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Monte Rouge: un video clandestino que causa furor en Cuba

Segura y Rodríguez dos agentes encubiertos de la seguridad cubana, conocidos en la isla como «segurosos» [y fácilmente identificables por sus guayaberas blancas y sus lentes oscuros, es decir, por su atuendo o su «pinta» de «segurosos»] llaman con fuertes golpes a la puerta del ciudadano Nicanor O’Donell, quien en ese momento está a punto de llevarse una taza de café a los labios. Cuando Nicanor abre, los segurosos se presentan y le dicen la razón de su visita: han venido a instalarle los micrófonos para grabar sus conversaciones y sus «sagaces críticas» contra el gobierno.

Nicanor puede sentirse afortunado, en un país cuya economía está caracterizada por la escasez, a él le van a instalar DOS micrófonos «para sus necesidades», a pesar de que vive solo. «Hay familias de 10 personas a las que no se le ha podido instalar ninguno».

Nicanor protesta, indignado: ¿cómo es posible que ya ni siquiera lo disimulen? A lo que los segurosos replican: «a los clientes no hay quien los entienda, antes se quejaban de que no dábamos la cara».

Lo anterior es, según una nota de la BBC, la descripción del comienzo de «Monte Rouge» [el título es una referencia a una marca de café cubano], un cortometraje satírico clandestino de quince minutos que circula subrepticiamente en La Habana, en formato DVD, y que ha despertado un verdadero furor. «¿Dónde suele usted hablar mal del gobierno, en qué parte de la casa?» Le preguntan los segurosos a Nicanor, quien responde: «en cualquier parte, aquí, en el cuarto, en la cocina, ¡en la cocina!»

El cortometraje está protagonizado por Luis Alberto García, Néstor Jiménez y Eduardo del Llano, quien además firma el guión. Cuando los micrófonos están instalados, el agente Segura le pide a Nicanor que diga algo subversivo «para ir entrando en calor». Nicanor dice: «Me encantaría tener una antena parabólica». El chiste no está relacionado con las antenas parabólicas tal y como las conocemos [¿conocíamos?] fuera de Cuba. A finales de los 90, los cubanos comenzaron a fabricar «parabólicas» caseras para captar los canales de TV emitidos sólo para los hoteles.

Pero acaso lo verdaderamente subversivo viene al final, en los créditos, cuando los autores ponen un «desagradecimiento a todos los que no se atrevieron», según algunas versiones noticiosas.

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