Películas para entender a Jared Lee Loughner, el pistolero de Tucson, Arizona

Jared Lee Loughner

Jared Lee Loughner

Ha sido un fin de semana trágico en Estados Unidos. En Tucson, Arizona, Jared Lee Loughner, un joven perturbado de 22 años, abrió fuego en un encuentro con la legisladora demócrata Gabrielle Giffords. El saldo: veinte heridos, Giffords incluida, y seis personas muertas. Entre ellas, un juez y una niña de nueve años. La congresista se debate entre la vida y la muerte con una herida en la cabeza y el presunto perpetrador se encuentra bajo custodia policial.

Poco después de que se hiciera público el nombre de Jared Lee Loughner, autor de los disparos, comenzaron a aparecer por todos lados reportes sobre su identidad en las redes sociales. Pronto se supo que publicó inquietantes e incoherentes videos en su canal en Youtube, en los que su perturbación se hacía evidente. Los videos parecen obra de un alienado atrapado en un vericueto de delirios persecutorios, conspiraciones gubernamentales secretas, control mental y lavados de cerebro. Algún testigo lo describió como un personaje de Fringe, la serie de TV de J. J. Abrams.

The Manchurian Candidate

The Manchurian Candidate

Aunque bien mirado, Jared Lee Loughner parece responder a un personaje que Hollywood ha explotado en más de una película: el paranoico perseguido. Son los prisioneros de guerra que regresan de Corea al borde de la locura por persistentes pesadillas de The Machurrian Candidate o el torturado taxista, paranoico delirante extraviado en el laberinto de su propia conspiración de Conspiracy Theory. Hoy, Jerry Fletcher, el taxista paranoico interpretado por Mel Gibson, podría incluir a Jared Lee Loughner su su lista de magnicidas de tres nombres:

Los asesinos en serie sólo tiene dos nombres. ¿Te has fijado en eso? Pero los asesinos pistoleros solitarios, siempre tienen tres nombres. John Wilkes Booth, Lee Harvey Oswald, Mark David Chapman…

Con más introspección y menos sensacionalismo, Martin Scorsese, Paul Schrader y Robert de Niro abordaron el mismo personaje en Taxi Driver. Como el Raymond Shaw de The Manchurrian Candidate, el Travis Bickle de Taxi Driver también está destinado a perpetrar un magnicidio, impulsado por las oscuras, incomprensibles fuerzas de la paranoia.

Años después Scorsese incursionaría nuevamente en el laberinto de la paranoia con Shutter Island, protagonizada por Leonardo DiCaprio. Como en las películas antes mencionadas, también en Shutter Island, el sueño y la vigilia juegan un papel fundamental en la construcción dramática y en el desmoronamiento psíquico de su protagonista. En en The Machurrian Candidate eran las pesadillas recurrentes de los veteranos de Corea; o el insomnio pertinaz de Bickle en Taxi Driver; Teddy Daniels, protagonista de Shutter Island también ha perdido la capacidad de discernir entre la consciencia y el subconsciente, entre la realidad y el sueño.

Algo similar parece suceder en el caso de Jared Lee Loughner. En uno de sus video-textos publicados en YouTube, el joven escribe:

Todo los humanos tienen la necesidad de dormir.
Jared Loughner es humano.
Ergo, Jared Loughner necesita dormir.

Imagen de previsualización de YouTube

Seguidamente, Loughner desvaría sobre el sonambulismo y se define así mismo como sonámbulo. En otro video afirma que su actividad favorita es soñar de forma consciente y asegura enigmáticamente que la población de “soñadores conscientes” de los Estados Unidos no llega al 5 por ciento.

Fotografía de la reseña policial de Loughner

Fotografía de la reseña policial de Loughner

El atentado ha suscitado en los EE.UU. un debate sobre el discurso violento en la política. Algunas han señalado que perturbados como Jared Lee Loughner parecen explotar en tiempos de alta polarización política. Entre nosotros tuvimos a João de Gouveia, quien disparó al azar contra opositores al gobierno de Chávez en la plaza Altamira, durante los agitados días del Paro Petrolero de 2002-2003. En los 50 y durante la década de los 60, en los Estados Unidos, el discurso de confrontación entre radicales de los extremos políticos desembocó en los magnicidios de John Kennedy y de su hermano Robert, el de los dirigentes afroamericanos Martin Luther King y Malcom X o el intento de asesinato del gobernador racista George Wallace en 1972. Los diarios de Arthur Herman Bremer, autor del intento de asesinato, inspirarían el guión de Taxi Driver.

En los 80, en el clímax de la Guerra Fría y el discurso belicista reaganiano, las víctimas serían el mismísimo Ronald Reagan y el cantante John Lennon, asesinado por Mark David Chapman, un desequilibrado obsesionado con Holden Caudfield protagonista de la novela de culto The Catcher in The Rye, de Salinger. Sobre Chapman, se ha rodado una película, Chapter 27.

Loughner, en tiempos estudiantiles

Loughner, en tiempos estudiantiles

Loughner parece compartir con Chapman su afición a la literatura. O a la escritura, en todo caso, aunque no incluye The Catcher in the Rye entre sus libros favoritos. Los videos de Loughner están plagados de referencias al control mental por medio del control gramatical. Sus delirios, sin embargo, no son del todo descabellados ni su curiosa gramática es sólo fruto de su perturbación. Al parecer, Loughner es admirador de David Wynn Miller, ultraderechista opuesto al gobierno federal y al pago de impuesto, quien asegura haber creado una nueva gramática para defenderse de la intervención gubernamental en la vida de los ciudadanos.

