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Acerca de la corrupción en el cine (I)

Sam 'Ace' Rothstein (Robert de Niro), iluminado por el poder en Casino
Sam 'Ace' Rothstein (Robert de Niro), iluminado por el poder en Casino

El cine, a lo largo de su historia, no ha hecho otra cosa que volver, una y otra vez, sobre el tema de la corrupción. La corrupción del individuo por el dinero, por el poder, la fama e, incluso, por el amor. O la corrupción de todo un sistema político, económico o judicial. Sería imposible enumerar aquí todas las películas que tratan el tema, pues casi todas, de una forma u otra, lo hacen. En toda trama, siempre hay un personaje corrompido. O en vías de corromperse. Quizás la historia misma es la de un héroe que lucha contra las fuerzas de la corrupción o contra la tentación de corromperse.

Hemos visto de todo: policías corruptos (o policías honestos que enfrentados a sistemas policiales corruptos, como en Serpico, de Sidney Lumet); banqueros, alcalde, sheriffs, divas y sindicalistas. Oliver Stone y Martin Scorsese, a lo largo de su obra, han vuelto una y otra vez obsesivamente, sobre el tema de las fuerzas de la corrupción. En Wall Street (1 y 2), Natural Born Killers, JFK, Pelotón o Un domingo cualquiera son retratos de la corrupción financiera, mediática, política, militar y hasta deportiva.

Scorsese, por su parte, ha creado tres obras ineludibles sobre el nacimiento, el auge y la caída de personajes enfrentados a su propia corrupción. Toro Salvaje, Goodfellas y Casino conforman una trilogía que reflexiona sobre las secuelas de la corrupción en el individuo, valiéndose de una idéntica estructura dramática apoyada en el tema de la redención. En las tres películas, tres personajes sucumben a la corrupción —por ambición, por amor fraternal y por amor a secas— cuando se les otorgan poderes y responsabilidades para las que no estaban preparados.

Jake LaMotta (Robert de Niro), reconciliado consigo mismo, en Toro Salvaje
Jake LaMotta (Robert de Niro), reconciliado consigo mismo, en Toro Salvaje

El cine documental tampoco ha sido ajeno a la temática, desde luego. La Corporación, de Mark Achbar y Jennifer Abbott, y Enron: The Smartest Guys in the Room, de Alex Gibney, examinan con precisión científica sistemas o asociaciones (en este caso, empresas) construidos sobre el concepto de la corrupción. Ambos documentales describen las relaciones humanas dentro de un contexto de anomia o de ausencia de reglas o leyes. Y creo que vale la pena citar un buen trozo del artículo sobre la anomia en la Wikipedia:

La anomia es la falta de normas o incapacidad de la estructura social de proveer a ciertos individuos lo necesario para lograr las metas de la sociedad. Se supone que la anomia es un colapso de gobernabilidad por no poder controlar esta emergente situación de alienación experimentada por un individuo o una subcultura, hecho que provoca una situación desorganizada que resulta en un comportamiento no social. El término fue introducido por Émile Durkheim (La división del trabajo social y El suicidio) y Robert K. Merton (Teoría social y estructura social); este último formuló las leyes que, al incumplirse, conducían a la anomia:

  • Los fines culturales como deseos y esperanzas de los miembros de la sociedad.
  • Unas normas que determinen los medios que permitan a las gentes acceder a esos fines.
  • El reparto de estos medios.

La anomia es en este caso una disociación entre los objetivos culturales y el acceso de ciertos sectores a los medios necesarios. La relación entre los medios y los fines se debilitan. El concepto de anomia está vinculado a otros como el control social y la desviación. Pero la anomia se debe al actuar de un agente social manifiesto en ausencia de normas en relación con el éxito en un rol dentro del sistema.

