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The Weinstein Company en bancarrota, el ocaso de una era terrible

Harvey Weistein, easy rapist, raging bully
8 min de lectura

Meses atrás, Harvey Weinstein, el último magnate cinematográfico, cayó en desgracia. Esta semana se conocieron los titulares: The Weinstein Company en bancarrota. O, al menos, ha iniciado el proceso para declararse en bancarrota. Comienza así el capítulo final de una era de la historia del cine. En particular, del llamado cine independiente estadounidense.

Pero eso sí, se trata de una era oscura. Un período de oscurantismo y maldad que transformó negativamente el negocio del cine. El legado que nos dejan los hermanos Weinstein es una cadena de vicios y malas prácticas en el mundo del cine que destruyeron vidas, carreras y prácticamente acabó con el cine de presupuestos medios y bajos.

Las publicaciones especializadas han destacado algunos aspectos positivos del paso de Weinstein por el mundo del cine. Nos dicen que el hombre amaba realmente el cine. Y de modo particular, ese otro cine que se hace fuera del sistema de estudios. Pero en nombre del amor también se perpetran toda clase de tropelías. Y eso fue lo que, precisamente, hizo Harvey Weinstein.

Harvey Weinstein, un bully

Peter Biskind escribió dos libros fundamentales para conocer el Hollywood moderno. El primero, Easy Riders, Raging Bulls, está dedicado al llamado Nuevo Cine Americano, ese fecundo período donde el director era la fuerza creativa tras las películas y que terminó con la llegada de los blockbusters. De los grandes taquillazos.

El título hace referencia a dos cintas fundamentales de este período: Easy Rider, de Denis Hooper, que da inicio al período, según Biskind. Y Ranging Bull, opus magna de Martin Scorsese, que lo cierra. Se trata de un texto que, sin obviar el lado oscuro de la industria, celebra ese Hollywood creativo, arriesgado y libre de finales de los 60 a principios de los 80.

El segundo libro insoslayable de Biskind se titula Down and Dirty Pictures: Miramax, Sundance and The Rise of Independent Film. Dedicado al festival de Sundance, fundado por Robert Redford; y a la historia de Miramax, la primera empresa de los hermanos Weinstein, el libro promete hacer un recuento oral del movimiento cinematográfico indie estadounidense. Pero termina como la narración de la interminable retahíla de atropellos y abusos de Harvey Weinstein.

Biskind nos presenta un personaje profundamente perturbado e igualmente perturbador. Una bestia de ira y violencia que arrasa todo a su paso. Dado a ataques de iracundia abruptos, era capaz de lanzar todo cuanto tuviera a mano al agraviado. El retrato que hace Biskind es el de un cerdo vulgar y maleducado, con un apetito desmedido por el dinero y de honestidad ligera.

En el texto, su figura es un agujero negro que absorbe todas las energías positivas, dejando tras de sí tal sensación de incomodidad que te entran ganas de darte una ducha después de leer cada capítulo.

Harvey Manos de Tijeras

El Weinstein de Biskind es un verdadero ogro que no dudó en destruir las carreras de jóvenes cineastas y productores primerizos. Ahora sabemos que también destruyó las vidas y carreras de las actrices blancas de sus ataques sexuales. Weinstein compraba películas que no pagaba, pero que tampoco distribuía. Sometía a sus empleados a humillaciones, a interminables reuniones, a agotadoras jornadas que se convertían en verdaderas torturas. Por una paga exigua, eso sí.

A punta de gritos, insultos y amenazas de violencia, acabó con las carreras de varios cineastas. Pero también destrozó cuanta película cayó en sus manos. Con la excusa de ser un conocedor de los gustos del público estadounidense, Harvey Weinstein editaba las películas hasta dejarlas irreconocibles. Esa costumbre le valió el mote de Harvey Scissorshands, o Harvey Manos de Tijeras. Y él consideraba ese apodo un cumplido.

The Thin Blue Line, Pelle the Conqueror, Scandal, The Little Thief, o Shakespeare in Love fueron unas pocas de las cintas que desfiguró.

Si bien le debemos el arrojo de llevar a las salas de los malls un tipo de cine más propio de salas de arte y ensayo; Weinstein también llevó a extremos la nula opacidad de las finanzas en el negocio de la distribución. Si lograbas conseguir cualquier pago, podías considerarte un afortunado.

Nada más basta echarle un vistazo a la larga lista de deudas que deja The Weinstein Company y que obtuvo Hollywood Deadline. Allí figuran nombres notorios que van de Malia Obama, la hija del expresidente estadounidense, al realizador venezolano Jonathan Jakubowicz, pasando por Quentin Tarantino, Michael Bay o Michael Moore., entre cientos más.

