¿Para qué sirven los críticos?

Anton Ego , ¿para qué sirven los críticos?

Anton Ego , ¿para qué sirven los críticos?

¿Y la crítica? La pregunta se repite hasta el hartazgo y aún nadie termina de ponerse de acuerdo.

No obstante, yo he encontrado la respuesta en un fragmento del monólogo de Anton Ego, el reseco gastrónomo de Ratatouille. Al menos, es la respuesta que a mí me gusta, por su diáfana sencillez:

En muchos sentidos, el trabajo del crítico es fácil. Corremos muy pocos riesgos y sin embargo, disfrutamos de una posición sobre aquellos que ofrendan su trabajo y su ser a nuestro juicio. Nos esforzamos en la crítica negativa, que es divertida de escribir y leer.

Pero la amarga verdad que los críticos debemos enfrentar es que, en el gran esquema de cosas, la pieza promedio de basura es probablemente más significativa que nuestra crítica que así la designa. No obstante, hay ocasiones en que un crítico verdaderamente arriesga algo: en el descubrimiento y la defensa de lo nuevo.

El mundo es a menudo cruel con los nuevos talentos, con las nuevas creaciones. Lo nuevo necesita amigos…

Un crítico que no descubra ni defienda lo nuevo y se agote en la mera crítica negativa, divertida como dice Ego, pero facilona, no está cumpliendo con su papel. No merece llamarse como tal.

¡Feliz Navidad, 2010!

The Nightmare Before Christmas

The Nightmare Before Christmas

¡Creo que esta cosa de Navidad no es tan complicada como parece! ¿Sabes? Pero ¿por qué ellos deberían tener toda la diversión? ¡La Navidad no deberia pertenecerle a nadie! ¡A nadie, salvo a mí…! ¿Por qué? ¡Yo podría hacer un árbol de Navidad! ¡Y no existe ninguna razón por la que yo no podría tener una Navidad! ¡Apuesto a que hasta podría mejorarla! ¡Y eso es exactamente lo que voy a hacer!

Jack Skellington en The Nightmare Before Christmas

Arte y descargas, sobre el #Manifiesto

Técnicamente las páginas de enlaces no infringen la LPI (Ley de Propiedad Intelectual), pero no hay duda de que perjudican a los autores. Estos sitios aprovechan los vacíos legales de forma desleal y, en última instancia, dañan al autor. Creo que es competencia desleal. Además, sus responsables no se pueden escudar en que como los creadores no tienen un modelo de negocio claro, les da derecho a ofrecerlo ellos gratuitamente y sin remunerar al autor. Tampoco es cierto que la industria cultural no se haya sabido adaptar a la nueva realidad tecnológica. iTunes o Spotify son ejemplos de éxito de un modelo respetuoso basado en licencias.

El abogado Miquel Peguera, en El País de España. El diario publica un completo dossier sobre el tema.

Misión Apollo 11, en la Luna, 40 años después

Imagen de previsualización de YouTube

El primer estadounidense en el espacio no será un chimpacé. ¡Yo quiero pilotos de prueba!

Dwight D. Eisenhower, citado en The Right Stuff, adaptación cinematográfica del libro de Tom Wolfe, dirigida por Phillip Kauffman.

Hoy se cumplen 40 años de la llegada del hombre a la Luna, en la misión Apollo 11. Una buena excusa para visitar el canal de la NASA en Youtube y ver las filmaciones restauradas de aquel histórico evento.

Cine cubano, arte, libertad y revolución

Fotograma de Fresa y Chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea

Fotograma de Fresa y Chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea

Siempre hemos supuesto que en la revolución, en el socialismo, es donde el arte y los artistas debían encontrar toda la libertad y posibilidades del mundo, donde la imaginación encontraría un cauce sin fronteras de ningún tipo para expresarse, y que esto, además, sería válido para todos, estaría al alcance de todos sin más límite que el talento y la voluntad y disciplina para el trabajo. Y esa es la relación que yo creo que debe haber entre arte y revolución. Sólo agregaría que la libertad es también un ejercicio de responsabilidad. Hacer lo que me da la gana no es exactamente ser libre, también puede representar ser tonto. La libertad mal entendida es el reino de los pillos y los mercaderes.

Senel Paz, escritor y guionista cubano, autor del texto de Fresa y Chocolate, entrevistado por El Universal.

Cine, convicción y pesadillas

freddy-krueger.jpgEscribe en su blog el cineasta español Nacho Vigalondo:

Si llevar adelante una película que amas como a un hijo, y en la que te reconoces encuadre a encuadre, puede llegar a ser un suplicio, imaginen entregar una porción de tu vida no menor de dos años a un objeto que no te parece todo lo honesto ni todo lo convincente que crees que debería ser. Puede llegar a ser una pesadilla suicida.

¿Puede llegar a serlo?

Yo les puedo asegurar que lo es. Es un pesadilla suicida.

