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Paranoia, miedo y enfermedad: ¿a dónde fueron a parar nuestros sueños de libertad?

¿De verdad crees que eres libre?

Estoy seguro que después de ver los tres capítulos de The Trap: What happened to our dreams of freedom (podrán encontrarlos al final de este artículo, con subtítulos) el último trabajo de Adam Curtis comenzarán a dudarlo.

Según Curtis, en el fondo de las teorías económicas liberales y neoliberales, aquellas que hablan de la libre competencia como la fuerza milagrosa que rige nuestras vidas en el capitalismo; en el fondo de las críticas hacia la burocracia estatal; tras las ideas libertarias de la anti psiquiatría, y las peticiones de una menor intervención estatal (cuando no, de la completa desaparición del estado) subyace una idea reduccionista que describe a los seres humanos como criaturas egoístas que sólo piensan en su provecho personal y son capaces de hacer cualquier cosa, por conseguir su propia satisfacción.

¿Cómo entonces era posible que nuestra sociedad siguiese funcionando y no hubiese colapsado antes? John Nash, matemático ganador del Nobel que popularizara la película A Beautiful Mind, quiso explicar el fenómeno de forma lógica, racional, matemática, a través de la Teoría de los Juegos, de acuerdo a la investigación de Curtis.

Corrían los peores años de la Guerra Fría y el matemático trabajaba para la RAND Corporation, una empresa encargada de crear estrategias defensivas y ofensivas para proteger a los EE.UU., de un ataque nuclear lanzado por la Unión Soviética. Bajo ese clima de paranoia y miedo, Nash elaboró sus teorías.

Nash partía de la idea de que todos los seres humanos actúan de la misma forma: como criaturas egoístas que sólo piensan en su propio beneficio y constantemente modifican sus estrategias para sacar el máximo provecho de los demás. De allí que era posible tratar de predecir sus movimientos, basándose en los postulados de las Teorías de los Juegos.

Las conclusiones de Nash –que el matemático solía ilustrar con una serie de juegos o experimentos sociales, uno de ellos llamado «Jode a tu compañero»– influirían en la política, la sociología, la antropología, psiquiatría y la economía contemporáneas. Están en la base de las ideas liberales de una democracia regulada por las fuerzas del mercado, de la antipsiquiatría y de la ciencia psiquiátrica modernas. El antropólogo estadounidense Napoleón Chagnon confirmaría que lo que Nash había descubierto tenía una base genética al estudiar la supuesta violencia innata de nuestros indígenas Yanomamis.

Pero no todo es como parece.

Científicos, políticos, psiquiatras o antropólogos pasaron por alto y se cuidaron de mencionar en público que Nash sufría de esquizofrenia y paranoia por la época en a que formuló sus teorías. Y Napoleon Chagnon ocultó algún detalle importante en su estudio de nuestros Yanomamis –la entrevista que Curtis le hace al antropólogo no tiene desperdicio.

El resultado, según Curtis, ha sido este paradójico y extraño mundo en que vivimos, que parece haber copiado al pie de la letra lo peor de las distopías imaginadas por Orwell y Huxley en 1984 y Un mundo feliz, respectivamente: un mundo dominado por la cultura del miedo, desbordado por la burocracia, el mercantilismo desenfrenado, en el que se cercenan libertades individuales en nombre de la libertad y la felicidad puede ser alcanzada a través de medios artificiales, con una simple píldora.

Como en su trabajo anterior The Power of the Nightmares (que pueden ver en este enlace, con subtítulos en español) y The Century of the Self, los tres capítulos de The Trap resultan imprescindibles para descifrar la retorcida realidad en la que vivimos inmersos, sin percatarnos de sus paradojas.

 

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