Sobre el intento de magnicidio de Reagan, creo, no se ha rodado nada importante. No obstante, el suceso estuvo relacionado estrechamente con el cine, y no sólo porque Reagan fuera actor. Si el intento de asesinato de Wallace inspiró Taxi Driver, con Reagan ocurriría lo contrario: la película inspiraría a John Hinkley a cometer su crimen. Como Travis Bickle, quien trata de asesinar a un candidato presidencial para impresionar a Betsy (Cybill Shepherd); Hinkley trataría de matar a Reagan para impresionar a Jodie Foster, también protagonista de la película de Scorsese.

The Parallax View

The Parallax View

Las convulsiones políticas de los 50 y 60 también inspirarían la llamada Trilogía de la Paranoia Política de Alan J. Pakula. Particularmente, The Parallax View, protagonizada por Warren Beaty y cuya estructura dramática sigue a pie juntillas las convenciones de las historias sobre paranoicos perseguidos que, convertidos en una pieza de un engranaje conspirativo, terminan convertidos en magnicidas en contra de su voluntad.

Jared Lee Loughner, por su parte, parece ser productor del discurso violento que priva en la diatriba política estadounidense actual, potenciada en los últimos años por el fenómeno antigubernamental del Tea Party, de que muchos dirigentes radicales republicanos, empezando por Sarah Palin, se han aprovechado. Pero en sus videos, Loughner añade a la conspiración política, un nuevo elemento: el económico. Loughner hace referencias a la creación de una nueva moneda como factor de control gubernamental. La idea, aunque delirante, también puede ser tomada como una referencia cinematográfica. ¿Acaso se trata de una referencia directa a las teorías económicas conspirativas expuestas en los falsos documentales Zeitgeist?

Lo económico no es la única novedad en el caso de Loughner. También está el tema de las redes sociales. Loughner acaso sea, sino el primero, el más notorio magnicida en usar las redes sociales y la tecnología digital para difundir su “pensamiento”, en un ambiente de confrontación política amplificada asimismo por Internet. Puede que sea el mejor, aunque no menos trágico ejemplo, del Magnicida 2.0. Fue en una página de MySpace donde anunció lo que haría. A las 5:00 am del sábado, escribió:

Adiós. Queridos amigos. Por favor no se molesten conmigo.

No encontré un perfil suyo en Facebook. Si lo tuvo, quizás ya lo hayan tumbado. O quizás puede que la ausencia de su perfil en Facebook sea una de sus características más relevantes de los nuevos magnicidas: no tienen muchos amigos. Ni siquiera, virtuales.

Leer más | Lista de películas sobre conspiraciones

Canino (Kynodontas – Dogtooth), brutal economía narrativa

Kynodontas (Canino - Dogtooth), de Giorgos Lanthimos

Kynodontas (Canino - Dogtooth), de Giorgos Lanthimos

Bien sabido es que la represión sexual conduce, o se manifiesta como neurosis en última instancia. Y que la neurosis ancla al individuo en el pasado. En un pasado idealizado que nunca fue. De alguna manera, la neurosis es pues, reaccionaria. El neurótico es alérgico al cambio, a la innovación, a la juventud, a la evolución. Por eso se encierra física y psíquicamente en sí mismo. En ese único lugar que no cambia, que se mantiene incólume, inalterado, que es su propio yo. Su yo pretérito. Ese que imagina, alguna vez fue.

Kynodontas (Canino —o Incisivo) del realizador griego Giorgos Lanthimos —acaso una de las mejores películas estrenadas el año pasado— es un inusual retrato cinematográfico de la neurosis moderna y sus consencuencias.

Kynodontas (Canino - Dogtooth), de Giorgos Lanthimos

Kynodontas (Canino - Dogtooth), de Giorgos Lanthimos

Siempre resulta sorprendente cómo en el cine, menos es más. Seis personajes, un par de locaciones y una total economía narrativa y visual, bastan para crear no sólo un mundo retorcido y surrelista; sino además la metáfora satírica de un moralismo totalitario, del paternalismo, la represión sexual o del nacionalismo. Porque allá en el fondo, Kynodontas también es una crítica corrosiva y feroz del movimiento antiglobalización, del patriotismo, del conservadurismo. En fin, inserte usted aquí el “ismo” de su preferencia.

Afiche del film Kynodontas (Canino - Dogtooth), de Giorgos Lanthimos

Afiche del film Kynodontas (Canino - Dogtooth), de Giorgos Lanthimos

Desde luego, la mayoría de todas estas cosas ni siquiera están sugeridas o implícitas en la trama. La historia es sencilla: un padre, autoritario y violento, mantiene confinados a sus tres jóvenes hijos (un muchacho y dos chicas) y a su esposa, para mantenerlos alejados de la perversión del mundo exterior. A los jóvenes les ha inventando un hermano imaginario, condenado al ostracismo por su desobediencia. Los tres viven bajo un régimen —¿educativo?— que los reduce al nivel de bestias, de animales, de perros. Es un mundo misógino, machista y brutal. En este mundo regido por el miedo, la violencia, la ignorancia, donde a cada nueva palabra se le asigna un significado distinto, sólo entra muy de vez en cuando Cristina, una vigilante encargada de satisfacer las urgencias sexuales del hijo varón. Pero con Cristina también entran las “amenazas” del mundo exterior y pronto la situación se sale de control. La violencia y las perversiones no demoran en aparecer. Y todo, con un trasfondo de pulsiones sexuales en ebullición.

Es muy desconcertante cómo la película oscila —o nos hace oscilar— entre la hilaridad y el terror más puro, prácticamente sin solución de continuidad. Desconcierta, si. Asusta, también. Provoca risa, sí, pero risa nerviosa.

