
Tenía tiempo sin asistir a un festival internacional de cine (creo que Cannes, en el 2006, fue el último al que asistí) y ya comenzaba a olvidarme de lo necesario, enriquecedor y útil que resultan para cualquier. Es quizás una de pocas maneras que quedan de enterarte de los caminos por los que transita la vanguardia cinematográfica por estos días y de ver esas cintas que nunca verás en las salas de cine comerciales, en los pocos videos clubes que sobreviven y que tampoco te venderá tu dealer callejero favorito. Constituyen además una buena oportunidad para intercambiar experiencias con tus colegas y a veces, el lugar ideal para hacer negocios.
Y ciertamente, esta edición de Cine Ceará, festival iberoamericano de cine de Fortaleza (Brasil), no ha sido la excepción.




