Realización

Anatomía de una escena: la presentación de Cheyenne en C’era una volta il west

Jill (Claudia Cardinale) atenta a lo que ocurre en el exterior de la fonda

A mi juicio, que es escaso y modesto, C’era una volta il west es la gran obra maestra de Sergio Leone y uno de los grandes westerns de todos los tiempos. Es la película que muestra al realizador en su pico creativo y su mejor forma. También creo que es la película cumbre de lo que hasta ese momento se consideraba un subgénero menor, el Spaghetti Western.

La película está protagonizada por Jason Robards, Peter Fonda, Charles Bronson, a cuyo mutismo Leone sabe sacarle provecho, y una hermosísima Claudia Cardinale. Todos interpretan personajes difíciles de clasificar, en un subgénero (el Spaghetti Western) hasta entonces usualmente caracterizado por personajes más o menos unidimensionales: buenos o malos, virtuosos o canallas. Esa línea divisoria desaparece en el film de Leone.

La trama de C’era una volta il west fue escrita por Leone, con la colaboración de dos grande del cine Bernardo Bertolucci y Dario Argento. Con una estructura con mucha influencia del género policial; su tema principal es el mismo de decenas de westerns crepusculares: el del fin del salvaje Oeste con la llegada de la civilización, simbolizada en la locomotora de vapor y el desarrollo de las vías de comunicación. No en balde, la cinta arranca en una estación de trenes y su trama está impregnada de nostalgia por una época a punto de concluir. La locomotora y las vías férreas, de paso, se transforman en la película en un poderoso recurso narrativo y visual.

Pero acaso lo que más llama la atención es la construcción dramática de la película, basada en una milimétrica dosificación de la información, tanto visual, sonora como narrativa. Como gran realizador que era, Leone sabía bien que en el cine es tan importante lo que se muestra como lo que se oculta (y cuándo se revela lo oculto); lo que está en el cuadro como lo que transcurre fuera de él; lo que se ve como lo que se escucha —C’era una volta il west tiene un manejo magistral del sonido como recurso narrativo—. El efecto emocional se complementa con la extraordinaria economía de lenguaje de Leone. Así, hay en la película largas secuencias cuyo sentido depende apenas de un único plano que devela una información contundente.

Sin mayores rodeos, sirva la siguiente escena como un buen ejemplo.

EXT. DESIERTO – DÍA

El arriero que transporta a Jill se detiene en una especie de establo-cantina a la orilla del camino. Ella protesta pues está apurada y él le dice que si el tren hace paradas, ¿por qué él no? Jill mira con desconfianza a su alrededor y con desagrado el establo. El arriero entra al lugar.

INT. FONDA – DÍA

Poco después entra ella. Su mirada altiva se pasea por el lúgubre sitio. Ella decide acercarse a la barra. Y allí, la recibe la mirada lujuriosa del cantinero. Es obvio que no resulta usual la visita de una mujer tan elegante y hermosa a semejante pocilga. Después de desvestirla con su mirada, que se detiene largamente en sus senos, el cantinero baboso inicia el diálogo.

CANTINERO

¿En qué puedo servirle, señora?

JILL

Me gustaría un poco de agua... Si no es mucha molestia...

CANTINERO

(Escupe en el suelo)

¡Agua! ¡Esa palabra es veneno por aquí desde el Diluvio Universal!

JILL

¿Usted quiere decir que nunca se lavan?

CANTINERO

¡Claro que sí!

JILL

Bueno, me gustaría usar los mismos servicios que ustedes.

CANTINERO

(Con una gran sonrisa)

¡Claro que puede! Hay una bañera llena al fondo. Y tiene usted mucha suerte, pues sólo la han utilizado tres personas esta mañana...

JILL

(Sarcástica)

¿Por separado o juntas?

CANTINERO

(Extasiado)

Yo podría decir que usted es una mujer de alcurnia. Seguro que viene de alguna ciudad del Este.

JILL

New Orleans...

CANTINERO

(Se yergue y grita)

¡New Orleans...!

JILL

¿Ha estado allá?

CANTINERO

(Recostándose en la barraotra vez)

No... Pero tengo una prima ahí... Tiene una taberna... Ya sabe... Ella...

Justo en ese momento, el cantinero se interrumpe, al escuchar allá afuera relinchos de caballos, una carreta que se acerca a toda velocidad.

(Hay que hacer click en la foto para iniciar la presentación. Está dividida en tres bloques. Al final de cada uno hay que volver al artículo y avanzar al siguiente bloque de fotografías).

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La escena no termina allí. Al descubrir las esposas, arranca el tema musical que sirve de introducción a un nuevo personaje que termina de darle sentido a todo lo que hemos visto. Y el cierre es perfecto: con el cantinero, cuyo diálogo, descubriremos luego, revela información más importante de lo que pensamos. Si ya han llegado hasta aquí, quizás quieran ver la escena completa. Pueden descargarla de este enlace, donde estará disponible esta el fin de semana…

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