Lo curioso es que para contar esta fábula terrible y graciosa al mismo tiempo, Lanthimos se vale de una puesta en escena descarnada, desnuda, cercana al conceptualismo. Fría, a primera vista; poco a poco se revela despiadada. Una narrativa, a ratos, sutil. Pero de repente y sin previo aviso, explícita. Tan explícita que sacude al espectador desprevenido. Sus encuadres, fijos, en más de una oportunidad, decapitan personajes, reduciéndolos a meros cuerpos sin identidad. Cuerpos, despersonalizados, desalmados. No-gente.

Mary Tsoni, Hristos Passalis y Aggeliki Papoulia, protagonistas de Kynodontas (Canino - Dogtooth), de Giorgos Lanthimos

Mary Tsoni, Hristos Passalis y Aggeliki Papoulia, protagonistas de Kynodontas (Canino - Dogtooth), de Giorgos Lanthimos

Desde luego, esta composición no sería posible sin el extraño, pero extraordinario, trabajo del sexteto de actores. Sobre todo, por el trabajo de los encargados de interpretar al trío de jóvenes —Mary Tsoni, Hristos Passalis y Aggeliki Papoulia— devenidos en bestias humanas. Son actores interpretando los animales escondidos dentro de esos cuerpos: perros, gatos , peces, aves. Una vez más: no-gente.

Kynodontas es una rara avis en el panorama cinematográfico actual. Con una puesta en escena finamente balanceada entre lo sutil y lo explícito, que le saca el máximo provecho a la economía narrativa y con un arriesgado y valiente trabajo actoral; es una despiadada metáfora de la represión sexual y sus secueles, de la neurosis del hombre moderno, pero también el retrato de la sociedad cuando es sometida por el miedo y la ignorancia.

Kynodontas | Trailer

Imagen de previsualización de YouTube

Kynodontas | Trailer (NSFW)

Hitchcock también era más libre en la TV

Alfred Hitchcock

Alfred Hitchcock, libertad en la TV

Acaso exageramos cuando dijimos, días atrás, que la gran renovación del formato de las series de TV había ocurrido a partir de Twin Peaks, de David Lynch. Bueno, no sólo nosotros exageramos. También, probablemente, Scorsese.

Ya en 1957, en la famosa entrevista que le hizo Pete Martin, Alfred Hitchcock hablaba de la libertad creativa que le permitía la televisión, impensable en el sistema de estudios de Hollywood. Y mucho ojo a la conclusión del viejo Hitch sobre la satisfacción de los espectadores, al final de su razonamiento:

Nunca he pensando que mis películas fueran productos fundamentalmente comerciales. No obstante, normalmente he tenido que enfrentarme a la firme insistencia por parte de los responsables de los estudios para los que he trabajado de que la historia terminase bien. En esta comunidad, si uno no concluye las películas con lo que se ha dado en llamar un final feliz, incurre en un pecado imperdonable, se convierte en lo que Hollywood llaman “un aguafiestas”. Si bien en círculos cinematográficos se niega acaloradamente que el espectador medio tenga una inteligencia equivalente a la de un quinceañero, y aunque toda una serie de personas del mundillo da por supuesto que la televisión es sólo para retrasados mentales, la verdad es que a los que hacemos películas para televisión se nos permite indistintamente terminar o no las historias con un final feliz. Así pues, a pesar de las quejas de algunos guionistas televisivos, disponemos de más libertad en la TV de la que se nos concede en el cine. Quizás esto sólo demuestre que la gente está dispuesta a aceptar un tipo de entretenimiento más maduro cuando no tiene que pagar por él. Puede que tenga la impresión de que cuando paga por ve runa película ha comprado el derecho a salir de ella sintiéndose satisfecha.

Alfred Hitchcock produjo y presentó entre 1955 y 1965, dos series de televisión, Alfred Hitchcock presents y The Alfred Hitchcock Hour. Quizás ustedes alguna vez hayan escuchado la inquietante canción de presentación:

Imagen de previsualización de YouTube

La serie pronto alcanzó un inusitado éxito, no sólo por las historias macabras, sino también por la personalidad arrogante y desdeñosa del anfitrión, Hitchcock mismo, quien no perdía oportunidad de ridiculizar a sus patrocinadores. Interrogado sobre el particular, responde:

Sospecho que a los patrocinadores les gusta que no me muestre obsequioso, aunque al principio les costara habituarse a ello y se sintieran ofendidos por algunos de mis comentarios menos respetuosos. Sin embargo, en cuanto se dieron cuenta, tras echar un vistazo a sus cifras de ventas, de la repercusión comercial de mi menosprecio, dejaron de cuestionar mis puyazos. Hay que reconocer que les costó lo suyo acostumbrarse. La tradición manda que el patrocinador sea el niño mimado de la casa. En semejante ambiente yo era una novedad.

De Hollywood a Chollywood, ¿será China la nueva potencia cinematográfica mundial?

A woman, a gun and a Noodle Shop

A woman, a gun and a Noodle Shop

Hace poco publiqué en Twitter un enlace a una curiosa nota publicada por The Guardian. En la pieza se hablaba del remake chino de Blood Simple, ópera prima de los hermanos Coen, que había sido realizado por el veterano realizador Zhang Yimou. Ambientada en la polvorienta provincia de Gansu en la antigua China feudal, el film fue aclamado en el pasado festival de Berlín y ha sido un éxito de público en China. Se titula A Woman, A Gun and a Noodle Shop.

Pero más allá de la curiosidad de ver un remake “al revés”, la nota del diario británico pone de relieve las implicaciones económicas del asunto. Con una población de casi dos millardos de habitantes y una economía capitalista en pleno florecimiento, existen no pocas probabilidades de que el gigante asiático desplace a Hollywood como la potencia cinematográfica mundial en un futuro no muy lejano. Más aún, apunta el artículo, cuando la economía estadounidense está técnicamente en bancarrota.

