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Psycho! Medio siglo de Psicosis

Hace poco menos de 10 años atrás, en París, fui a una exposición en el Alfred Hitchcock.

Se llamaba Hitchcock et l’Art: coïncidences fatales y básicamente exploraba las relaciones entre la obra cinematográfica del maestro del suspense y el arte.

Uno de los pósters de Psycho!

El tema me pareció en principio un tanto obvio. Todos los artistas que laboran en la realización de una película, desde el director hasta la vestuarista, acuden al mundo del arte en busca de referencias  para realizar su trabajo.

Sin ir más lejos y para usar la película que hoy nos ocupa, allí el está el ejemplo la casa de Norman Bates, cuyo diseño y aspecto se basa en House by the Railroad, de Edward Hopper:

Bates Motel

El motel Bates, con la casa de la familia al fondo

No obstante, la exposición no dejaba de ser fascinante, con incontables conexiones e insospechadas asociaciones entre las películas de Hitchcock y el arte de los siglos XIX y XX. Allí se exponían los extravagantes diseños que Salvador Dalí realizó para Spellbound, referencias pictóricas, expresionistas y surrealistas en su mayoría, para crear sets o diseñar la fotografía de las películas.

 

También había numerosos objetos usados en la utilería y ambientación de más de un mítico filme del director británico: desde las cámaras fotográficas rotas de James Steward y el sofisticado vestido que usa Grace Kelly en The Rear Window, hasta la cartera amarilla de Marnie, pasando por el encendedor de Strangers on a Train, las tijeras de Dial M for Murder, las joyas de Vértigo y To Catch a Thief y toda suerte de fotografías stills, storyboards, fragmentos de películas, bandas sonoras y escalofriantes recreaciones de un par de escenografías.

House by the Railroad, Edward Hopper

House by the Railroad de Edward Hopper

La primera era el parque infantil de Los Pájaros. Recuerdo vagamente que un cuervo amenazaba al público desde uno de los juegos y, de vez en cuando y sin previo aviso, el súbito sonido de un aleteo te ponía la carne de gallina.

El otro set era aún más escalofriante pues nada te preparaba para lo que de forma imprevista te encontrabas al franquear una puerta: nada menos y nada más que la sala de estar de la señora Bates, mamá de Norman, con todo y señora incluida. O lo que quedaba de ella. Y lo que quedaba era bastante sobrecogedor: una calavera de piel acartonada y ralos cabellos, sentada ante un televisor en blanco y negro encendido. Al fondo, a través de una puerta entreabierta, se podía atisbar hacia la ducha. Y a juzgar por el sonido de agua corriente, alguien se bañaba.

Y estaba a punto de morir.

Traigo esto a colación porque tal día como hoy, 16 de junio, pero de hace 50 años, se estrenó en New York, la película a la que pertenecía aquella escenografía: Psycho! de Alfred Hitchcock, un filme que cambiaría para siempre el género cinematográfico del terror.

Quienes hayan leído la larga entrevista que François Truffaut le hizo al legendario realizador británico, sabrán las razones que motivaron a Hitchcock a realizar el filme. Primero, y esto es un enorme spoiler que el propio realizador condenaría (así que si eres una de esas rarezas que no ha visto este filme fundamental, deja de leer inmediatamente, búscate una copia y ven luego), el inesperado asesinato del personaje de Marion Crane (Janet Leigh en el filme) que Robert Bloch describía en su novela.

Psycho! Poster Alfred Hitchcock

Hitchcock no quería que nadie entrara a la sala una vez comenzada la función

Y digo que el viejo Hitch desaprobaría este spoiler porque si en algo se esmeró fue en mantener en secreto la trama. Al iniciar el rodaje, actores y técnicos juraron con la mano derecha levantada no revelar detalle alguno y los espectadores que acudieron a ver el cine en las salas no podía entrar si la función se habia iniciado. Incluso, se topaban con un cartel de Hictchock que los disuadía de entrar.

La novela de Bloch, ya lo hemos dicho antes en esta página, se inspiraba en los macabros asesinatos de Ed Gein, un ser tan retorcido y brutal que hasta el día de hoy sigue inspirando los más inolvidables degenerados y psicópatas del cine de terror contemporáneo (desde The Texas Chainsaw Massacre hasta The Silence of the Lambs). Hitchcock compró los derechos de aquel pulp en secreto, por 9 mil dólares. Pues también era su intención realizar un película de serie B lo más barata posible, que al mismo tiempo tuviera una buena recaudación.

Aunque para la época se realizaban películas en color, escogió el blanco y negro para abaratar costos, reducir el gore y, de paso, darle una sensación de realismo e inmediatez a la película, pues los noticieros de la época aún se hacían en blanco y negro. Finalmente se rodeó de actores poco conocidos entonces y de un equipo de producción que venía del mundo de la televisión. Decidió así mismo recortar su sueldo a cambio de un porcentaje de los beneficios de la película en taquilla. Y no pudo resultar mejor negocio: el pequeño filme de 800 mil dólares recaudó 40 millones en los Estados Unidos solamente.

Muerte en la ducha

De todos los grandes aciertos del filme, acaso el que perdura con mayor intensidad en la historia del cine mundial es la escena del asesinato en la ducha —sí, el mismo asesinato inesperado que despertó en Hitchcock el interés por adaptar la novela de Bloch. Rodar estos 45 segundos le tomó al equipo toda una semana y 70 posiciones de cámara.

No sólo se trata de una escena que desafiaba muy ingeniosamente la férrea censura de la época y hacía ver a los censores pezones imaginarios donde no los había (y les ocultaba senos desnudos donde sí los hay, ¿los vieron?), sino que además presentaba por primera vez en pantalla un toilette en acción.

 

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