La regulación moral correspondiente -codificada en normas sociales- queda obsoleta en la función de favorecer la solidaridad orgánica, por lo que se produce una desinstitucionalización por falta de los referidos valores normativos, en un abanico que va desde los usos y costumbres al extremo más grave de la falta de igualdad de oportunidades sociales para avanzar al siguiente escalón de nuevos bienes culturales, religiosos o societarios del progresivo estadio de desarrollo.

En un sistema —empresa, organización, institución o gremio— dominado por la anomia, la corrupción es el estado natural de las cosas y para alcanzar los objetivos, se utilizan métodos que fuera de ese sistema, serían legal y moralmente condenables: extorsión, difamación, soborno, tráfico de influencias. Como bien lo demuestra Gibney en Enron, dentro de un sistema anómico, los personajes se encogen de hombros cuando se señalan los casos de corrupción: “¡bah, eso no es nada!” La responsabilidad se diluye en el conjunto: “¡pero si todos los hacen!”.

Las relaciones humanas son utilitarias y no hay lugar para la piedad (como en la escalofriante secuencia de los incendios). El edificio se sostiene gracias al silencio y desprestigio de la disidencia, a la red de complicidades, a la culpa compartida y al ejercicio del chantaje: “o te callas y te adaptas o no permitiremos que consigas tus objetivos, no cobrarás el bono, no obtendrás tus beneficios”.

Aunque no importa si te callas o te adaptas. Dentro de un sistema anómico se vive siempre en estado perpetuo de frustración: nunca se alcanzan plenamente los objetivos, nunca se cumplen las metas, siempre hay una promesa futura, nunca es suficiente, siempre se querrá más. Más poder, dinero, sexo, fama.

Henry Hill (Ray Liotta), redimido en GoodFellas
Henry Hill (Ray Liotta), redimido y anónimo en GoodFellas

Pero como también demuestran ambos documentales, la anomia conduce a la alienación. Los sistemas y los individuos que los integran, al aislarse del resto de la sociedad y sus normas, se creen intocables y se colocan al margen de la ley y de las normas sociales. Y es entonces cuando el tinglado suele implosiona. Un sistema erigido sobre la ausencia de normas sociales está condenado a colapsar bajo el peso de las complicidades. Y, como el posterior colapso de todo el sistema financiero estadounidense ha demostrado, basta un pequeño error de algún involucrado —usualmente, provocado por la imprudencia propia del alienado, del soberbio—, para que todo se venga abajo en un terrible efecto dominó (ese colapso es materia prima de un documental más reciente, Inside Job, de Charles Ferguson, nominado al Oscar pero que aún no hemos visto.

Por otra parte, el cine también nos ha enseñado que también existen recompensas para el héroe íntegro que se enfrenta a los sistemas anómicos, para los disidentes que no callan, los rebeldes que no se adaptan, y para quienes atraviesan el infierno de la corrupción. Puede que no sean recompensas tan gratificantes o deliciosas. Poder, fama, dinero. No son recompensas externas, o sociales; sino internas: la redención.

Frank Serpico, condecorado, deja la policía y la ciudad
Frank Serpico, condecorado, deja la policía y la ciudad

Después de sufrir las consecuencias de denunciar la corrupción policial y de ser condecorado por su valentía, el oficial Frank Serpico, deja su trabajo y, con una bolsa como todo equipaje y un perro por toda compañía, deja la ciudad. Al final de Toro Salvaje, Jake LaMotta luce la obesidad del que está en paz consigo mismo y ensaya frente al espejo una parodia del personaje que fue. En el epílogo de Casino, Sam ‘Ace’ Rothstein, saca cuentas en una pequeña calculadora en un oscuro garito de apuestas. Ha vuelto a ser él mismo y ha regresado al lugar en el que fue feliz y del que nunca debió salir.

En Goodfellas, justo antes de que Scorsese haga un extraño homenaje al final de El Gran Asalto al Tren de Porter, el protagonista, Henry Hill recoge su periódico en un anónimo suburbio. Ha perdido sus privilegios y es un don nadie. Y esa es su recompensa: volver a ser fiel a sí mismo, recuperar la integridad como ser humano que alguna vez dejó corromper. Puede levantar la mirada y ver a los espectadores a la cara. Ha sido redimido. Y esa es su recompensa.