Harvey, intocable

¿Cómo se pudo llegar a tales extremos? La respuesta es sencilla. Los Weinstein impusieron por medio de la fuerza un modelo de negocios (si es que se le pueda llamar así a un mero asalto a mano limpia) donde ellos se quedaban con todo, ninguna deuda merecía ser saldada y no le daban explicaciones a nadie.

Y dada la poca o nula transparencia de las finanzas del cine, hoy a los reporteros les parece extraño una lista tan larga de deudas. Pero la realidad es que desde los Weinstein, el negocio cinematográfico se parece mucho a un arrebatón. Sobre todo, en el mundo del llamado cine independiente.

¿Cómo pudo Weinstein salirse con la suyas durante tanto tiempo? El libro de Biskind también ofrece pistas al respecto. El texto recoge muchos testimonios de gente que asegura que Harvey Weinstein podía ser encantador y divertido. Sin embargo, en el libro no hay un solo episodio en que lo parezca. Ni encantador ni divertido. Todo lo contrario.

Down and Dirty Pictures muestra a un hombre acomplejado por su peso y su apariencia física, temperalmental y caprichoso, arrebatado por los instintos más primarios. Siempre con un cigarrillo en una mano y una lata de Pepsi Diet en la otra, atragantado de comida chatarra.

¿Cómo entonces se salía con la suya? Básicamente, porque le permitieron amasar demasiado poder e instaurar un reino de terror. El fucking sheriff de Nueva York, como le gustaba llamarse a sí mismo, podía hacerte desaparecer de la industria con solo levantar el teléfono. Todos le temían. Pocos hacían acopio del valor suficiente para enfrentarle.

Harvey podía hacerte ganar un Oscar si le gustabas (Gwyneth Paltrow) o destruirte la carrera si no accedías a sus requiebros (Mira Sorvino).

El garrote y la zanahoria

Harvey Weinstein también contaba con una red de reporteros y editores en toda clase de medios estadounidenses. Y se valía de toda clase de artimañas para detener publicaciones que podían dañar su reputación.

Biskind cuenta varias anécdotas al respecto. Como cuando los hermanos trataron de disuadirle de escribir y publicar el libro porque no daría nada de dinero –Biskind no perdía de vista el bate de béisbol que reposaba en un rincón.

Pero agrega Biskind que los hermanos Weinstein era muy inteligentes como para aplicar sólo la política del garrote.

También cuelgan la zanahoria. Favoreciendo editores con vuelos ocasionales en el jet de Miramax. Conquistando corazones y mentes con elaboradas fiestas. Halagando periodistas con funciones privadas adelantadas y cortejando sus opiniones.

En la última década, los hermanos se volvieron expertos en el arte de hacer las paces con la prensa. En 1991, cuando trabajaba en la revista Premiere, me encargaron un artículo sobre los hermanos que, ya entonces, eran notorios por su comportamiento excepcional.

Antes de hacer una sola llamada telefónica, Miramax había asustado al editor amenazando con retirar su publicidad de la revista. Y lo siguiente que supe fue que Harvey estaba escribiendo columnas para Premiere y que yo era su editor. ¿La exposición contundente? Olvidado.

Entonces era común que estrellas del cine llamaran a los periodistas que trabajaban en reportajes sobre Weinstein para hablarles de lo estupendos que eran los hermanos. Tan reciente como el año pasado, este comportamiento no había desaparecido. NBC News, por ejemplo, desestimó publicar el reportaje sobre los abusos sexuales de Harvey Weinstein en el que Ronan Farrow había trabajado por meses.

Farrow llevó el reportaje a The New Yorker, que accedió a publicarlo. La pieza reporteril, junto al reportaje de The New York Times publicado el día anterior, precipitó la caída en desgracia del magnate cinematográfico.

This is The End

La declaración de bancarrota de The Weinstein Company es una suerte de último golpe que los hermanos le propinan a buena parte de la industrias cinematográficas. Muchas deudas no serán saldadas y más de un productor perderá millones. Prometedores proyectos serán engavetados. Decenas de guiones serán engavetados. Y películas que no llegaron a las salas serán archivadas.

Y es muy probable que ninguna de las víctimas de Harvey Weinstein reciba un sólo centavo de compensación.

Down and Dirty Pictures es un libro que parece inconcluso. Termina abruptamente y un epílogo no ayuda a disipar esa sensación. Quizás la caída de Harvey Weinstein y el fin de The Weinstein Company sea un capítulo final mucho más efectivo. Como en el final de Easy Riders, Ranging Bulls, la debacle de los Weinteins marca el fin de otra era de Hollywood.

Y puede que un título apropiado para ese capítulo sea Harvey: easy rapist, ranging bully.

 

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