Blood Simple tampoco es el único remake de una película americana realizado para las vastas audiencias chinas. Se sabe que se está desarrollando una adaptación de la comedia romántica What Women Want, protagonizada por Gong Li y Andy Lau, por ejemplo. O allí está el caso de High School Musical: China. Por otra parte, China también podría convertirse en la fuerza financiera de muchas películas de un Hollywood moribundo. Allí está el ejemplo del remake de The Karate Kid, un proyecto de un estudio de Hollywood financiado por China Film Group Corporation, la empresa estatal cinematográfica china.

¿Alguien sabe de algún curso barato de mandarín?

A Woman, A Gun and a Noodle Shop | Trailer

Imagen de previsualización de YouTube

Martin Scorsese y la televisión: ¿es la TV el futuro del cine?

True Blood

True Blood, el vampirismo bien tratado

Puede que sea seguro decir que ésta ha sido la década de la televisión. De la televisión por cable, al menos. La renovación creativa que comenzó a finales de los 90′s con Twin Peaks, de David Lynch, se ha extendido y consolidado con series como Los Sopranos, House MD., Six Feet Under y más recientemente, True Blood, Dexter, Mad Men o The Wire, —el Citizen Kane de las nuevas teleseries. Y esas, tan sólo por nombrar un puñado y sin contar The Office, Entourage, Weeds o, bueno, Lost —¿creían que se me olvidaba? O las series documentales de vanguardia de Adam Curtis, como The Power of the Nightmares o The Trap.

Weeds

Weeds, una serie impensable en los 80's y 90's

El asunto no se agota en el mero éxito que estas series que puedan tener, sino en sus aportes al lenguaje cinematográfico. Cuando las películas de Hollywood (y el cine de buena parte del mundo), por imposiciones económicas (de distribución y exhibición) se vuelven cada más conservadoras —por no decir que se infantilizan, se hacen cada vez más pueriles— temática, moral, política, estética, dramática y narrativamente; los productores, realizadores y escritores de teleseries parecen contar con mayor libertad para tomar riesgos artísticos.

No sólo tratan temas adultos con mayor desparpajo e incorrección que Hollywood en sus películas, sino que se atreven dinamitar la forma y la estructura dramática con narrativas no lineales, deconstrucciones espacio-temporales y hasta surrealismo (elementos todos presentes en Twin Peaks, valga decir). Hay capítulos de House que bien podrían haber sido dirigidos por el Alain Resnais de El año pasado en Marienbad. Los Sopranos incluía capítulos que habrían sido aprobados vigorosamente por Buñuel. True Blood no parece otra cosa que la respuesta televisiva a la saga cinematográfica de Twilight.

(Aunque, la verdad sea dicha, también resulta curioso comprobar que el florecimiento del seriado televisivo coincide con el auge de la popularidad de la anti-ficción y la anticreatividad: la televisión realidad o reality TV. A pesar de esto, tampoco es de extrañar que la apreciación cinematográfica de un televidente aficionado a las series de ficción, a las buenas series, esté al mismo nivel que el del más empedernido amante del cine de arte y ensayo).

Todo lo anterior es un reto formidable para el cine contemporáneo de vanguardia: ¿qué —y de qué manera— mostrar que la televisión no haya mostrado y popularizado ya? En cuanto a actores, realizadores y escritores, puede que las teleseries sean una buena vía de escapa a la rigidez de la industria hollywoodense. Para empezar, los sueldos no son nada desdeñables, si hemos de darle de crédito al artículo publicado por TV Guide y que Hernán Casciari reproduce en Espoiler.

Martin Scorsese

Martin Scorsese

Por su parte, la lista de productores, directores y escritores que incursionan en la TV no cesa de crecer. Y Martin Scorsese ha sido el último en sumarse a la tendencia.

El autor de Taxi Driver y Ranging Bull se encuentra desarrollando para la cadena HBO, Boardwalk Empire, una serie sobre los años de la Prohibición (de alcohol) en los Estados Unidos. Scorsese desarrolla la serie conjuntamente con Terence Winter (Los Sopranos) y dirigirá el capítulo piloto, pero no descarta dirigir otros episodios más. El director de clásicos del cine criminal como Godfellas, Casino y Gangs of New York, dice haberse sentido siempre fascinado por los grandes jefes criminales de la época de la Prohibición, como Capone o Luciano:

Para mí fue una oportunidad para encuadrar ese mundo y comprobar cómo los personajes interactuaban en ese momento.

Sobre su decisión de incursionar en la televisión, Scorsese explica:

Lo que ha pasado en los últimos 9 o 10 años, sobre todo en HBO, es lo que habíamos esperado que sucediera en los años sesenta con las películas realizadas para la televisión. Esperábamos que hubiera este tipo de libertad y también la posibilidad de crear otros mundos y otros personajes en historias de largo aliento. Eso no sucedió en los años setentas, ochentas y en la década de los noventas, creo.

¿Es la televisión, sobre todo, la televisión por cable y sus variantes (léase: Internet) el futuro del cine? ¿Cuáles son a su juicio las series más vanguardistas de los últimos años? Sus opiniones y comentarios son bienvenidos.

Boardwalk Empire | Making Of

Imagen de previsualización de YouTube

Vía | Deadline Hollywood

Arte, sexo, violencia y censura (II): el escándalo de “Fatty” Arbuckle

Fatty Arbuckle, cabeza de turco del moralismo estadounidense

Esta es la segunda entrega de una serie de artículos sobre la censura de obras artísticas (sobre todo, gráficas y cinematográficas) como una forma de prevenir conductas violentas o sus (supuestos) efectos nocivos. No se trata de un estudio, sino simplemente de poner en perspectiva el asunto. Pueden leer la primera parte aquí  

La historia es muy conocida. Se trata quizás del primer gran escándalo de Hollywood y constituyó la coartada perfecta para redactar y aplicar un estricto código de censura que regiría durante décadas la producción cinematográfica estadounidense.

