Sebastian Junger recuerda a Tim Hetherington, codirector de Restrepo, muerto en Libia

Tim Hetherington y Sebastian Junger en Afganistán

Tim Hetherington y Sebastian Junger en Afganistán

La noticia fue confirmada a mediados de esta semana: Tim Hetherington, fotógrafo y codirector junto al periodista Sebastian Junger del documental nominado al Oscar, Restrepo, murió al ser alcanzado por una granada en la ciudad libia de Misrata. Hetherington se encontraba en Libia como fotógrafo corresponsal de Vanity Fair y había quedado atrapado en el sitio de la ciudad por las fuerzas leales a Gadafi.

En Vanity Fair, Junger ha publicado una nota en memoria de su compañero de guerra trágicamente desaparecido.

Te imagino en la parte trasera de una camioneta junto a tus tres colegas heridos. Hay muchachos con bandanas en sus cabezas y armas en sus manos, y todo el mundo grita, mientras el conductor atasca su vehículo sobrecargado en las calles destruidas de la ciudad, tratando de trasladarlos a la clínica lo más rápidamente posible.

No lo logró. Nunca he oído hablar de Misrata antes, pero durante toda tu vida estaba allí, en un mapa, para que pudieras encontrarla, meditar y, finalmente, ir. Todos los que tenemos la misma profesión —la profesión de la guerra, a falta de mejor nombre—, sabemos de ese pueblo. Está allí, esperándonos a todos. Pero tú fuiste al tuyo y te reclamó. Entraste por mar a la ciudad, porque estaba sitiada por las fuerzas leales a Muammar Qaddafi (otro nombre en el que probablemente nunca pensaste mucho durante tu vida) y seguramente pensaste que no fue bueno. Los viajes en barco, por la general, son asuntos agradables, pero no éste. Qué extraño estar a las afueras de una bella costa, con el olor salino y el viento en la cara, excepto que estas vez te diriges a un lugar de violencia, muerte y destrucción. Tendrías que haber sabido que lo impensable debía ser considerado. Debías haber sabido que quizás no regresarías con vida a ese bote.

En el incidente también resultó muerto el fotógrafo Chris Hondros, y heridos sus colegas Guy Martin y Michael Brown.

El martes 19 de abril pasado, Hetherington escribió en su canal de Twitter:

En la sitiada ciudad libia de Misrata. Bombardeos indiscriminados por las fuerzas de Gadafi. No hay señales de la OTAN.

Muere Sidney Lumet a sus 86 años

Sidney Lumet


Según publica el New York Times, el director de cine Sidney Lumet ha muerto la mañana de este sábado a los 86 años, en su residencia de Manhattan.

Lumet, quien empezara su carrera en la TV, es recordado por haber dirigido grandes clásicos de la cinematografía Nortemaericana. Entre sus películas más famosas podemos destacar: 12 Angry Men (12 hombres en pugna) su primera película realizada en 1957, fue protagonizada por Henry Fonda y en la que doce hombres de un jurado deliberan sobre la culpabilidad o inocencia de un muchacho acusado del asesinato de su padre. Un film claustrofóbico, donde la cámara casi nunca abandona la habitación del jurado, y en el que Lumet aplicó todo lo que había aprendido como director televisivo.

Posteriormente, en la década de los 70, dirigió Serpico (en 1973), protagonizado por Al Pacino, una historia verídica sobre la corrupción de la policía de Nueva York. También con Al Pacino como protangonista filmaría en 1975 Dog Day Afternoon (Tarde de perros), otra de sus películas más aclamadas en los 70′s y otra de sus cintas basadas en hechos reales. Esta vez, Pacino interpretaba a un asaltante de bancos muy particular. A Pacino le acompañaba un inmenso John Cazale, como su taciturno y violento compañero de fechorías.

Su consagración como director llegaría con Network (1976) una ácida crítica al mundo de la televisión, protagonizada por William Holden, el gran Peter Finch y Faye Dunaway. En los 80′s, una de sus películas más recordadas sería The Veredict (Veredicto final) con Paul Newman, James Mason, Jack Warden y Charlotte Rampling.

