Archivo de la categoría: Clásicos
Acerca del cineasta don nadie…
Soy un cineasta don nadie: no tengo un nombre reconocible, ni una película reconocible. En esencia, a la mayoría del mundo no le importan nada mis películas ni yo. Esto suena patético, lo sé, pero llegar a enfrentarse con esta realidad, realmente me ha liberado y proporcionado una perspectiva valiosa sobre mi trabajo y mi carrera (…)
(…) El panadero hornea, el arquitecto diseña y cineasta debe continuamente hacer películas. ¿Qué panadero hornea una hogaza de pan y pide miles de dólares para abrir una panadería? ¿Qué arquitecto diseña una casa y espera contar con miles de fans en Facebook? Ninguno. Es ridículo. Como cineasta don nadie, me he dado cuenta de que tengo que ganar mi derecho a pedirle a la gente su tiempo y dinero. Y la manera de hacerlo hacer películas de forma constante, claro-y simple.
De hecho, incluso el deseo de hacer una gran película se debe ganar. Un panadero experto que ha estudiado y trabajado durante años se burla de un novato tratando de desarrollar una gran hogaza de pan. Se necesitan años de ensayo y error, sangre, sudor y lágrimas para cocer el pan grande. ¿Por qué es que en el cine debe ser de otra forma? ¿Por qué muchos cineastas principiantes se esfuerzan por hacer una gran película? Es presuntuoso y una falta de respeto hacia el arte y el oficio de hacer cine.
Le he estado dando vueltas a este asunto desde que lo leí este fin de semana. ¿Habría realizado Orson Welles su opus magna, opera prima, Citizen Kane, de haber pensado así? ¿O es que los grandes artistas debe ser presuntuosos —y ciertamente, Welles, lo era, de sobra—, con una disposición de faltarle el respeto al arte y al oficio de hacer cine —como, nuevamente, sucedía en el caso de Welles?
No es menos cierto que Welles ya tenía un nombre reconocido en el teatro y la radio cuando desembarcó en Hollywood, de modo que, en su caso, el ejemplo de Boghosian no aplica. El genio de Welles, por otra parte, no es un genio demasiado frecuente en el cine. Pero… ¿Resulta aconsejable seguir ese razonamiento cuando uno no es un genio?
Marilyn Monroe, en 1957
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Natalie Portman en el set de Leon
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En el set de The Shinning
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Viaje alucinante
Estado
La verdad es que no me disgustaría nada ver un remake del Viaje Alucinante de Richard Fleisher… Buenos días.
Le voyage dans la Lune, de Méliès, vuelve a la vida y en colores
A finales de la década de los 90, fue hallada en Barcelona una joya cinematográfica irrepetible: una copia del primer film de ciencia ficción y primer film narrativo de la historia del cine, Voyage dans la Lune, del ilusionista francés George Méliès. Pero lo que hacía especial, única e irrepetible esta copia eran sus colores: acaso era la última copia coloreada a mano por el mismo Méliès, cuadro a cuadro, que había sobrevivido al paso del tiempo.
Era, sin embargo, un pastiche de químicos y emulsiones en franca descomposición. Se inició entonces una carrera contra el tiempo para salvar tan rara gema. La imposible tarea fue emprendida por el restaurador fílmico francés Serge Bromberg.
Cuando uno tiene una pieza del Santo Grial en la mano, todo lo que puede decir es: “tengo que salvarla”.
Una década y un millón de dólares después, Bromberg lo logra. El resultado será exhibido el próximo viernes en el MoMa, en New York, junto a un documental titulado El Viaje Extraordinario que cuenta el proceso de realización de Le voyage dans la Lune y, al mismo tiempo, el meticuloso proceso de restauración de la copia coloreada.
El histórico evento, curiosamente, coincide con el estreno de Hugo, adaptación del libro infantil de Brian Selznick La Invención de Hugo Cabret, realizada en 3D por Martin Scorsese. En Hugo, que se estrena en buena parte del mundo este 23 de noviembre, Ben Kingley interpreta a un solitario y amargado Méliès quien establece una relación con un niño huérfano llamado Hugo.