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Bajas pasiones en el cine, la envidia: Gangster No. 1

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De todas las pasiones, de las bajas pasiones, la que menos entiendo, la que más me fascina y me desconcierta, la que más incómodo me pone, es la envidia. Me da la impresión de que es incluso la más difícil de ocultar y la que más vergüenza ajena despierta. Es tan arrolladora, irracional y primitiva que lleva al envidioso a cometer las más terribles barbaridades y disparates en público, a decir sin querer los peores insultos, a causar daño sin remordimiento. Digo sin remordimiento, pero no sé. Siempre me ha intrigado saber qué piensa un envidioso de sus peores actos cuando se encuentra a solas y reflexiona sobre su conducta. Sigue leyendo Bajas pasiones en el cine, la envidia: Gangster No. 1

Gangster No. 1


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Caldigit AV Drive, el poder del USB 3.0 [una reseña]

Caldigit AV Drive
Caldigit AV Drive y CalDigit SuperSpeed ExpressCard para Laptop
Caldigit AV Drive y CalDigit SuperSpeed ExpressCard para Laptop

Semanas atrás, la gente de Caldigit nos envió su nuevo disco duro externo Caldigit AV Drive para hacer pruebas y reseñarlo.

Para empezar, nos intrigaba qué de nuevo podía tener un disco duro. La respuesta concreta es… USB 3.0. Pero vayamos por partes.

La unidad que probamos es un disco duro externo, de tamaño, peso y aspecto similares a las de otros de su tipo, con carcaza de aluminio, con una capacidad de 1 Terabyte y con interfaz triple: Firewire 800 y el ya mencionado USB 3.0 (compatible con USB 2.0). Pero aunque en su aspecto resulte similar a otros discos externos, en su funcionamiento no es del todo idéntico.

La primera sorpresa ocurre al momento mismo de su conexión. Un asistente se dispara y después de detectar nuestra máquina y nuestro sistema operativo, nos guía por el proceso de formateado. Un bonito detalle, que nos ahorra la incertidumbre inicial de si estaremos dándole el formato correcto al disco que recién acabamos de sacar de la caja.

En la descripción del disco, Caldigit afirma que su AV Drive ha sido optimizado para el uso intensivo propio del trabajo con audio y video. Y en las semanas pasadas, justamente, lo hemos usado intensivamente en la edición de un demo de nuestro último trabajo. No hemos notado calentamiento excesivo o preocupante. Lo que notamos es lo silencioso que es. También en la descripción de su producto, Caldigit afirma que su puerto Firewire 800 es un 30% más rápido y que permite transferencias de hasta 145 Mbs/seg.

Hicimos algunas pruebas, comparándolo con otro disco externo con Firewire 800 y en algunos ocasiones, el Caldigit AV Drive resultó un tanto más rápido. Pero hay que aclarar que necesitaríamos hacer tests más rigurosos, con algún experto en la materia, para poder ser concluyentes al respecto. En todo caso, no sabemos hasta que punto una rapidez de un 30% pueda ser lo suficientemente apreciable.

Lo que sí es apreciable, sorprendentemente apreciable, es la rapidez del USB 3.0: diez veces más rápido que su antecesor, el USB 2.0. La nueva conexión USB 3.0 es capaz de mover hasta 5 Gbs/seg. Sí, leyeron bien: cinco gigabytes por segundo. Hicimos una prueba con una laptop equipada con una tarjeta 3.0 y, aunque la tarjeta no permitía alcanzar el techo de transferencia (apenas llegaba a la mitad), aún y así, dos y medio gigas por segundo resulta una velocidad pasmosa.