El 5 de septiembre de 1921, en las habitaciones 1219, 1220 y 1221 del hotel Saint Francis, en San Francisco, tenía lugar una fiesta salvaje. El licor, ilegal entonces, corría a raudales y la música y las risotadas alborotaban los pasillos.

El anfitrión era el inmenso y talentoso Roscoe “Fatty” Arbuckle. Considerado el comediante más importante del cine de entonces, era la estrella mejor pagada. Se había abierto camino hacia el estrellato desde una infancia miserable y ahora firmaba contratos millonarios. Había sido el mentor de Charles Chaplin y Buster Keaton entre otros actores y comediantes. Era dueño de una melodiosa voz y de una agilidad inusitada para un hombre tan voluminoso. También era un extraordinario bailarín. Y, a pesar de todo, se decía, era muy tímido con los mujeres.

Esa noche, Arbuckle encontró tendida en el baño de su habitación a una de las invitadas a la fiesta. Se llama Virginia Rappe y era aspirante a actriz. Era una mujer de salud delicada. Sufría de problemas renales, había tenido varios abortos recientes. Su precaria salud se resentía con sus afición a la bebida, aún más cuando el alcohol destilado clandestinamente solía ser de muy mala calidad, y con su estilo de vida, de fiestas interminables y promiscuidad.

Rappe fue examinada por el médico del hotel, quien no le diagnosticó nada de importancia. No obstante, al cabo de un par de días, su salud empeoró y falleció.

Allí comenzó el fin de la exitosa carrera de “Fatty” Arbuckle. Otra de las invitadas a la fiesta, Bambina Maude Delmont, acusó al comediante de haber violado a su amiga Virginia. El representante de Delmont, Al Semnacker, posteriormente también le acusaría en una rueda de prensa de haber violado a Virgnia con un pedazo de hielo.

El detalle hizo salivar a los reporteros más sensacionalistas de la época. Pronto, el pedazo de hielo se transformó en una botella de Coca-Cola. Luego, en una de champagne. En realidad, Arbuckle había frotado con hielo el estómago de Rappe para calmar su dolor; y Delmont y su agente sólo buscaban extorsionar a una de las estrellas más adineradas de la época.

Arbuckle sería exonerado de todos los cargos en tres juicios sucesivos. A pesar de que en el último de los juicios, el jurado redactó una apología para el comediante —algo sin precedentes en la historia de la justicia estadounidense—, su vida y su carrera quedarían arruinadas para siempre.

Uno de los responsables fue el editor periodístico William Randolph Hearts, quien le sacó el jugo al caso en su cadena de diarios amarillistas, publicando noticias exageradas con lujos de detalles escabrosos. Como el mismo editor diría luego, desde el hundimiento del RMS Lusitania por parte de un submarino alemán, sus periódicos no se vendieron tanto como en los días del escándalo de “Fatty” Arbuckle. ante el escándalo, el público le dio la espalda al comediante.

El otro gran responsable de la debacle del actor se llamaba Will H. Hays. Republicano y mojigato, y era el presidente de la Motion Pictures Producers an Distributors of America —un eufemismo para comité de censura. Seis después de que Arbuckle fuera absuelto de los cargos, Hays le prohibió trabajar en toda película producida en los Estados Unidos, pidió que sus presentaciones fuesen canceladas y muchos exhibidores destruyeron las copias de las comedias del actor.

Aunque Hays invocó razones morales —o mejor dicho, moralistas— para justificar su veto, en realidad quería usar el caso como coartada para resolver un problema económico que traía de cabeza a los magnates de los estudios…

Fatty en Coney Island | Cortometraje

Imagen de previsualización de YouTube

Arte, sexo, violencia e infancia, una breve reseña sobre la censura (I)

¿Se han preguntado de dónde viene la idea de que una obra de arte, o del entretenimiento, puede incidir negativamente en la conducta humana? ¿No? Bueno, vayan a prepararse su bebida favorita porque la respuesta va a ser larga. No, no la pienso publicar toda hoy, para darle un poquito de suspense al asunto.

Pero para engancharlos, les adelantaré que tiene todos los ingredientes inherentes a toda buena historia: asesinos y muertes, escándalos y periodistas sensacionalistas, gentes de clases altas e individuos de la peor calaña, políticos santurrones y cruzados contra el crimen, súper héroes, psicópatas, psiquiatras, orgías, sacerdotes católicos…

Antecedentes: de la manzana de Adán al negocio del cine

Puestos a trazar el origen de tal idea, quizás debamos remontarnos al lbro de Génesis mismo, en el Viejo Testamento, cuando en lo que acaso sea la gran primera acción de censura conocida en la historia del cristianismo, a Adán y a Eva se les prohibe comer el fruto del árbol del bien y el mal, el árbol del entendimiento.

Estoy seguro de que todos saben cómo se desarrolla y cómo termina el cuento, de modo pues que voy a saltarme unos cuantos párrafos, y como este es un blog de cine, no de teología (aunque esta discusión tendrá mucho de religiosa), voy a ir directo al grano, al tema que nos interesa: la justificación de la censura de toda obra de arte (o del entretenimiento) para evitar su (supuesta) nociva influencia en la juventud (principalmente).

Remontémonos entonces a la génesis del ate cinematográfico, a principios del siglo XX.

En 1913, el gobierno estatal de Ohio (EE.UU), constituyó una comisión de censura encargada de revisar y aprobar las películas que serían exhibidas en el estado. Los distribuidores y exhibidores debían también pagar porque sus films fuesen aprobados (o, en todo caso, revisados). De paso, el comité tenía la potestad de ordenar la detención de todo aquel que exhibiese alguna película no censurada previamente.