Se estima que el próximo año se edite un Blu Ray de la copia restaurada de Le Voyage dans la Lune, con música de Air, y acompañada del documental El Viaje Extraordinario.
Ojalá la editaran mucho, mucho, mucho antes…
Vía | Fast Company
Blogacine en La Agenda Éxitos: consejos para sobrevivir al holocausto zombie
La semana pasada se estrenó en Venezuela (y en buena parte del mundo), la segunda temporada de la teleserie The Walking Dead. La adaptación televisiva de la novela gráfica de Robert Kirkman ha desatado un verdadero furor dónde se ha transmitido.
Como la cartelera cinematográfica venezolana está algo lenta, nos pareció una ocasión propicia para hacer un breve repaso de este popular subgénero del terror y la comedia.Escuchar | Blogacine en La Agenda Éxitos
Para empezar, una corta bibliografía:
- Orgullo y Prejuicio y Zombies, Jane Austen y Seth Grahame-Smith. Curiosa reelaboración del clásico de Austen con un giro macabro y, desde luego, cómico. De la comedia romántica a, bueno, la comedia romántica pero gore. Grahame-Smith transforma una de las más famosas frases de la literatura inglesa (Es una verdad universalmente reconocida que todo hombre soltero, poseedor de una gran fortuna, necesita esposa) en una premisa fundamental en el mundo apocalíptico de los muertos vivientes: Es una verdad universalmente reconocida que un zombie poseedor de sesos debe estar necesitado de más sesos…. Niñas, suelten esos libros pavosos de Twilight. Esto es lo que siempre han estado buscando.
- Guía de la Supervivencia de los Zombies, una completa protección contra los no-muertos, de Max Brooks. Uno de los escritores del staff de Saturday Night Live, vástago aventajado del gran Mel Brooks, escribe un completo manual para sobrevivir al inminente armagedón de zombies. Si los personajes de The Walking Dead lo hubieran leído, no estarían pasando las de Caín.
- Guerra Mundial Z: una historia oral de la guerra contra los Zombies, Max Brooks. Ahora, en un registro más serio; Brooks compone una “crónica oral” de la guerra mundial contra los zombies. Viene en camino su adaptación a la gran pantalla, protagonizada por Brad Pitt y dirigida por Marc Forster.
- Planeta Zombi, de Jesús Palacios. El autor de Psicokillers, recoge en un volumen, todo lo hay que saber sobre el género, las mejores y las peores películas de zombies.
De la guía de Palacios, mencionamos algunas películas imprescindibles.
Night Of The Living Dead. El clásico de George Romero, padre y amo absoluto del género. Se encuentra en la red, de descarga gratuita.
Dawn of the Dead, de George Romero. Otro clásico del género, famoso por exhibir uno de los mejores lemas promocionales de la historia del cine (y acaso, el mejor lema de una película de zombies): “cuando en el infierno no haya más espacio, los muertos vagarán por La Tierra”. Espeluznante.
Hay que mencionar además el estupendo remake de Zack Snyder.
Zombie 2, de Lucio Fulci. Suerte de Zombie-Spaghetti, la “secuela”, italiana y no autorizada de Dawn of The Dead es pródiga en malas actuaciones y maquillaje, más o menos, chimbo. Pero la escena de la pelea entre el zombie y el tiburón es imperdible.
28 días después, de Danny Boyle. Fue acaso la película que puso de moda el género. Le dio una vuelta de tuerca a una de sus convenciones —la lentitud del andar de los muertos vivientes— para potenciar el horror. Un zombie con capacidad para correr es más terrorífico. Al mismo tiempo, instauró una nueva convención: la del protagonista que despierta de un coma o de un sueño y encuentra el mundo arrasado y la epidemia desatada.
Dead Alive, de Peter Jackson. A nuestro humilde juicio, la obra de Jackson es al cine de zombies lo que Citizen Kane al cine mundial. Orsonwelliana en su estilo, es la madre de todas las comedias splatter. Una cinta que no debe faltar en la videoteca de todo fanático del género.
