The Assassination Of Gianni Versace, llega la segunda temporada de American Crime Story

The Assassination Of Gianni Versace, la segunda temporada de la estupenda American Crime Story llega a nuestra pantallas. La precede una tonelada de buenas críticas. Y las quejas de los Versace. La familia del malogrado diseñador ha criticado la serie, aun sin verla.

En realidad, no han criticado tanto la serie como el libro en que se basa. Según los Versage, Andrew Cunanan, Gianni Versace, and the Largest Failed Manhunt in U.S. History, el libro de Maureen Orth está «lleno de chismes y especulaciones» infundadas.

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George Clooney adaptará Catch 22 para Hulu

¿George Clooney y Catch 22 en una misma frase? Pues sí, así es. Y para los fanáticos de la obra maestra de Joseph Heller es poco menos que la gloria saber que Clooney escribirá, dirigirá y actuará en su adaptación para Hulu.

Con esta idea, el servicio de streaming parece encaminado a anotarse otro éxito con la adaptacion de una obra literaria famosa. Una tendencia que comenzó con 11/22/63 de Stephen King y que continuó, con aún mayor éxito, con Handmaid’s Tale, de Margaret Atwood.

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A Gray State, la inexplicable muerte de un cineasta libertario conspiranoico

A Gray State es de esos documentales perturbadores cuyas imágenes te persiguen semanas de su visionado. En principio, parece un cuento de superación personal. El del cineasta que se empeña en hacer realidad su sueño. Es la (trágica) historia de David Crowley, un guapo, enérgico, veterano de guerra que se propone realizar una película. El film se titula Gray State.

Crowley lo concibe como la denuncia contra el estado totalitario que, cree, se está desarrollando en los EE.UU. Un film sobre «el colapso de una sociedad bajo la Ley Marcial, en un no muy lejano futuro». Valga aclarar que Crowley es un ferviente libertario, seguidor del conspiranoide Alex Jones. Pero al mismo tiempo, pacifista. Su servicio militar en Irak y Afganistán lo desilusionó del ejército.

Komel y David Crowley

Komel y David Crowley

Gray State, la película

Crowley trabajó como un poseso en el proyecto. Hizo un trailer del film y lo usó como herramienta de promoción para colectar en las redes el dinero necesario para la preproducción de la película. Fue un éxito instantáneo. Llego a reunir más de 60 mil dólares.

En YouTube, el trailer ha sido visto más de dos millones y medio de veces. En Facebook, la página del film tiene casi 100 mil seguidores. Aunque gran parte del éxito se debe a su participación en el show radial de Alex Jones. La entrevista le convirtió en una celebridad en el mundo de la derecha alternativa estadounidense. Pronto consiguió un ejército de fanáticos compuesto por aficionados a las teorías conspirativas, miembros de grupos de superviviencia, libertarios, veteranos de guerra y, según aseguraba, militares.

Se encargó prácticamente de todo con el film. Escribió 6 versiones del guión, que consultó con la famosa script doctor Linda Seger. Hizo 3 trailers adicionales. Escogió el reparto. Ensayó y dirigió a los actores. Dibujó los storyboards y diseñó el vestuario. Hizo el scouting y sacó los permisos para las locaciones. Dirigió la fotografía, realizada con 4 cámaras incluso. Y compuso la música y supervisó y realizó los efectos especiales.

Finalmente, logró despertar el interés de Hollywood.

David Crowley trabajó obsesivamente en Gray State

David Crowley trabajó obsesivamente en Gray State

Gray State, la tragedia

Hasta aquí, sigue siendo casi un cuento de hadas. Crowley se había casado con Komel, una bonita musulmana pakistaní, que le apoya en todo. Una mujer a la que describió en su diario como «fuerte, bella, feroz y mortalemente inteligente». Se había conocido en Waco, Texas (un nombre que no pasará desapercibido a los fanáticos de las teorías conspirativas) y se casaron casi enseguida. Sus videos muestran una hermosa y feliz  familia.

Tuvieron una hija, Raniya, que tenía 4 años al momento de la muerte de los tres, a tiros, en su casa de Apple Valley, Minnesota.