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A pesar del éxito de sus películas y que las mismas recibieron más de 40 nominaciones a los premios de la Academia, Sidney Lumet nunca ganó un Oscar como director aunque fuera nominado en cuatro oportunidades. En el 2005, la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas le otorgó un premio honorario de la Academia, lo que en aquel momento sería reseñado en The New York Times, como un “premio de consolación para toda una vida de rechazos”.

En el 2007, en una entrevista grabada para acompañar el obituario que el periódico publicaría cuando muriera Lumet, se le preguntó cómo se sentía al ganar un premio de la Academia por fin, a lo que él respondió:

Yo quería uno, maldita sea, y yo sentía que lo merecía.

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Adiós, Holden

Salinger, en una de las pocas fotos que existen

Ayer murió, tan silenciosamente como había vivido por más de medio siglo, J.D. Salinger.

Sirvan las líneas que siguen como una suerte de despedida. Pertenecen a la traducción española de The Catcher in the RyeEl guardián entre el centeno, como le han puesto en nuestro idioma. En ellas, su protagonista, Holden Caulfield, nos cuenta la película que ve en un programa de variedades. Claro, desde las primeras páginas de la novela, Holden nos hace saber cuánto odia el cine (

Cuando acabó la cosa esa de Navidad, empezó una porquería de película. Era tan horrible que no podía apartar la vista de la pantalla. Trataba de un inglés que se llamaba Alec o algo así, y que había estado en la guerra y había perdido la memoria. Cuando sale del hospital, se patea todo Londres cojeando sin tener ni idea de quién es. La verdad es que es duque, pero no lo sabe. Luego conoce a una chica muy hogareña y muy buena que se está subiendo al autobús. El viento le vuela el sombrero y él se lo recoge. Luego va con ella a su casa y se ponen a hablar de Dickens. Es el autor que más les gusta a los dos. El lleva siempre un ejemplar de Oliver Twist en el bolsillo y ella también. Sólo oírlos hablar ya daba arcadas. Se enamoran en seguida y él la ayuda a administrar una editorial que tiene la chica y que va la mar de mal porque el hermano es un borracho y se gasta toda la pasta. Está muy amargado porque era cirujano antes de ir a la guerra y ahora no puede operar porque tiene los nervios hechos polvo, así que el tío le da a la botella que es un gusto, pero es la mar de ingenioso. El tal Alec escribe un libro y la chica lo publica y se vende como rosquillas. Van a casarse cuando aparece la otra, que se llama Marcia y era novia de Alec antes de que perdiera la memoria. Un día le ve en una librería firmando ejemplares y le reconoce. Le dice que es duque y todo eso, pero él no se lo cree y no quiere ir con ella a ver a su madre ni nada. La madre no ve ni gorda. Luego la otra chica, la buena, le obliga a ir. Es la mar de noble. Pero él no recobra la memoria ni cuando el perro danés se le tira encima a lamerle, ni cuando la madre le pasa los dedazos por toda la cara y le trae el osito de peluche que arrastraba él de pequeño por toda la casa. Al final unos niños que están jugando al crickett le atizan en la cabeza con una pelota. Recupera de golpe la memoria y entonces le da un beso a su madre en la frente y todas esas gilipolleces. Pero entonces empieza a hacer de duque de verdad y se olvida de la buena y de la editorial. Podría contarles el resto de la historia, pero no quiero hacerles vomitar. No crean que me lo callo por no estropearles la película. Sería imposible estropearla más. Pero, bueno, al final Alec y la buena se casan, el borracho se pone bien y opera a la madre de Alec que ve otra vez, y Marcia y él empiezan a gustarse. Terminan todos sentados a la mesa desternillándose de risa porque el perro danés entra con un montón de cachorros. Supongo que es que no sabían que era perra. Sólo les digo que si no quieren vomitar no vayan a verla.

Lo más gracioso es que tenía al lado a una señora que no dejó de llorar en todo el tiempo. Cuanto más cursi se ponía la película, más lagrimones echaba. Pensarán que lloraba porque era muy buena persona, pero yo estaba sentado al lado suyo y les digo que no. Iba con un niño que se pasó las dos horas diciendo que tenía que ir al baño, y ella no le hizo ni caso. Sólo se volvía para decirle que a ver si se callaba y se estaba quieto de una vez. Lo que es ésa, tenía el corazón de una hiena. Todos los que lloran como cosacos con esa imbecilidad de películas suelen ser luego unos cabrones de mucho cuidado. De verdad.