Otras buenos ejemplos de splatter para no perderse: Shaun of the Dead, Zombieland. Y, por supuesto, la respuesta cubana: Juan of the Dead.
Tarkovsky, el tiempo, el montaje y la esencia del cine
Andrei Tarkovsky, en su testamento cinematográfico, titulado hermosamente Esculpir en el Tiempo, explica, con tanta claridad que parece clarividencia, la esencia del cine: el trabajo con el el tiempo.
¿Y en qué reside la naturaleza de un arte fílmico propio de un autor? En cierto sentido, se podría decir que es el esculpir el tiempo. Del mismo modo que un escultor adivina en su interior los contornos de su futura escultura sacando más tarde todo el bloque de mármol, de acuerdo con ese modelo, también el artista cinematográfico aparta del enorme e informe complejo de los hechos vitales todo lo innecesario, conservando sólo lo que será un elemento de su futura película, un momento imprescindible de la imagen artística, la imagen total.
Nostalgia | Plano secuencia
En el tiempo, materia prima del cine y el artista cinematográfico, Tarkovsky también veía la razón, el motivo que llevaba a los espectadores a la sala de cine.
¿Por qué va la gente al cine? ¿Qué les lleva a una sala oscura donde durante dos horas pueden observar en la pantalla un juego de sombras? ¿Van buscando el entretenimiento, la distracción? ¿Es que necesitan una forma especial de narcótico? Es cierto que en todo el mundo existen consorcios y trust de entretenimiento, que explotan para sus fines el cine y la televisión lo mismo que muchas otras formas de arte. Pero éste no debería ser el punto de partida, sino que más bien habría que partir de la naturaleza del cine, que tiene algo que ver con la necesidad del hombre de apropiarse del mundo. Normalmente, el hombre va al cine por el tiempo perdido, fugado o aún no obtenido. Va al cine buscando experiencia de la vida, porque precisamente el cine amplía, enriquece y profundiza la experiencia fáctica del hombre mucho más que cualquier otro arte; es más, no sólo la enriquece, sino que la extiende considerablemente, por decirlo de algún modo. Aquí y no en las “estrellas”, ni en los temas ya gastados ni en la distracción: aquí reside la verdadera fuerza del cine.
Trakovsky alega que la edición, o el montaje, está presente en todas las artes. Es la elección, selección y reordenación de los materiales con que trabaja el artista. No obstante, lo que diferencia al cine es el trabajo con el tiempo. El esculpir con el tiempo, en el tiempo. El equivalente cinematográfico al cincel, el martillo y el mármol es el montaje. Con el montaje, el cineasta manipula el tiempo.
(…) El montaje cinematográfico sí que tiene algo específico, que es la coordinación del tiempo fijado en cada una de las partes que se han rodado. Montar es unir partes mayores y más pequeñas de una película, cada una portadora de tiempos diferentes. Su unión recrea o crea una nueva conciencia de la existencia de ese tiempo que emerge como el resultado de los intervalos, de lo que ha sido cortado, eliminado fuera del proceso a cinceladas. Pero las peculiaridades del corte están impresas ya en las partes que se montan. La edición no engendra, o recrea, una nueva cualidad; en realidad hace emerger una cualidad ya inherente en los cuadros que une. La edición se anticipa durante el rodaje y determina desde el principio el carácter de lo que se va rodando. Del montaje depende la longitud de los tiempos, la intensidad de su existencia fijada por la cámara (…)
El Espejo | Plano del viento
¿Pero, cómo se puede sentir el tiempo de un plano? La sensibilidad surge si tras el acontecimiento visible se hace patente una verdad determinada e importante. Cuando se reconoce clara y nítidamente que lo que se ve en ese plano no se agota en aquello que se representa visiblemente, sino que tan sólo se insinúa algo que tras ese plano se extiende de forma ilimitada, cuando hace alusión a la vida (…)
La percepción del tiempo, expresada a través del ritmo, es lo que, según Tarkovsky, hace único a un autor.