Allí fueron encontrados por un vecino, a quién le extrañó cómo a mediados de enero, los paquetes de regalos navideños se apilaban en la puerta de entrada. Los cuerpos estaban tendidos en el suelo. El perro ladraba sin parar. Y en una de las paredes de la sala, alguien, probablemente el asesino, había escrito Allahu Akbar. Con sangre de Komel.

Era la mañana del 17 de enero de 2015.

Gray State, el documental

Eric Nelson, productor de Grizzly Man, leyó los reportes de la muerte de Crowley en la prensa. Enseguida sintió curiosidad por ver el trailer. Lo buscó en Youtube y le pareció increiblemente bien hecho. El trabajo de un realizador en pleno uso de sus capacidades.

Poco después se enteró de que la policía había encontrado horas de grabaciones de audio y video, donde Crowley documentaba su vida en familia y los progresos de su proyecto, según contó a The New Yorker. La historia, potente y trágica, llamó la atención de Werner Herzog, quien entró al proyecto como productor ejecutivo.

Pero acaso la pieza más importante del documental, la base de toda su estructura dramática, fue el diario íntimo que Crowley llevó durante casi todo el año 2014 en la aplicación Day One.

Según The New Yorker, el diario constituye un documento único. La crónica accidental del declive del raciocinio del joven realizador en tiempo real.

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Crowley llevó al extremo el cuidado de cada detalle de Gray State. Esta era la estructura d ela historia.

El horror de la mente humana

En Cementerio de Mascotas, Stephen King asegura que no hay nada más aterrador que la mente humana. Y en el caso de Crowley, dejó constancia escrita de cómo la iba perdiendo progresivamente sin darse cuenta.

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O quizás, el detalle más perturbador, esas 53 piezas musicales que Crowley compuso como suerte de soundtrack de sus muertes y que sonaron, en un loop intermible durante días, hasta que se agotó la batería del reproductor.

Y son estos momentos, que parecen contradecir lapidariamente las imágenes de la pareja feliz, las que han dado pie a toda suerte de teorías conspirativas acerca de sus muertes.

Teorías de la conspiración

Hoy, pones su nombre en Google y te devolverá toda clase de teorías, algunas más enloquecidas que otras. El grupo Anonymous lo ha convertido en un mártir.  Muchos piensan que su muerte y la de su familia fue un trabajo del gobierno para evitar la realización de Gray State. En Facebook, una página pide justicia para él y su familia.

En el fondo, toda una paradoja, si hemos de hacer caso a estas teorías. Pues David Crowley habría sido asesinado por un gobierno que, de alguna manera, era del mismo signo ideológico de sus ideales. Y terminó convertido él mismo en pasto de las teorías conspirativas a las que era tan aficionado. Aunque la verdad, es peor que cualquiera de esas teorías. A Gray State está disponible en Netflix.

Kate, Sean y El Chapo Guzmán, corrido del amor y la traición

Viendo El Día que conocí al Chapo, sobre el encuentro de Kate del Castillo y Sean Penn con El Chapo Guzmán, no dejaba de notar el paralelismo temático con el ensayo de Janet Malcolm, El Periodista y el Asesino.

Malcolm inicia su texto con una frase devastadora y polémica como pocas:

Todo periodista que no sea tan estúpido o engreído como para no ver la realidad sabe que lo que hace es moralmente indefendible. El periodista es una especie de hombre de confianza que explota la vanidad, la ignorancia o la soledad de las personas, que se gana la confianza de éstas para luego traicionarlas sin remordimiento alguno.

A partir de allí, Malcolm analiza las complejidades y contradicciones de las relaciones entre el periodista y su sujeto. Sus personajes principales son el periodista Joe McGinniss y el médico Jeffrey MacDonald, acusado de haber asesinado a su esposa y sus dos pequeñas hijas. El contexto de la historia es el juicio por la demanda que MacDonald le pone a McGinnis, por haberlo engañado para escribir el libro sobre sus asesinatos.

Según MacDonald, McGinniss le hizo creer que eran amigos para ganarse su confianza. Y, luego, para traicionarlo al escribir y publicar un retrato negativo sobre su persona. A Janet Malcolm le llama poderosamente la atención cómo el jurado se pone del lado del demandante, un monstruoso asesino; y en contra del periodista, un falso amigo, manipulador y traidor.