Ahora bien, quizás lo mejor del disco sea su lado negativo. Al menos, por ahora. A diferencia del mundo de la PC y Windows, en el universo Apple no existen máquinas equipadas con USB 3.0. Y la culpa es de Intel y Apple, que apuestan por otra tecnología de transferencia basada en la fibra óptica, el Light Peak, que en teoría permitiría la transferencia de datos a velocidad de la luz. También es verdad que el Light Peak es aún una promesa en desarrollo y que el USB 3.0 es una realidad. Una solución inmediata, para quienes posean equipos con capacidad de expansión, acaso sea la adquisición de una tarjeta PCI Express, como la SuperSpeed o la SuperSpeed ExpressCard de la misma gente de Caldigit.

En conclusión, el disco duro externo Caldigit AV Drive destaca por su tamaño, su eficiencia energética —otra de sus características es el ahorro energético: su “duerme” con la computadora— y el silencio de sus componentes móviles. Por su robusta construcción y su tamaño conveniente. No obstante, su mayor fortaleza es su conexión USB 3.0, a la que los usuarios de PC y Window le sacarán el máximo provecho de forma inmediata, mientras que los leales usuarios de Apple tendrán que ingeniárselas para exprimir sus ventajas.

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Edición y atención humana, ¿la fórmula matemática del éxito de las películas de Hollywood?

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Gráfico con la fluctuación de la longitud de planos de tres películas de diferentes décadas
Gráfico de la fluctuación de la longitud de planos de tres películas

El profesor de psicología e investigador de la Universidad de Cornell (Ithaca, New York), James Cutting (curiosamente, el apellido combina con su investigación), al frente de un equipo de investigadores, han descubierto que la longitud o duración de los planos de las películas modernas, especialmente del género de acción, responden al mismo patrón matemático que describe la fluctuación en la capacidad de atención humana; así como otros fenómenos naturales como las inundaciones anuales del Nilo (según las descripciones del teórico del caos, Benoit Mandelbrot), las turbulencias aéreas o ciertos patrones musicales.

El patrón matemático fue diseñado por científicos de la Universidad de Texas a princiios de los 90, quienes estudiaron las fluctuaciones de la atención de sujetos que realizaron cientos de tareas. Los investigadores convirtieron entonces los resultados en forma de ondas por medio de la ecuación matemática de Fourier.

Cutting midió la duración o longitud de cada plano de un total de 150 películas taquilleras, estrenadas entre 1935 y 2005 y de varios géneros. Luego convirtió los resultados en ondas por cada película.

Lo que descubrió es que las fluctuaciones de la longitud de los planos se ha ido acercando en nuestros días al patrón conocido como Pink Noise (Ruido Rosa) o, lo que es lo mismo, la fluctuación 1/f. Según esto, la magnitud de las ondas se incrementa en la misma medida en que su frecuencia se reduce, con lo que los períodos de atención (y en este caso, la duración de los planos de las películas modernas) se suceden en intervalos regulares en el tiempo (o a lo largo de un film).

En cristiano: que la duración de los planos de una película, actualmente tienen a fluctuar en intervalos regulares, de la misma forma que la capacidad de atención de los espectadores.

Estos resultados sugieren que progresivamente, las estructuras de las películas de Hollywood se han organizado en paquetes de planos de longitudes similares. Por ejemplo, las secuencias de acción se agrupan en paquetes de planos relativamente cortos; mientras que las secuencias de diálogo (con un montaje alternativo de planos y contraplanos centrados en los interlocutores) tienen a ser agrupaciones de planos largos o de mayor duración. De esta forma, los editores y directores han incrementado gradualmente su control sobre el momentum visual de su narrativa, haciendo que las relaciones entre la longitud de sus planos sea más coherente a lo largo de un período de 70 años.

Cutting estima que obedecer el patrón matemático 1/f, hace que las películas “resuenen con el mismo ritmo de la atención humana”, lo que las hace más emocionante. Su hipótesis es que las películas editadas de esta forma, tienden a tener más éxito, y sus estilos de rodaje y edición, a ser más copiados. El mismo patrón puede ser encontrado en fenómenos físicos, biológicos, culturales y mentales. Para él, esta evolución se ha dado de forma espontánea y natural, no intencional.