El director demuestra su individualidad sobre todo por su sensibilidad de cara al tiempo, por medio del ritmo (…) Como la sensibilidad temporal es un elemento de la percepción viva de un director y la presión del ritmo de las partes montadas es la que dicta los cortes, el montaje también se manifiesta de la mano del director. El montaje expresa la relación del director con su idea y a través del montaje se da forma definitiva al modo de ver el mundo que tiene el director.
Stalker | Escena final
No obstante, para el autor de El Espejo, la obra cinematográfico era un proceso que arrancaba con el artista, pero que solo se completaba con la confrontación de la obra ante el espectador.
(…) Una película es algo más que unos rollos de celuloide rodados y ensamblados. Más que un relato y también más que un tema. Una película se separa de su autor y comienza a tener una vida independiente, que se transforma en forma y contenido al verse confrontada con la personalidad del espectador.
Las extraordinarias películas caseras de Roddy McDowall
Se trata de una colección de películas caseras realizadas por el actor inglés Roddy McDowall en el verano de 1965. Bien expuestas, imagen estable y vibrantes colores, las tomas están plagadas de gente insoportablemente joven, increíblemente guapa: una enloquecedora Natalie Wood, una sexy, pícara y rubia Jane Fonda, la terriblemente bella y dulce Julia Andrews, Paul Newman, quien según David Mamet era el hombre más buenmozo del mundo, Rock Hudson, Lee Remick, Kirk Douglas, Lauren Bacall, Ben Gazzara.
La extraordinaria colección pertenece a los documentalistas Luke Sacher y Carole Langer. Según aseguran en su canal de YouTube, Mcdowall en persona les regaló los materiales.
A continuación añadimos algunos, pero vale la pena que se den una vuelta por el canal de YouTube y vean todos y cada uno de estos clips.
Vía | The Wow Report
Los Pájaros, de Alfred Hitchcock, rodaje tortuoso para una historia espeluznante
Como lo comentaba en mi último programa de radio, no tuve conciencia de lo difícil que debió ser el rodaje de The Birds, de Alfred Hitchcock, hasta que me topé con una anécdota del escritor, actor y director Peter Bogdanovich:
Sucede que yo estaba en Los Ángeles por un rato en 1962, cuando Hitch estaba filmando The Birds, y visité su set el día que ellos estaban film,ando la secuencia en la que un par de centenares de pericos vivos entran por la chimenea de la sala de estar del personaje de Rod Taylor.
Toda el área había sido cerrada con grandes láminas de plástico para que los pájaros no pudieran salir del set. Los actores —Taylor, Tippi Hedren, Jessica Tandy, y Verónica Cartwright, que entonces tenía 12 años— debían, por supuesto, reaccionar aterrados a esta invasión. Los encargados de las aves literalmente vaciaron los pájaros por el pozo de la chimenea, y aunque los actores corrían aterrados de forma adecuada, los pequeños pájaros más bien parecían presas de un terror mortal. En vez de atacar, volaban alrededor buscando una salida.
Hitchcock, extraordinariamente tranquilo y alegre, gritó “¡Corten!” y le pidió a los actores “salirse” del set para que los encargados de las aves pudieran comenzar la ardua tarea de tratar de recuperar todos los pericos para otra toma.
Cuenta el director de The Last Picture Show que la secuencia no resultó y tuvo que ser arreglada con un proceso especial de animación desarrollado por Disney. La misma técnica se usaría en el plano final de la cinta, en el que el automóvil cruza un campo dominado por amenazadores pájaros.
Finalmente, en su post Bogdanovich recomienda el documental de 80 minutos sobre la realización del film que acompaña la edición de colección en DVD de la cinta.
NASA descubre un Tatooine en una galaxia no tan lejana
Es quizás la secuencia más emotiva de toda la saga de La Guerra de las Galaxias. Su momento de mayor lirismo. Una escena cinematográficamente perfecta.
Luke Skywalker acaba de discutir con sus tíos. Quiere dejar su vida de granjero e ir a la academia. Sabe que allá fuera hay una rebelión en curso. Hay batallas y aventuras. Su tío le pide quedarse una temporada más. El muchacho deja el vaso de leche azulada sobre la mesa y sale, molesto.
