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Cómo escribir el segundo acto de un guión

¿Estancado en el proceso de escribir el segundo acto de tu historia? Es casi una convención entre guionistas que el segundo acto es adonde los guiones van a morir. Sobre todo, los malos. Es acaso la fase más desesperante del proceso de escritura de un guión. Es donde siempre te quedas sin ideas y sientes que dedicarte al oficio ha sido el peor error de tu vida. Que acaso te habría ido mejor si te hubieras dedicado a la ganadería, como tu abuelo.

En realidad, sí. Te habría ido mejor.

Pero ya que el mal está hecho y no hay vuelta atrás, lo mejor es que trates de sobrevivir al duro proceso de escribir el segundo acto de tu guión. Y hay algunos trucos para lograrlo.

Escribir el segundo acto

La primera dificultad de todo segundo acto es su duración. Casi siempre es el doble de largo que el primer y el tercer acto. En la mayoría de los casos es equivalente a la suma de ambos.


Primer Acto


Segundo Acto


Tercer Acto

Muchas veces, su redacción puede dar la sensación de que es interminable. Si estás sintiendo eso o estás enfrentando dificultades para avanzar, debes buscar el origen del problema en el primer acto. Un primer acto mal estructurado es la semilla de un segundo acto desastroso. Lo esencial en este primer acto es presentar los personajes, sus antecedentes de vida, y qué es lo que se juegan en la historia.

Eso que se juegan y les impulsa a actuar no es otra cosa que el conflicto. Sin un conflicto claro, diáfano, poderoso no hay manera de hacer avanzar un segundo acto. Como explica Blake Snyder en ¡Salva al gato!, el conflicto siempre debe ser vital, existencial para tu personaje. Es decir, que tu personaje no pueda eludir su resolución si quiere seguir viviendo. En resumen: los problemas del segundo acto están en el primero.

A la hora encarar la laboriosa tarea del segundo acto ten en cuenta que la meta es siempre lo que Robert McKee describe como hacer avanzar el abismo. Según el autor de El Guión, el segundo acto es un abismo que avanza. Tus personajes se enfrentarán con dilemas cada vez más complejos que demandarán tomar decisiones cada vez más difíciles. Y siempre tomarán la decisión equivocada, que empeorará su situación y los alejará cada vez más de sus metas.

Este abismo avanza hasta que, al final del segundo acto, se alcanza la llamada noche oscura del alma o todo está perdido. Ese momento en el que tus personajes tocan fondo y creen que jamás resolverán su conflicto. Esta es tu meta final al escribir el segundo acto.

Un truco práctico

Como uno de los principales problemas de escribir el segundo acto es su dilatada duración, casi todos los autores de manuales dramatúrgicos suelen dividirlo a su vez en dos bloques. En el medio, siempre habrá un punto de giro, según pregona Sid Field en su manual. Pero hay otros autores que recomiendan además dividir el acto en bloques más pequeños o más breves. Cuando escribí mi película 3 Bellezas, dividí el segundo acto en secuencias (grupos de escenas) de 10 minutos cada uno. Cada secuencia terminaba con un acontecimiento que lanzaba la trama en otra dirección.

Otros, como Paul Gulino, van mucho más allá. En su manual Screenwriting: The Sequence Approach, Gulino propone dividir toda la estructura de tres actos del guión completo en secuencias (grupos de escenas) de 15 minutos cada una. Esto no necesariamente invalida la estructura de tres actos, pero aligera el proceso de redacción. Sobre todo, el de ese abismo que avanza para todo guionista llamado segundo acto.

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