Pronto, una distribuidora cinematográfica, la Mutual Film Corporation recurrió la decisión por vías legales. Aquel comité no sólo atentaba contra la libertad de expresión protegida por la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense, sino que además violaba varias cláusulas de comercio. El caso llegó hasta la Corte Suprema y en 1915 se dio a conocer el veredicto: que la exhibición de películas era simple y llanamente, un negocio y que por lo tanto, no estaba protegido por la Primera Enmienda.

En el texto de aquella decisión judicial, ya se hacia ver que las películas podían ser usadas con fines malignos y que por tal motivo, no podía desestimarse la aplicación de su censura previa.

La decisión judicial abonaría el terreno para lo que vino después…

Precious, una emotiva mirada a la discriminación y la pobreza [Oscars 2010]

Mariah Carey, irreconocible en Precious

Quienes siguen las actualizaciones de BlogaCine vía Twitter, seguramente saben lo mucho que me ha gustado Precious, el nuevo film de Lee Daniels.

Precious, based on a novel by Saphire, se dio a conocer al ganar el máximo premio del Festival de Sundance en 2009. Entonces, se llamaba Push, pero este título coincidía con el de una película de corte comercial. Fue después de aquel triunfo que Oprah Winfrey —una de las mujeres más poderosas de la industria del entretenimiento estadounidense— tomó la película bajo sus alas y la condujo directamente a dónde ha llegado hasta hoy: al Oscar. Son seis sus nominaciones, incluyendo mejor película, mejor director, mejor actriz principal y secundaria, mejor guión adaptado y mejor edición.

La cinta, cono ya desde su título aclara, está basada en la novela Push, de mediados de los 90, escrita por una educadora y ahora escritora llamada Sapphire. Desde la publicación de Push, Sapphire había rechazado reiteradas ofertas de distintos directores y productores para llevar su novela al cine. Había rechazado incluso una oferta de Lee Daniels. Pero con el correr del tiempo y después de ver los primeros trabajos de Daniels (Shadowboxer) decidió aceptar.

Este poderoso y emocional melodrama está protagonizado por la primeriza Gabourey Sidibe (en el papel de Precious), la comediante Mo’Nique (en un escalofrianterol dramático), Paula Patton, y los cantantes Mariah Carey y Lenny Kravitz. Sí, yo tampoco supe que eran ellos hasta que, temprano, me puse a investigar un poco en Internet para escribir este post. La ver la película, me parecieron conocidos aunque no los pude ubicar. Tampoco pensé mucho en ello, absorbido por la trama, los personajes y las magníficas interpretaciones.

Y eso quizás sea el principal logro de esta cinta: las soberbias actuaciones. Tan poderosas son, que los actores desaparecen por completo detrás, dentro o en sus personajes. Se disuelven. El diario The Guardian, por ejemplo, le pidió a Risthardh Hare, un trabajador social, juzgar la encarnación que hace Carey de alguien que ejerce su misma profesión.

Esta fue su conclusión:

Antes de ver el film, era un poco cínico acerca de la manera en la Hollywood mostraría a los trabajadores sociales en pantalla. No obstante, a diferencia de ciertas telenovelas británicas, donde se nos muestra como personajes carentes de emoción, Precious podría darle a las gente una mejor idea de las cosas que tenemos que afrontar, el duro trabajo que tenemos que hacer, y el hecho de que los trabajadores sociales tenemos sentimientos —a pesar de que en la vida real tenemos que esconderlos.

Precious describe la terrible odisea emocional de una adolescente afroamericana en el Harlem de finales de los 80. Embarazada por su padre, quien la viola repetidas veces con consentimiento de su madre, —su primera hija, con Síndrome de Down (a quien llama “mongo”) es consecuencia de la violación—, obesa y discriminada por sus compañeros de clase y extraños por no encajar en los patrones de belleza que imperan en la actualidad, pobre, iletrada y víctima del continuo abuso físico y verbal de su madre, Precious se aferra a las pocas alternativas que se le presentan para salir adelante y dejar atrás el infierno de su vida.

Es un melodrama, sí, pero no en el sentido peyorativo que se le suele dar al género, sino en su concepto más puro. Me explico. Un melodrama no tiene que ser cursi, kitsch o exagerado. El DRAE incluso recoge esa acepción, que a mí me parece errada: suena más bien como descripción de la parodia del melodrama, como ciertas cintas de Pedro Almodóvar. Yo encuentro que el melodrama es un género tan respetable como la comedia, el terror o el thriller, en su objetivo de despertar una fuerte respuesta emocional en el espectador. Precious es un excelente ejemplo de un buen melodrama.

El film se estrena hoy en las salas de cine de Venezuela. Vayan a verla y vengan a comentarla. Me interesa mucho leer sus opiniones.

Precious | Trailer

Imagen de previsualización de YouTube

Éxitos y fracasos

Trampa 22


Era un hombre que a nadie sino a sí mismo debía su falta de éxito en la vida.

Lo anterior es una cita de Trampa 22 de Joseph Heller y se refiere a uno de sus más desternillantes de sus personajes, el coronel Cargill, un pelirrojo violento y adulador que había sido gerente comercial antes de la guerra y cuya mayor virtud es su ineptitud infinita. No existía peor gerente en el mundo de lo negocios. Pero era muy eficiente en su ineptitud y tenía fama de ser el mejor a la hora de quebrar una empresa de la forma más rápida y segura. Sus servicios eran muy solicitados por empresarios que necesitaban arruinar sus empresas para evadir los impuestos sobre las utilidades. Sus honorarios eran elevados porque, según decía el coronel, el fracaso era tan difícil de alcanzar como el éxito.

El coronel Cargill podía ufanarse de ser uno de los más exitosos fracasados del mundo.