Afuera, atardece. Los dos soles de Tatooine caen lentamente sobre el horizonte. Luke admira el espectáculo y acaso medita sobre su vida. La música de John Williams le envuelve, creando un clima de nostalgia.
Los espectadores en la sala, la mayoría preadolescentes, comprendemos lo que le sucede. Que a pesar de que el muchacho haya vivivo hace muchos, muchos años, en una galaxia muy, muy lejana; sus problemas son idénticos a los nuestros. Simpatizamos, empatizamos con el personaje.
Todo lo anterior viene a cuento porque la semana pasada, justo cuando salía al mercado la nueva edición en Blu Ray de la serie, supimos que la nave espacial Kepler ha descubierto un planeta que orbita en torno a dos estrellas. Nick Gautier, uno de los científicos que trabaja en el proyecto, explicó a los medios:
Es el mejor ejemplo que tenemos de un mundo como Tatooine de Star Wars. No esperamos encontrar a Luke Skywalker o cualquier otra cosa viviente allí. Pero si uno pudiera visitarlo, vería un cielo con dos soles, como que el Luke vio.
El Kepler 16b, como se le conoce, no está en una galaxia muy lejana que se diga. Apenas a 200 años-luz de La Tierra, de modo que pudiera ser observado por los aficionados a la astronomía. Los científicos convocaron a John Knoll, pionero desarrollador del Photoshop y supervisor de efectos de las tres primeras cintas de Stars Wars para conversar sobre la coincidencia:
Cuando Lucas tuvo la visión de Tatooine, él estaba usando una especie de taquigrafía visual para mostrar sin palabras que no estábamos en la Tierra, sino en este exótico lugar. En la película, la imagen llega en un momento muy emotivo. Se trata de una escena memorable. Kepler 16b es una prueba inequívoca y dramática de que las estrellas realmente se forman alrededor de los binarios. Es posible que haya una verdadera Tatooine por ahí, que un planeta así pudiera existir. He estado en el Tatooine de ficción. A diferencia de Kepler 16b era un lugar muy caliente. Y voy a ser honesto con ustedes: se parece un montón al norte de África.
Vía | Studio Daily
Cine y periodismo: el nauseabundo hedor del éxito de Walter Winchell (y II)

Tony Curtis y Burt Lancaster olfatean el éxito
[Leer la primera parte] Burt Lancaster y Tony Curtis protagonizaban una oscura y ácida sátira del winchellismo, en un ambiente de corrupción moral a ritmo de jazz cortesía de Elmer Berstein y el Chico Hamilton Quintet. Curtis es Sidney Falco, un agente de prensa al borde de la bancarrota que sale sin abrigo a la noche invernal newyorkina para ahorrarse las propinas de los guardarropas. Amoral, inescrupuloso, arribista y adulante cuando le conviene, es una galleta full de arsénico.
Falco vive a la sombra, o más bien depende de J.J. Hunsecker, todopoderoso columnista, más retorcido que una cesta de Pretzels, creado a imagen y semejanza de Winchell e interpretado de forma aterradora por un estilizado y perverso Lancaster. Sidney le cobra a sus clientes por su acceso a Hunsecker. Pero el columnista lo ha castigado y no publica sus “datos”. Sidney le ha fallado en la misión que le encomendara: romper la relación que mantiene su hermana Susan Hundsecker con Steve Dallas, un joven guitarrista del un quinteto de jazz.

Falco (Curtis) se interpone entre Susan Hundsecker (Susan Harrison) y Steve Dallas (Martin Milner)
Lancaster y Curtis, insuperables en sus respectivos personajes, desarrollan una perfecta relación de amor/odio. Hunsecker desprecia al vanidoso y trepador Falco pero le necesita para acabar con la relación de su amada hermanita (lo de “amada” es literal). Sidney aborrece al arrogante columnista, pero depende de él para subsistir y, lo más importante, para llegar arriba, allí donde todo es suave y bueno. Hunsecker es su escalera dorada. Su relación es como la de los viejos matrimonios, simbiótica como la del periodismo y el cine.
