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Rusia retira La Muerte de Stalin de las salas de cine

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Nada más ayer mencionábamos la cinta La Muerte de Stalin (The Death of Stalin), de Armando Ianucci, a propósito de los 120 años del natalicio de Seguéi Eisenstein.

Hoy,  sátira de Ianucci es noticia porque el gobierno ruso la ha retirado de las salas. O, en todo caso, le ha retirado su certificado de exhibición.

No obstante, funcionarios del gobierno ruso niegan que sea un acto de censura. Según informa las agencias internacionales de noticias, el ministro de cultura ruso, Vladímir Medinski, lo ha negado de plano. 

Nosotros no tenemos censura. No tenemos miedo a las interpretaciones críticas e imparciales de nuestra historia. Pero hay una frontera moral entre el análisis crítico de la historia y la burla.

Según los mismos reportes de prensa, además de retirarle a la película su permiso de exhibición, su contenido será sometido a un análisis jurídico pues se tiene la sospecha de que podría tener “carácter extremista”.

Mucha gente de edad avanzada, y no sólo ellos, la han interpretado como una burla insultante de su pasado soviético, de un país que derrotó al fascismo, del Ejército soviético, de la gente común y, lo más desagradable, de las víctimas del estalinismo.

De comprobarse que la cinta tiene elementos extremistas y de guerra ideológica, podría ser prohibida su exhibición.

La Muerte de Stalin y la memoria de Zhúkov

El problema además se agrava por la cercania de su estreno con el aniversario de la victoria rusa en la Batalla de Stalingrado, liderada por el mariscal Gueorgui Zhúkov. En La Muerte de Stalin, Zhúkov es interpretado por Jason Isaacs en el film. Desde luego, muchos han protestado el tratamiento de la figura del reverenciado héroe de guerra en el film.

Como por ejemplo, Pavel Pozhigailo, un alto miembro del comité de cultura ruso.

El film insulta nuestros símbolos históricos, nuestro himno nacional, nuestras condecoraciones y medallas. El mariscal Zhúkov además es presentado como un imbécil.

Después de la proyección del lunes pasado, 21 personalidades firmaron una carta dirigida al ministro de cultura, pidiendo el retraso del estreno. Y, de paso,  que se investigara si infringía alguna ley rusa. Una hija de Zhúkov estaba entre los firmantes de la carta. El texto aseguraba que la pelíucla se mofaba de la historia de Rusia y ensuciaba la memoria de los ciudadanos que lucharon y vencieron el fascismo.

Es una película mala. Aburrida. Despreciable. Vil. Repugnante e indignante.

Así la describió Nadezhda Usmanova, directora de la sociedad rusa de historia militar. (¿No les parece que esa frase quedaría preciosa en el afiche?) Yelena Drapeko, vicepresidenta de la Comisión de Cultura del Parlamento, fue no menos lapidaria:

No he visto nunca nada más horrible. Es un pasquín, una provocación, un intento de convencernos de que nuestro país es horrible, de que nuestros líderes son idiotas. Todo está pervertido, desde el himno nacional hasta los personajes.

La Muerte de Stalin (Death of Stalin) cuenta en clave de comedia negra, las luchas intestinas por el poder que se sucedieron a partir del deceso del sanguinario dictador. Por su parte, Armando Iannucci, autor del film, se mostró confiado en que la película será estrenada, tal y como se lo confesó a The Guardian.

Todos los rusos que han podido verla, incluyendo a la prensa, han dicho CUáNTO la apreciaron y disfrutaron. Básicamente dijeron dos cosas: que es divertida. Y que es verdad.

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