “El Trancazo”. Pronto hubo familias enteras en cama y la madera para los ataúdes se agotó. a los deudos no se les permitía velar a sus muertos y se prohibió todo tipo de reuniones públicas.

Al momento de escribir esto, aún no se sabe a ciencia cierta cómo evolucionará la epidemia de Influenza A, N1H1, antigua gripe porcina. Pero para tener una buena idea de a lo que nos enfrentamos, vale la pena ver el siguiente programa de NatGeo.

Infografía | Guía Visual de las Pandemias de Gripe de la historia

Imagen de previsualización de YouTube

Pandemia de Gripe | 2da. Parte

Imagen de previsualización de YouTube

Pandemia de Gripe | 3era. Parte

Imagen de previsualización de YouTube

Pandemia de Gripe | 4ta. Parte

Imagen de previsualización de YouTube

Pandemia de Gripe | 5ta. Parte

Imagen de previsualización de YouTube

Pérez-Reverte y Javier Marias revelan sus películas bélicas favoritas

Robert Mitchum en The Longest Day

Robert Mitchum en The Longest Day

Hace cosa de un mes, los escritores españoles Arturo Pérez-Reverte y Javier Marías, y el director Agustín Díaz Yánez, se reunieron para cenar –lo que daría yo por cenar con esos tres al menos una vez en mi vida.

De aquel encuentro salió la promesa de los dos escritores de escribir un artículo sobre las películas sobre la II Guerra Mundial que les marcaron en su vida y que han sido olvidadas por críticos y cinéfilos.

Pérez-Reverte cumplió al pie de la letra su promesa y escribió una interesante relación de sus filmes bélicos favoritos.

Sigue leyendo

What is The Matrix? 10 años después…

the-matrix.jpg
Justo hoy se cumple una década del estreno de uno de los filmes de ciencia ficción más influyentes de los últimos años: The Matrix, de Andy y Larry Lana Wachowski.

No creo que exista mejor manera de celebrar el acontecimiento que en la red, esa versión prehistórica de La Matriz. Twitter, por ejemplo, el celebérrimo servicio de microblogging, ha sido inundado por micro posts que celebran el aniversario (aunque hay más de uno que lo condena). Todo lo que tienen que hacer es seguir el conejo enlace de esta etiqueta: #matrixday.

Por mi parte, propongo una encuesta: antes de ver la película, ¿qué pensabas que era la Matriz?

A continuación, el trailer…

Sigue leyendo

Oscar 2009: a Rushdie no le gusta Slumdog Millionaire

Salman Rushdie

Justo me lo preguntaba días atrás:

¿qué pensará Salman Rushdie de Slumdog Millonaire, la película de Danny Boyle ambientada en Mumbay y recién ganadora del Globo de Oro?

Y me lo preguntaba porque Rushdie es fanático del cine y en más de una de sus novelas, hace referencias a Bollywood y la poderosa industria cinematográfica de La India. Como en Los Versos Satánicos, que yo recuerde.

La respuesta la encontré en el blog del New York Times, The Carppet Bagger.

Interrogado sobre el filme de Boyle, Rushdie dice:
Sigue leyendo

Frost/Nixon, el trailer

frost-nixon-featureEste fin de semana se estrena en lo Estados Unidos, la última cinta de Ron Howard: Frost/Nixon.

Adaptación cinematográfica de la pieza teatral del dramaturgo y guionista Peter Morgan (The Queen), Frost/Nixon es la crónica del mano a mano televisivo que en 1977 sostuvieron el ex presidente Richard Nixon y el presentador David Frost.

Hacía tres años que Nixon había dimitido del poder a raíz del escándalo Watergate y por entonces Frost no era considerado como un periodista serio –era presentador de shows de variedades–, por lo que aquella entrevista podía terminar siendo un “caliche” (en términos periodísticos venezolanos: una noticia de poca monta, sin importancia).
Sigue leyendo