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Oscars 2011: True Grit Vs. True Grit, odiosas comparaciones

Hailee Standfield, True Grit
Hailee Standfield, True Grit

Ok. Como escribí ayer en algún lugar del Facebook, que comience la lapidación: a mí me gusta más la versión de True Grit de los hermanos Coen. No sólo me gusta más: me parece superior en todos los sentidos. Y en esto, coincido con la mayoría de los críticos que alaban la fotografía de Roger Deakins, el extraordinario trabajo actoral de Jeff Bridges o Hailee Stanfield, el trabajo sonoro (¿habían escuchado alguna vez disparos tan atronadores y aterradores como los de esta película?) o la pericia narrativa o la eficiente puesta en escena de los Coen. Pero, curiosa y contradictoriamente, esos mismos críticos también insisten en describir True Grit como una cinta carente de emoción. Y en esto no coincido.

Quizás tengan razón. Porque no se siente la misma emoción cuando se ve una película por primera vez que por segunda vez. Y muchos de estos críticos afirman haber visto la primera versión de True Grit, la de Henry Hathaway. De modo pues que, si una cinta no emociona al crítico, puede que el problema sea del crítico, no de la película.

¿Que no es justo compararla con una obra moderna? Comparémosla entonces con una obra “menor” de su tiempo como, por ejemplo, C’era una volta il West, de Sergio Leone. A ver, ahora díganme.

Matt Damon, True Grit

¿Que John Wayne ganó el Oscar al mejor actor por su trabajo? Bueno si, está bien. Pero creo que tiene mejores trabajos. De verdad, fascina como cierto críticos se niegan a ver la película que pasa frente a sus narices, a pesar de que para eso les pagan. He leído a más de uno que describe este macabro film como una “película de crecimiento”. Y no, no los es. Por más que Steven Spielberg figure en los créditos como productor. En True Grit, versión Coen, nadie crece. Nadie se encuentra a sí mismo al final, ni es mejor persona. Tampoco se nos muestra el valor de la amistad, o el compañerismo. Es todo lo contrario. True Grit es una historia de degradación, que describe de las devastadoras consecuencias de la violencia y el odio. De un mundo en el que impera la ley del más fuerte y los instintos más primitivos. Y esto nos lo anuncian desde prácticamente ese primer plano que nos muestra el fin de las vías ferroviarias —ya se sabe que, en el western, la civilización termina donde se acaban los rieles del ferrocarril.

¿Que no parece una película de los Coen? Sí, está bien. Quizás no lo parece, aunque yo no lo creo. Concedámoslo. Pero tampoco Blood Simple hoy parece una película de los Coen. Fargo tampoco lo parecía en su momento. Pero además, ¿es que acaso el artista está condenado a repetirse a sí mismo para mantener contenta a la galería?

Jeff Bridges, True Grit

Como bien lo han demostrado a lo largo de su carrera, los Coen saben que con las convenciones del género no se juega. Son maestros en el arte de aprovechar esas mismas convenciones, potenciarlas, para convertirlas en su firma, en su estilo personal. Pero hacerlo en True Grit habría sido un suicidio. Era un film que demandaba fidelidad y respeto a las convenciones. Demandaba humildad. Que sus realizadores dejaran a un lado su estilo para someterse a los requerimientos de la historia. Que desaparecieran tras la historia misma.

Resulta sorprendente que muchos críticos de cine aún no entiendan esa añeja verdad del cine. Que, en el fondo, todo autor lo único que busca es desaparecer tras su obra. Como lo han hecho los Coen en True Grit.

Atención: No deberías ver el video, si no has visto la película.

True Grit Vs. True | Una comparación

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