Dos tercios, o más bien, dos actos de las película transcurren durante la noche, alrededor de Broadway: night clubs atestados de cuerpos sudorosos y humo, aceras llenas de figuras oscuras que se mueven en dirección a ninguna parte, calles barridas por luces de automóviles, rostros iluminados de forma intermitente por el titilar del neón. James Wong Howe retrata de forma magistral, en asombroso blanco y negro, ese bajo mundo de traiciones y lealtades vendidas, prostitución e incesto, ambición y avaricia, donde se mueven como sabandijas los personajes dirigidos por Alexander Mackendrick. Casi todos los personajes de Sweet Smell of Success tienen su precio, son susceptibles de corromperse. Lo peor es que no les importa. Hasta lo desean.
La puesta en escena de Mackendrick es efectiva y económica, con el encuadre y los movimientos de los personajes al servicio de las cambiantes relaciones de poder.
Se trata de una sátira tan dura y oscura, tan vil y dolorosa que resulta incómoda de ver.
El diálogo, duro, agudo, ingenioso, veloz, que a ratos suena tan ingenioso y mordaz como una columna de Winchell, es una de las razones por las que el film ha pasado a la historia del cine.
En su mayor parte es mérito del dramaturgo Clifford Odets, quien escribió el guión junto a Mackendrick y Ernest Lehman, basado en la noveleta del mismo Lehman. El libro de Lehman era un recuento de sus experiencias como agente de prensa bajo los servicios de Irving Hoffman, también agente de prensa y columnista de The Hollywood Reporter. Odets, por su parte, de alguna manera estuvo ligado a Winchell y McCarthy. Testificó ante el famoso Comité de Actividades Antiamericanas, renegó de sus afiliaciones izquierdistas y cooperó dando algunos nombres. Su testimonio lo atormentaría hasta el final de sus días. Acaso su obsesivo, impecable, magistral trabajo en Sweet Smell of Success era acaso su manera de reivindicarse, una forma de ajustar cuentas consigo mismo.

Susan y Sidney discuten sobre su relación con Dallas: un buen ejemplo de la economía visual en la dirección de Mackendrick
La película no tuvo el éxito esperado. La crítica, acaso porque la influencia de Winchell no se había despejado del todo en el mundo periodístico, o quizás porque se veía mal retratada en el film, se ensañó con la cinta. El público tampoco respondió. Pocos soportaban ver a dos de sus ídolos, el portentoso Lancaster, el buenmozo Curtis, en la piel de semejantes alimañas. El pase de factura de Hollywood contra Wilchell fue relegado al olvido. Pero no de forma definitiva.
Después un intento fallido en la televisión y de prestar su voz para narrar la serie The Untouchables, con su reputación seriamente lesionada por su relación con el mccarthismo, Winchell se retiró. Desempleado y enfermo, en sus últimos días esperaba la muerte encerrado en una habitación de hotel, escribiendo columnas que nadie publicaba y que colgaba en un gancho de en la pared. A su funeral sólo asistiría una persona. Pronto su —negativo— legado periodístico sería olvidado. El cine le dedicaría una película más, una biografía televisiva protagonizada por Stanley Tucci y producida por la cadena HBO.
Sweet Smell of Success, en cambio, ha ido creciendo con el tiempo hasta convertirse en una obra esencial del séptimo arte.
Sus influencias pueden trazarse hasta obras tan cercanas como The Social Network, de David Fincher, según apunta Danny Leigh, in The Guardian. Leigh compara a Hunsecker con Zuckerberg, a Sean Parker con Sidney Falco; el diálogo de Sorkin con el de Odets. Scorsese tiene Sweet Smell of Success entre sus favoritas. Es inevitable pensar en Taxi Driver al admirar las escenas nocturnas filmadas por James Wong Howe. Según Roger Ebert, en el vestíbulo del Brill Building, donse según el film vive J.J. Hunsecker, se filmó una de las escenas de la película de Scorsese.
Finalmente, Sweet Smell o Success sería elegida para su preservación por el Archivo Fílmico Nacional de la Librería del Congreso de los Estados Unidos por su significancia estética, histórica y cultural.