En su estudio, el profesor asegura que ciertos films noir (Detour, 1945; Mildred Pierce, 1945; Asphalt Jungle, 1950; Sunset Boulevard, 1950) no responden a la Ley 1/f, lo que sugiere que no siguen un patrón matemático en las relaciones de longitud de sus planos; mientras que algunas exitosas películas de Hitchcock (The 39 Steps, 1935; ForeignCorrespondent, 1940; Rebecca, 1940; Spellbound, 1945; TheTrouble with Harry, 1955; y To Catch a Thief, 1955) sugieren lo contrario.

En cuanto a los géneros, el de acción es el que más se acerca al patrón 1/f, seguido por los géneros de aventura, de animación, de comedia y drama. Sin embargo, algunas exitosas cintas estudiadas que no pertenecen al género de acción, también mostraron un patrón cercano a 1/f: The Perfect Storm, aventura; Pretty Woman, comedia; Rebel Without a Cause, drama; Cenicienta, animación y The 39 Steps, drama.

Como dato curioso, la media de planos de las películas estudiadas es de 1.132. De la muestra del estudio, la cinta con menos planos es Seven Year Itch (231) y la de mayor cantidad es King Kong (la versión reciente de Peter Jackson) con 3 mil 99.

En resumen, el estudio de Cutting sugiere que, en el futuro, los editores y cineastas deberían conscientemente editar sus películas tratando de seguir el patrón 1/f para lograr una mayor empatía con el público y capturar de una forma más efectiva su atención.

Resumen de la investigación | Descargar .PDF

Vía | Koktte

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Azul y naranja, los colores del nuevo cliché gráfico (y fotográfico)

Transformers, entre el naranja y el azul
Transformers, entre el naranja y el azul

O, en todo caso, la combinación de gamas y tonos entre el azul y el rojo o el amarillo.

Me explico. Días atrás, Juan Cruz Bacaro, diseñador gráfico y comentarista consuetudinario de esta blog, señalaba el lugar común gráfico en el que se había convertido la idea de “personaje de espaldas mirando el mar” en los afiches de cine. Lo decía a propósito del primer concepto de afiche de El Chico que Miente, la ópera prima de Marité Ugás.

Hoy, en esa misma línea, la gente de /film ha publicado un post, que me ha resultado hasta perturbador, donde señalan un cliché similar, aunque más extendido: el de la combinación de los colores azul y naranja en los afiches de las películas. En el post publican algunos ejemplos. En realidad, muchos: uno tras otros los afiches muestran los mismos colores, en composiciones simétricas muy similares, altos contrastes y claroscuros.

En la sección de comentarios de /film, además, más de un lector señala que no sólo se trata de un cliché gráfico, limitado tan sólo a los afiches; sino que la combinación se ha convertido en un convención fotográfica que ya comienza a repetirse hasta el cansancio en muchos films. Quizás en demasiados. Sobre todo, en grandes producciones como Transformers o The Dark Knight. Todos tienen, de alguna manera, en mayor o menor medida, la misma propuesta fotográfica crepuscular.

Después del salto, encontrarán algunos ejemplos de afiches que ilustran el asunto. Les recomiendo visitar /film, donde publican más ejemplos y el cómic que dio origen a su artículo.

En fin, que ya no sólo comienzan a cansar los rígidos convencionalismos narrativos (tres actos, tiempo lineal o cronológico y estructura de dramática de hierro con los puntos de giro en su santo lugar), el reinado del plano medio, el plano-contraplano, la puesta en escena con toma máster, y el eterno desfile de caras repetidas. Ahora también cansa la fotografía crepuscular y el contraste azul-naranja en los afiches. Cine realizado en cadenas de ensamblaje. Cine ensamblado, mecanizado, sin imaginación. Homogeneizado. Sigue leyendo Azul y naranja, los colores del nuevo cliché gráfico (y fotográfico)