Recordé a Cargill al leer el número de enero de la revista Wired. Está dedicado en su mayor parte al fracaso. O, para ser más precisos, a responder la inquietud sobre cómo fracasar con éxito. En varios artículos analiza casos de fracasos convertidos en rotundos éxitos y viceversa. Hay un largo reportaje dedicado a la distorsionada noción de fracaso de los científicos en su trabajo de investigación y experimentación.

Hay otro trabajo dedicado a un éxito que se convirtió en un fracaso interminable de más de una década y en un derroche de millones de dólares: el desarrollo de la continuación del exitoso juego de video de mediados de los 90, Duke Nukem. Otro artículo está dedicado a una idea que fue percibida como un fracaso en su momento, pero que con el correr de los años ha revelado su verdadera dimensión: el cloud computing de Oracle.

Además, algunos famosos cuentan cómo enfrentaron sus fracasos para convertirlos en experiencias exitosas. Alec Baldwin cuenta cómo, de fracaso en fracaso, ha podido labrar una carrera actoral exitosa. Terry Gillian, por su parte, cuenta su mayor fracaso (no, no fue su Quijote), sino un fracasado montaje teatral en su adolescencia, en un campamento infantil.

Fue una de esas veces en la que mi ambición sobrepasa mis aptitudes de organización… Esa es probablemente la cosa que más me ha producido pesadillas en mi vida. Aquel fracaso fue tan doloroso, tan vergonzante, tan impactante, que me dejó las únicas cicatrices reales que llevo en mi interior. Creo que es la razón que me hace asumir los proyectos hoy en día de una forma tan tonta., porque no quiero sentir eso que sentí en esa oportunidad. Sigo en los proyectos hasta que la cosa completa se viene abajo. Pero al menos, esta vez no será por mi culpa.

De modo pues que todo parece indicar que tanto el éxito son una mezcla de distintos factores. A veces es una cuestión de oportunidad y circunstancia. Trampa 22 se convirtió en un best seller una década después de su publicación. Tuvo que estallar otra guerra, la del Vietnam, para que la novela cuya trama antibélica transcurre en la II Guerra Mundial, se vendiera como pan caliente y Hollywood la adaptara.

Otras veces, como en el caso de Terry Gilliam, el fracaso se deriva de una ambición excesiva. O quizás, de la obsesión por la perfección, como sucedió con el desarrollo de Duke Nukem. Hay gente que, en su ánimo perfeccionista, nunca termina sus obras (a veces, ni siquiera las comienza) y, si algún día concluyen, resulta un fracaso sencillamente porque ya han dejado atrás su oportunidad. Michael Douglas interpreta en Wonder Boys, a un escritor y profesor universitario que se refugia en la reescritura interminable de una novela para escapar de su desastroza situación personal. Muchas veces, el perfeccionamiento termina convirtiéndose en un fin en sí mismo, como el coronel Aureliano Buendía y sus peces de oro.

De vez en cuando, el miedo al fracaso se convierte en el camino más expedito hacia, precisamente, el fracaso. Le suele pasar a los hípercríticos de la obra ajena que, aterrados ante la posibilidad de que la suya sea criticada con igual saña, nunca llegan a producir nada.

Un éxito descomunal demasiado pronto puede llegar a paralizar, al punto de acabar con prometedoras carreras. One hit wonder, le dicen los norteamericanos: maravillas de un sólo éxito. También le ocurre al personaje de Douglas: la reescritura de la novela se transforma en su manera de aplazar el momento de la publicación —que será también el momento de descubrir si está a la altura de su exitoso debut como escritor, siete años antes, cuando era considerado un wonder boy de la literatura.

De alguna manera, es lo que parece haberle sucedido a J.D Salinger después de The Catcher in the Rye, cuyo éxito lo lanzó a una vida de reclusión, silencio y anonimato. O a Orson Welles, quien nunca pudo repetir el éxito artístico de Citizen Kane. Hay artistas que, lo sabemos, no harán una segunda obra después por culpa del éxito de su primera. Shane Black, el guionista de Lethal Weapon hizo millones a los 26 años y sólo 10 años después, pudo recuperarse del shock y volver a escribir.

En el mundo del cine, donde todo es relativo y cuestión de gustos, incluso las mismas nociones de éxito y fracaso, se corre aún más el peligro de la parálisis creativa. Ya está visto que, como el coronel Cargill, uno puede ser exitoso incluso siendo un fracasado. Como dice Baldwin, lo importante es seguir jugando. Por eso acaso lo más importante sea avanzar, avanzar y nunca retroceder ni detenerse. Como le pasa a los tiburones, la obra que se detiene, se hunde. Se muere.

“No parece española”, Welovecinema.es analiza el desencuentro del público español con su cine

La frase “esa película es muy buena, no parece [insertar aquí el país de su preferencia]” es quizás la más representativa del desencuentro del público con sus propias cinematografías. La escuchado referida al cine colombiano y al chileno, al venezolano, desde luego y, sobre todo, al español. No obstante, nunca he escuchado a un argentino decirla. Tampoco a un mexicano. Y, menos, a un cubano.

Sigue leyendo

Avatar, más allá de la última frontera

Avatar, un boceto para el video juego

Avatar, un boceto para el video juego

A finales del siglo pasado, en la primera clase práctica de foto subacuática que tuve mientras estudiaba cine, los instructores nos hicieron una seria advertencia antes de nuestra primera inmersión:

Abajo (es decir, bajo el agua, en el mar) no deben tocar nada. Todo pica, muerde, quema, electrocuta, corta, irrita, razguña, lastima y asusta. Por muy bonito que sea, por muy pacífico que parezca, no se les ocurra tocar nada. Absolutamente NADA.