Para ella, la conclusión es obvia: para el jurado, la reputación de un médico que ha perpetrado a sangre fría un crimen espantoso, era aún más respetable que la del periodista que traiciono su confianza. ¿Era el engaño y la traición del periodista peor que, no uno, sino tres espantosos asesinatos?

La traición, el peor crimen

Penn, El Chapo Guzmán y Kate del Castillo

Penn, El Chapo Guzmán y Kate del Castillo

Al ver el documental de Kate del Castillo, creo haber sentido por El Chapo Guzmán y Sean Penn algo similar a lo que debió haber sentido Malcolm por MacDonald y McGinniss.

¿Cómo podía despertarme respeto, e incluso algo parecido a la ternura y piedad un ser que los medios de comunicación han retratado como un sanguinario e inescrupuloso narcotraficante como El Chapo Guzmán? Y, lo contrario, ¿cómo ha podido causarme tanta repulsa Sean Penn, un actor de Hollywood talentoso, que alterna su carrera con el activismo humanitario y es famoso por su arrojo y valentía en tragedias como la del terremoto en Haití y al que incluso, en alguna oportunidad, he estrechado su mano?

Pues por lo mismo que el jurado del litigio MacDonald-McGinniss se puso del lado del asesino y no del periodista. El relato de Kate del Castillo es la versión que hace una mujer enamorada, que es engañada, manipulada, explotada y finalmente traicionada por un periodista al que sólo le interesa cubrirse de gloria al obtener una exclusiva. Como en el caso de McGinniss y MacDonalds, como espectadores sentimos que ese engaño y la posterior traición son peores que todos los crímenes que haya podido cometer El Chapo Guzmán.

El Chapo Guzmán, ¿personaje cándido?

Esta sensación quizás sea provocada por la imagen de Guzmán que presenta el documental. Curiosamente, la de un cándido hombrecillo aficionado a las narcotelenovelas, enamorado de una rutilante estrella de televisa. Y quizás, como algunos han aventurado, incapaz de discenir entre la actriz de carne y hueso y el personaje de ficción que encarna en la narcoteleserie, La Reina del Sur. Un señor humilde y galante, inseguro, que parece extraviado en esa trama de celebridades tequileras que se comunican en inglés entre sí y quieren hacerle grabar un vídeo.

La paradoja se ve aún más reforzada porque El Chapo acaso sea el único personaje auténtico en medio de toda la gente fresa, rellena de silicona, colágeno y bótox que puebla el mundo del documental. Aunque él mismo parece haberse sometido a unas cuantas cirugías plásticas, probablemente haya sido más por gajes de su «oficio» que por vanidad. Pero en este documental, hasta algún agente de la DEA parece haberse «retocado» el rostro.

La traición de la autobiografía

Tanto el relato de Kate del Castillo sobre sí misma, como el reportaje de Penn sobre el encuentro con El Chapo que publicara Rollin’ Stone, me recordaron otro pasaje del libro de Malcolm referido al riesgo de traición (a sí mismo) accidental que existe en todo relato autobiográfico.

Al hablar del libro Héroes, de McGinnis, Malcolm acota:

Es una obra confesional que —igual que en muchos de estos ejercicios— confiesa algo diferente de lo que el autor piensa que está confesando; al convertirse en tema del libro el que hace la autobiografía se coloca en la situación de ser traicionado por sí mismo en no mejor medida que el personaje sobre el que escribe algún otro autor.

Con una candidez equiparable sólo a la del Chapo Guzmán, Kate traiciona inconscientemente la imagen de estrella y empresaria emprendedora y segura de sí misma capaz de hacer product placement de su bebida con total descaro (los pocos momentos en que no parece auténtica), al revelarse accidentalmente como una mujer manipulable e insegura capaz de ponerse en peligro a sí misma con tal de complacer los caprichos del tipo del que se ha enamorado.

Claro, eso es incomparable a la traición a sí mismo de Penn, quien al situar el relato de la peripecia en primera persona, en vez de dejarnos con la idea del periodista intrépido capaz de tomar todo tipo de riesgos por una exclusiva, nos deja con la imagen del periodista que, al decir de Malcolm, es tan estúpido o engreído que es incapaz de ver que lo que está haciendo es ética y moralmente indefendible.

Cuando conocí al Chapo está disponible en Netflix.

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