Cine y periodismo: el nauseabundo hedor del éxito de Walter Winchell (I)
La relación entre el cine y el periodismo es como la de esos viejos matrimonios donde nadie se soporta, pero que se mantienen unidos porque no pueden vivir sin el otro.
Por cerca de un siglo, cierta clase de periodismo ha vivido de las miserias del cine, de los divorcios e infidelidades de sus estrellas, de sus chismes, de sus borracheras, de sus metidas de pata, de sus frivolidades y de sus excesos. Los columnistas de los grandes diarios amarillistas estadounidenses —Louella Parsons, Hedda Hopper, el joven Ed Sullivan— hacían y deshacían carreras y matrimonios, creaban éxitos y provocaban fracasos. Premiaban y condenaban. Allí está el triste recuerdo del fin de Roscoe “Fatty” Arbuckle, por ejemplo.
Parsons, Hooper e, incluso, Sullivan tan sólo fueron pálidos imitadores de Walter Winchell, el columnista estadounidense más poderoso del siglo XX. Cortejado por estrellas y políticos en ascenso, celebridades y agentes de prensa, Winchell creó e impuso un estilo de periodismo de opinión en el que mezclaba chismes, rumores, datos sin confirmar, comentarios satíricos, sarcasmo. Era tan temido como odiado. Podía crear un éxito con sólo un párrafo y hundir una carrera con la combinación adecuada de palabras en una frase. Su estilo de escritura era rápido, incisivo y letal como el stacatto de una ametralladora. Cortas frases, muchas veces incompletas. Párrafos sucintos, separados por puntos suspensivos. Todo, revuelto y salpicado de jerga. Incluso, expresiones que no existían, que el inventaba y popularizaba. Su estilo originó los términos Winchellism y Winchellese (algo así como winchellismo y winchellada).Sus columnas, publicadas en varios diarios de costa a costa de los Estados Unidos, eran devoradas ávidamente por 20 millones de lectores. Su programa radial dominical, donde era capaz de alcanzar velocidades cercanas a las 240 palabras por minuto al hablar, con el fondo sonoro de un teletipo en acción, era escuchado por 30 millones de radioescuchas más. Se calcula que Winchell llegó a alcanzar alrededor de 60 millones de estadounidenses en el clímax de su popularidad.
El cine fue uno de sus blancos preferidos. Sobre todo, cuando se alió con el senador Joseph McCarthy en su histérica cruzada anticomunista. Ya es sabido que cuando el periodismo, así sea el sensacionalista, se junta con la política, independientemente de la orientación ideológica, termina perdiendo el periodismo. De modo que cuando comenzó la caída del senador, comenzó el ocaso del todopoderoso columnista. Y a Hollywood le llegó su momento de pasar su factura.
Fue por esos días cuando Warner Bros. estrenó Sweet Smell of Success. (Continúa…)
The Getaway, tema, trama y conflicto, una breve ilustración

The Getaway, desde el afiche se anuncia el conflicto
Atención: puede que a continuación revele algunos detalles importantes de la trama del film. Por otro lado, es imperdonable que no la hayan visto aún.
Después de unos excelentes títulos iniciales, que sirven para presentar a los personajes, la trama se inicia cuando Don McCoy (McQueen) es, para su sorpresa, liberado de prisión bajo palabra. Pronto la trama será lanzada en una nueva dirección por un punto de giro: su liberación no es gratis, pues Jack Benyon, el corrupto y bien conectado jefe de la prisión, le obligará a planear y ejecutar el robo de un banco. Comienza entonces a dibujarse el conflicto de McCoy: robo o libertad. Tiene unos objetivos iniciales claros, aunque contradictorios: robar el banco y salir en libertad . Pero se le presenta un primer obstáculo que complica la resolución de su conflicto y aleja sus objetivos: no podrá contar con su gente de confianza para el robo, sino con la del jefe de la prisión. Y McCoy no confía en ellos. La trama avanzará de acuerdo a las decisiones que McCoy tome para resolver su conflicto. Y, en un buen drama, estas decisiones serán siempre las equivocadas: en vez de resolver su conflicto, deberán complicarlo más.