In memoriam, Éric Rohmer

Rohmer, inmortal

La noticia está por todos en la red, pero no por conocida es menos lamentable. Ayer nos dejó uno de los grandes de la Nouvelle Vague y del cine mundial, Eric Rohmer. Taciturno e introvertido, poco dado a la vida pública, su cine era apacible y sin estridencias, concentrado en los detalles y con el amor —o su ausencia—, como tema central.

También escritor, crítico y teórico, integró la plantilla legendaria de críticos en acaso la más brillante etapa de Cahiers du Cinema, a finales de los 50 y principios de los 60. En esa época, sus aportes contribuyeron a forjar la figura del director como el autor de la obra cinematográfica. Amante del cine hollywoodense, vio en Alfred Hitchcock, realizador de entretenidos, vertiginosos y taquilleros films, un paradigma del autor.

Hacer películas no es para mí un trabajo. Es una pasión, así como otros pueden tener la pasión por el juego, o por la pesca. Nunca sufrí decepciones con mis películas, y no tengo la impresión de haber fracasado con ninguna de ellas. Como buen discípulo de Alfred Hitchcock, es necesario que haya suspenso en cada uno de mis filmes. No me gusta que mis películas sean aburridas.

En su medio siglo de carrera, nos deja una obra prodigiosa. Tenía 89 años.

Marco Antonio Pérez Zurita “Pecos”, QEPD

Triste noticia: anoche falleció el productor Marco Antonio Pérez Zurita, mejor conocido como Pecos en el medio del cine venezolano. Sus restos son velados en la Funeraria Monumental del Cementerio del Este. El sepelio será mañana, sábado 25, en el mismo cementerio del Este, a las 10 y media de la mañana.

Desde aquí queremos hacer llegar nuestras palabras de pésame a sus familiares.

Descansa en paz, Pecos.

La última mutación de Michael Jackson

Michael Jackson, mutante

Michael Jackson, mutante

Michael Jackson hizo todo lo que estuvo a su alcance para escapar de esa prisión en la que todos estamos condenados a vivir y morir: nuestro propio cuerpo.

Por obra y gracia de las cirugías estéticas alcanzó la ilusión de convertirse en otro. El mayor artista pop de la historia hizo tantas versiones de sí mismo que, al final, difícilmente podía uno discernir cuál era la original, la verdadera. Fue su carne la materia prima de su obsesión por la transformación física. En su vida y en su arte, la metamorfosis fue, más que un tema, una obsesión.

Prácticamente no hubo video musical en el que no se convirtiera en otra cosa: en hombre-lobo, en zombie, máquina o ectoplasma. Dedicó todo un largometraje al tema de la mutación: en Moonwalker, lo mismo era pantera que automóvil de carreras que androide.En The Wiz interpretó al Espantapájaros, una transformación que remitía a su niñez perdida. Él mismo se identificaba con el personaje de Peter Pan –el niño que se negó a crecer– acaso como una forma de compensar la infancia que no disfrutó ni tuvo como niño prodigio. Logró su cometido, fosilizarse en una interminable infancia, pero debió pagar su precio: acusaciones de paidofilia, litigios, chantajes y demandas.

En su video musical Black and White, se valió de la entonces innovadora técnica del morphing para disolver digitalmente, las barreras que se alzan entre los hombres de diferentes tonalidades de piel. Más tarde, en su propia vida, intentaría lo mismo, aunque públicamente culpara al vitiligo de su inexplicable palidez.

Así como al bailar parecía desafiar las leyes de la gravedad, a diario retaba la decadencia natural de su carne. Su imagen, también difundida obsesivamente por los medios, parecía inmune al paso del tiempo. Nuevamente, gracias al bisturí, no envejecía: mutaba. Los partes sobre su batalla contra la mortalidad, a través de extravagantes tratamientos rejuvenecedores y extremas medidas higiénicas, por un momento nos convencieron de que realmente podía vencer la muerte.

Ayer ocurrió su última mutación. Fue su intento final y definitivo de escapar de su propio cuerpo. Tal parece que lo logró.