Danza con Yanomami

Un niño yanomami esculpe a un bien dotado Lizot

A principios de esta década, la publicación en The New Yorker de un fragmento del libro Darkness in El Dorado: How Scientists and Journalists Devastated the Amazon, de Patrick Tierny, originó una polémica periodística y académica, tanto en los Estados Unidos como en Venezuela.

La trama del libro tenía como personaje principal al antropólogo Napoleon Chagnon, quien por años estudiara la etnia yanomami en nuestro país. Según el relato, Chagnon había protagonizado un viaje existencial análogo al de Kurtz en The Heart of Darkness y habría terminado enloquecido y confundido con su objeto de estudio. No estaba muy desencaminado.

Chagnon dedicó prácticamente su carrera profesional a estudiar la etnia yanomami y sus conclusiones, acerca de la violencia innata de los humanos, son no menos controvertidas y han sido materia de debates por décadas. una controversia que ciertamente no ha estado circunscrita al ámbito académico exclusivamente. El documentalista y escritor británico Adam Curtis, por ejemplo, le dedica un largo pasaje de su serie The Trap a Chagnon, a quien le otorga el mérito de sentar las bases antropológicas sobre las que se erige el pensamiento neoliberal.

Pero al mismo tiempo, en su libro Tierny denunciaba las prácticas de investigación, supuestamente poco ortodoxas, de médicos, antropólogos, documentalistas y periodistas en comunidades yanomamis venezolanas y brasileñas.

Uno de los episodios más alucinantes tenía como protagonista al aventurero y explorador venezolano Charles Brewer-Carías y su “descubrimiento” de una comunidad virgen de yanomami, en la década de los 80. Periodistas y antropólogos, en helicópteros de la Guardia Nacional y con Brewer-Carías al frente, prácticamente tomaron por asalto la comunidad. Lo que se suponía era un descubrimiento científico, pronto se transformó en un show mediático: micrófonos, cámaras, presentadoras despeinadas y los techos de los chabonos volando por los aires por el ventarrón que levantaban las aspas de los helicópteros.

Tierny vino a Venezuela a presentar su libro y hacer sus denuncias, y curiosmente el asunto se convirtió en un episodio tan mediático como el de Brewer-Carías, aunque más modesto. Fue invitado al parlamento por congresistas de la bancada oficial y entrevistado por buena parte de la prensa nacional.

Pero pronto sus denuncias fueron olvidadas, acaso porque su libro de Tierny tenía algunas debilidades. Por ejemplo, allí donde Tierny hablaba de envenenamiento radiactivo por parte de galenos e investigadores venezolanos; no había otra cosa que un simple procedimiento médico para examinar la tiroides de los indígenas, como pude comprobar mientras hacía la investigación para un reportaje sobre el tema.

No obstante, quizás el talón de Aquiles de la investigación de Tierny era su desconocimiento de la realidad venezolana, fuente de más de un malentendido en el libro. Por ejemplo, confrontado con los argumentos de un dirigente indígena adeco, Tierny desestimó las críticas porque el hombre había sido acusado de corrupción, sin tomar en cuenta que acaso en Venezuela no exista político al que no se le haya hecho la misma acusación.

Pero esta historia está repleta de atrocidades cometidas en el nombre de la antropología, que van más de la simple violación de códigos ético o académicos. Como las acusaciones de paidofilia contra otro antropólogo reputado, Jacques Lizot, némesis catedrática de Chagnon. Dicho sea de paso, si a Lizot se le ha acusado de paidofilia, los señalamientos contra Chagnon no son menos graves: homicidio y hasta genocidio. Se le ha acusado de manipular sus documentales para hacer parecer a los yanomami más fieros de lo que ya son, como en su célébre película The ax fight. Se dice, incluso, que armó a una tribu con machetes y hachas, para que enfrentara a una tribu rival.

Si han leído hasta aquí, quizás estén tan sorprendidos como yo en aquel momento, de lo entretenida —aunque no por ello menos atroz— que podía llegar a ser la antropología. Pues eso mismo le debió parecer al brasileño José Padilha, quien acaba de estrenar en el Festival de Sundance un trabajo dedicado al tema, Secrets of the Tribe, filmado en Brasil y en nuestro país.

Según la descripción del filme en el site del festival, Padilha adopta el enfoque contrario al de Tierny. En vez de sermonear, opta por dejar que los acusados se defiendan y que los indígenas den su propia versión de los hechos. El resultado, siempre según la sinopsis publicada por el festival, es una deconstrucción del legado del colonialismo antropológico, desafía el mito moderno de la objetividad y nuestra noción de “el otro”. Interesante material.

Padilha es uno de los realizadores más interesantes del cine actual. Es el autor del escalofriante documental Bus 174 y de la polémica Tropa de Elite, dos filmes que, desde géneros completamente diferentes, se complementan para brindar un exhaustivo retrato de la violencia latinoamericana.

Secrets of the Tribe | Reseña

(Gracias, Tuki Jencquel)

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