Hay situaciones inversas que resultan igual de pesadillezcas: aquellas en la que entregas la historia que amas como a tu hijo para que sean otros quienes decidan qué hacer con ella. Al final te devuelven un hijo al que a duras penas reconoces. Que apenas te gusta, que ya no quieres o, peor aún, del que te avergüenzas. Pero ese es tema para otro artículo.

A veces, algunas pesadillas son peores que otras. De unas, despiertas pronto. Otras, lo pesadillezco consiste precisamente en no poder despertar.

En el caso del cine, uno no despierta de sus más terribles pesadillas. O, en todo caso, al despertar, la pesadilla sigue allí, al pie de tu cama, con su borsalino roído, su rostro quemado y su guante con uñas como navajas.

El problema es que si el objeto no te parece todo lo honesto ni todo lo convincente que debería ser, lo más seguro es que al resto del mundo, empezando por tu equipo, tampoco le parezca. Y no hay peor pesadilla que una película en la que se trabaja sin convicción, por motivos que son ajenos por completo al hecho de hacer una película –como quizás no falte quien lea en la última frase una apología del trabajo cinematográfico voluntario, ad honorem, me apresuro a aclarar: llámenme comunista, pero soy de los que cree que todo trabajo debe ser debidamente remunerado. Si hay una pesadilla peor que un rodaje donde se trabaja sin convicción, esa es un rodaje donde además de no hacerlo por convicción, no te pagan.

Es la pesadilla ad honorem o no remunerada.

Pocas cosas tan difíciles en el proceso de realización de una película como trabajar con alguien que hace las cosas sin convicción, por salir del paso, porque ya ha cobrado, por puro compromiso, por cumplir la pauta. A veces, incluso, hay que lidiar con alguien o con muchos a quienes no sólo no les gusta lo que están haciendo, sino que realmente lo odian y hasta hacen lo imposible por no hacerlo. De esas situaciones, ten la seguridad de que no saldrá nada bueno. Ni siquiera honesto. Menos aún verdadero.

Y por mucho que uno trate de impostarlo, siempre la verdad y las intenciones de ocultarla se harán evidentes. Porque como dice Robert McKee en algún lugar de su manual sobre dramaturgia: en ese recuadro donde se proyecta la película, no hay lugar dónde esconderse.

(Ya sé que citar dos veces seguidas a Vigalondo es como mucho, pero es que la frase se las trae…)

Para rescatar las películas de superhéroes

superfeo.jpg

1.- No se mostrará el origen del superhéroe protagonista. De hecho, el primer fotograma debe de mostrarle ya uniformado, asestando un bofetón. A partir de ahí, la película tiene la opción de contar el origen del personaje, pero sólo a través de rótulos, tras los créditos finales.

32.- El superhéroe ha de estar disfrazado el 80% del metraje y peleándose el 75%.

68.- La pulsión criminal del villano será inexplicable…

104.- Si el héroe sufre un trauma emocional, el número de minutos invertido en la película a desarrollar y solucionar dicho problema ha de ser similar o menor que el número de minutos entregados a una pelea en la que haya una presencia decisiva de objetos gigantes (pasteles, jeringas, monedas, muñecos, trompetas).

Algunas de las reglas del “Libro de Estilo para el Rescate de las Películas de Superhéroes” de Nacho Vigalondo.

Sobre Tropa de Elite

El capitán Nascimento

>¿Es Tropa de Elite, de José Padilha, un filme fascista?

…es difícil interpretar la cinta de Padilha como un elogio de la brutalidad policiaca basándose solamente en las imágenes por lo que me pregunto si la indignación de esos reporteros no se debe a los prejuicios de la crítica que presume de progresista (casi toda). Es tan frecuente encontrarse con películas que son apenas un pretexto para que el director exponga sus ideas políticas que cualquier asomo de ambigüedad, sobre todo en lo relacionado a las libertades individuales, se transforma en un catalizador de paranoias. Habiendo tantos espectadores que entienden el cine como una extensión de la militancia es lógico que una película como Tropa de Elite, donde se esboza una situación compleja, en apariencia sin salida, y donde se omiten las moralejas, despierte tanta ira.

Contra el rancio moralismo de la izquierda, que divide a la gente en víctimas y verdugos, Tropa de Elite afirma que la capacidad humana para el sadismo va más allá de ideologías o niveles socioeconómicos. Tan grande es la crueldad de los narcos que en México queman vivos a los campesinos que se niegan a sembrar marihuana como la de los policías que fabrican culpables para llenar el expediente.

Marcos González Ambris en Profílmico.

Spike Lee responde: “No estamos en una plantación, Clint”

“Para empezar, él no es mi padre y ya no estamos en una plantación de algodón. Es un gran director. Él hace sus películas y yo las mías. Un comentario así no debería ofenderte, Clint. Vamos, Clint. Suenas como un hombre viejo y cabreado”. Traducción de El País de España de la respuesta de Spike Lee a los comentarios de Clint Eastwood.