Transformers: Age of Extinction


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John Malkovich lleva al teatro a un “serial killer” encantador

John Malkovich, obsesionado con Jack Unterweger
John Malkovich, obsesionado con Jack Unterweger
A principios de la década de los 90, Austria, un país usualmente tranquilo, se vio sacudido por una serie de asesinatos y desapariciones de prostitutas. En apenas 5 meses, entre 1990 y 1991, cinco cuerpos habían aparecido en varias ciudades y al menos una desaparición había sido reportada. El M.O. del asesino le hizo recordar a un viejo policía retirado un par de homicidios que había investigado en 1974. En ese entonces, había logrado la identificación y captura del responsable de las muertes: un joven llamado Johann “Jack” Unterweger.

Cuando comenzaron a aparecer los cuerpos de las prostitutas en 1990, Unterweger se encontraba libre y era toda una celebridad. En la cárcel había iniciado una carrera literaria e importantes intelectuales austríacos, después de una campaña, había conseguido su liberación. Se había convertido en un símbolo de la rehabilitación del delincuente. Asistía con regularidad a programas de radio y televisión, concedía entrevistas a diarios y las mujeres le perseguían.

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Die Welle (La Ola), anatomía del autoritarismo cotidiano

Me desconcierta un poco la moderada receptividad que ha tenido en todo el mundo (físico y virtual, pero sobre todo, en el virtual) el filme alemán Die Welle (La Ola) de Dennis Gansel. En Alemania, como acaso era de esperarse, se ubicó en un respetable décimo tercer puesto en la taquilla el año pasado. Pero, después y en el resto del mundo esta excelente cinta apenas ha tenido repercusiones. ¿Será quizás por lo incómodo que resulta su descarnada mirada a la peligrosa relación entre política y educación, sobre todo cuando se trata de niños y adolescentes?

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Top Ten: 10 sacerdotes con los hábitos bien puestos

El Día de la Bestia, de Alex de la Iglesia

Ciertamente, no las ha tenido todas consigo la Iglesa católica los últimos meses.

Primero, las desafortunadas declaraciones contra el uso del preservativo del papa Benedicto XVI en su gira africana, un continente diezmado por el VIH, recibieron fuertes y fundamentadas críticas. Después, fue notoria la gélida recepción que el monarca religioso recibió en Israel, por la revocación de la excomunión del sacerdote negacionista Richard Williamson, y otros tres sacerdotes lefebvrianos cismáticos. Sigue leyendo Top Ten: 10 sacerdotes con los hábitos bien puestos

El Dia De La Bestia – Edicion Especial


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Bigelow, el género en el cine y el cine de género

El cine de género de Bigelow no tiene género

A propósito del estreno de su última película, The Hurt Locker, The New York Times publica una semblanza de Kathryn Bigelow. El filme se centra en las actividades de un escuadrón de explosivistas en Irak, lo que acaso lo dice de todo.

Según el reportaje, la película resulta incómoda para muchos críticos pues no contiene, en apariencia, un mensaje antibélico. Todo lo contrario, gracias al extraordinario estilo de la realizadora, el publico casi puede sentir el vértigo de la adicción a la guerra.

The Hurt Locker no transita por el camino de productos militaristas de Holliwood del tipo Top Gun y Transformers, pero tampoco es un sermón antibélico. Es un diagnóstico, no prescriptivo: es una mirada analítica, pero visceral, a la forma en la que la experiencia de la guerra cambia a los hombres, de qué mala manera les come el cerebro hasta volverlos adictos a ella.

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Pandemia: las epidemias en el cine

28 Days Later

Resulta inevitable. Y miren que me he negado a escribir sobre la Influenza A (H1N1) –o gripe porcina–, para no seguir alimentando la histeria mediática. Pero es inevitable, en estas circuntancias, no pensar en todas las películas que hemos visto sobre el asunto y sentir un vago temor de que nuestro futuro inmediato sea como nos lo pintan. Sigue leyendo Pandemia: las epidemias en el cine

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