Quienes ya hayan visto Avatar (y quienes no la hayan visto, por favor dejen de leer en esta línea, porque puede que revele detalles importantes de su trama), las advertencias de Jorge Soliño, nuestro instructor de buceo, se les antojaran muy parecidas a la introducción que el coronel Miles Quaritch (Stephen Lang) le hace al, recién llegado, cabo Jack Sully (Sam Worthington).

Sigue leyendo

Arte y descargas, sobre el #Manifiesto

Técnicamente las páginas de enlaces no infringen la LPI (Ley de Propiedad Intelectual), pero no hay duda de que perjudican a los autores. Estos sitios aprovechan los vacíos legales de forma desleal y, en última instancia, dañan al autor. Creo que es competencia desleal. Además, sus responsables no se pueden escudar en que como los creadores no tienen un modelo de negocio claro, les da derecho a ofrecerlo ellos gratuitamente y sin remunerar al autor. Tampoco es cierto que la industria cultural no se haya sabido adaptar a la nueva realidad tecnológica. iTunes o Spotify son ejemplos de éxito de un modelo respetuoso basado en licencias.

El abogado Miquel Peguera, en El País de España. El diario publica un completo dossier sobre el tema.

Lovely Bones y los críticos

Imagen de previsualización de YouTube

¿Es usted un crítico de cine o un crítico literario?

La pregunta se la hace el crítico y blogger David Poland, autor de The Hot Blog, a Todd McCarthy, crítico de Variety, a propósito de su reseña sobre The Lovely Bones, el último film de Peter Jackson. Y se lo pregunta, precisamente, porque en su crítica, McCarthy compara el resultado del trabajo de Jackson con el exitoso libro de Alice Selbold en el que se basa y critica el exceso de efectos especiales y el vacío emocional del film. Algo que, ciertamente, han señalado otros críticos.

Porque a mí me parece que el trabajo de un crítico es analizar lo que el cineasta produjo y no lo que usted, como crítico de cine, decidió lo que debería ser la película.

Sigue leyendo

Azul y naranja, los colores del nuevo cliché gráfico (y fotográfico)

Transformers, entre el naranja y el azul

Transformers, entre el naranja y el azul

O, en todo caso, la combinación de gamas y tonos entre el azul y el rojo o el amarillo.

Me explico. Días atrás, Juan Cruz Bacaro, diseñador gráfico y comentarista consuetudinario de esta blog, señalaba el lugar común gráfico en el que se había convertido la idea de “personaje de espaldas mirando el mar” en los afiches de cine. Lo decía a propósito del primer concepto de afiche de El Chico que Miente, la ópera prima de Marité Ugás.

Hoy, en esa misma línea, la gente de /film ha publicado un post, que me ha resultado hasta perturbador, donde señalan un cliché similar, aunque más extendido: el de la combinación de los colores azul y naranja en los afiches de las películas. En el post publican algunos ejemplos. En realidad, muchos: uno tras otros los afiches muestran los mismos colores, en composiciones simétricas muy similares, altos contrastes y claroscuros.

En la sección de comentarios de /film, además, más de un lector señala que no sólo se trata de un cliché gráfico, limitado tan sólo a los afiches; sino que la combinación se ha convertido en un convención fotográfica que ya comienza a repetirse hasta el cansancio en muchos films. Quizás en demasiados. Sobre todo, en grandes producciones como Transformers o The Dark Knight. Todos tienen, de alguna manera, en mayor o menor medida, la misma propuesta fotográfica crepuscular.

Después del salto, encontrarán algunos ejemplos de afiches que ilustran el asunto. Les recomiendo visitar /film, donde publican más ejemplos y el cómic que dio origen a su artículo.

En fin, que ya no sólo comienzan a cansar los rígidos convencionalismos narrativos (tres actos, tiempo lineal o cronológico y estructura de dramática de hierro con los puntos de giro en su santo lugar), el reinado del plano medio, el plano-contraplano, la puesta en escena con toma máster, y el eterno desfile de caras repetidas. Ahora también cansa la fotografía crepuscular y el contraste azul-naranja en los afiches. Cine realizado en cadenas de ensamblaje. Cine ensamblado, mecanizado, sin imaginación. Homogeneizado.

El Cómic

El cómic que dio origen a todo

El cómic que dio origen a todo

Afiches de cine: naranja y azul | Galería

Cineastas contra la Orden paralizan el cine español

González-Sinde, revés en Bruselas

González-Sinde, revés en Bruselas

Hoy el cine español es material de portada para la mayoría de los diarios de, ejem… España.

¿La razón? La Unión Europea ha suspendido la orden del ministerio de Cultura español que modificaba las regulaciones de ayuda al cine. Valga aclarar que ha sido un grupo de cineastas el que prácticamente obligó a la Unión Europea a actuar.

El colectivo de autodenomina Cineastas contra la Orden. La orden no es una secta secreta ni una logia, ni mucho menos. Es, a su juicio, algo más peligroso (para el cine, se entiende): un decreto del ministerio de Cultura que modifica el los parámetros de la asignación de financiamiento para el cine ibérico, otorgándole más dinero a las películas con más presupuesto o con mayores posibilidades de obtenerlo. Y, viceversa: reduce el monto que se le puede asignar a las películas con presupuestos modestos.

Según la nueva disposición, sólo podrán obtener ayudas películas cuyo presupuesto esté en el orden de los 2 millones de euros o que hayan obtenido un mínimo de 70 mil espectadores.

Alegan los Cineastas contra la Orden que sería la primera vez que las ayudas se otorguen por parámetros monetarios en vez de artísticos o de interés público. El cine de bajo presupuesto, las producciones modestas y las películas artísticas o artesanales serían las primeras bajas de aprobarse la disposición, al decir de los cineastas. Así mismo, desaparecerían muchas pequeñas productoras y se perderían miles de puestos de trabajo.

Sigue leyendo