Más adelante, en otro punto de giro de la trama, el conflicto de Don McCoy se hace más profundo, personal, íntimo: descubre Carol (McGraw), su hermosa esposa se ha acostado con Benyon a cambio de su libertad.
Se trata de un gran conflicto que expresa el verdadero tema de la película: las relaciones de pareja. Amor, lealtad y traición expresados de forma contradictoria, conflictiva, dialéctica, pues Carol ha sido desleal a Don precisamente porque lo ama y lo quiere libre.
El conflicto, ya personal e íntimo, corroerá el alma de McCoy buena parte de la trama, pues aunque la ama, ya no confía en Carol. Por otra parte, se hace evidente la aparente motivación de Benyon al liberar a McCoy no es sólo material (el robo), sino también personal: después de aquella revolcada con Carol, ha quedado completa y absolutamente enamorado de ella —¿y quién no se enamoraría perdidamente de Ali McGraw? Si no, pregúntenle a McQueen y a Robert Evans quienes protagonizaron una historia similar en la vida real mientras se filmaba la cinta, pero eso es material para otro post.
McQueen besa los dedos de MacGraw con la familiaridad de un viejo marido, un pequeño detalle que no sólo muestra su grandeza como actor, sino que delata su naturaleza de hábil seductor
El héroe (McCoy) y el villano (Benyon) de este drama, al final, resulta que tienen las mismas motivaciones: su amor por la enloquecedora y bronceada Carol.
Thompson primero, quien hizo los borradores iniciales del guión, y después Hill complican aún más la trama no sólo para hacer avanzar la acción, sino para seguir expresando el tema del film dialécticamente. Rudy, uno de los hombres de Benyon, y quien persigue a Don en su huida después de que el robo del banco saliera mal, secuestra a una pareja, un veterinario y su esposa (por alguna extraña razón, el detalle de la profesión del secuestrado se me quedó grabado en la mente).
A punta de pistola Rudy obliga a Harold, el aterrado veterinario, a conducir el vehículo e ir tras McCoy. Fran, su mujer, decepcionada ante la actitud pusilánime de su marido, comienza una relación con el masculino y violento Rudy, su secuestrador. En una de las secuencias más incómodas de ver de la historia del cine, Fran y Rudy hacen el amor en la habitación de un motel, mientras Harold, el veterinario, permanece atado en una silla, ante la cama donde se derrumba su hasta entonces feliz matrimonio.
Vemos así, otro ángulo del tema (las relaciones de pareja), expresado de forma dialéctica, dinámica, a través del conflicto. El conflicto personal de McCoy dispara los mecanismos de empatía de los espectadores. Lo que nos mantiene pegados a las butacas y con nuestros ojos fijos en la pantalla, no son sólo las balaceras, las persecusiones y las extraordinarias piruetas automovilísticas de esta cinta, sino quizás una pregunta esencial: ¿qué haríamos nosotros en el lugar de Don? ¿Perdonar a Carol? ¿Abandonarla? ¿Perdonaría una traición cuya motivación fuera el amor? ¿Y qué haríamos en el lugar de Harold? ¿O en el de Carol?
Preguntas tan esenciales como íntimas y cercanas a la experiencia personal de los espectadores comunes y corrientes. Todos hemos sido traicionados alguna vez en al vida, hemos perdonado o condenado traiciones. También hemos traicionado. Y todos tuvimos razones para hacerlo. El conflicto, al expresar un tema a la vez íntimo y universal, puede ser entendido y experimentado por toda clase de espectadores.
Tema, trama, conflicto y personajes no pueden verse de forma separada o en estancos independientes. Es un continuum: no hay una frontera donde termina uno y comienza el otro. Un conflicto expresa el tema, pero también determina al personaje y viceversa. El conflicto (o su resolución) es el agente catalizador de la trama. El conflicto es el motor del drama, el combustible que hace avanzar la historia.
He escrito este post como introducción a otro artículo, relacionado con la muerte del conflicto y el final del drama en cierto cine hollywoodense de reciente data. Trataré de publicarlo mañana o el lunes.
The Getaway | Trailer
























