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Requiem for Detroit?, el ocaso de Motor City

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¿Recuerdan que hace menos de un año el coloso automotriz estadounidense General Motors se fue a pique?

Fue el clímax de la otrora todopoderosa industria automotriz norteamericana, y el comienzo del ocaso urbano de Motor City. Es decir, Detroit.

El realizador Julian Temple visitó la ciudad para realizar un documental para la BBC. Y se encontró con un paisaje apocalíptico. Así lo cuenta en The Guardian:

Las estadísticas son asombrosas. Al menos 100 de los 360 kilómetros cuadrados del centro de la ciudad han sido reclamados por la naturaleza. Una de cada cinco casas están vacías. Los precios de las propiedades han caído un 80 por ciento o más en Detroit en los últimos tres años. Una casa de tres dormitorios en la calle Albany aún está en el mercado por un dolar.

El desempleo afecta entre el 30 y 33 por ciento de la población y el 48 por de los niños vive por debajo de la línea d epobreza. El 47 por ciento de los adultos en Detroit son analfabetas funcionales y tan sólo en 2009 han cerrado 29 escuelas.

La ley y el orden han desaparecido en el centro de la ciudad, las drogas y la prostitución son rampantes y a menos que hayas matado a alguien, la policía no se mete contigo.

Lo que hace tan difícil de entender todo esto es que Detroit alguna vez fue la ciudad fronteriza del gran sueño americano —no sólo el automóvil, sino mucho de todo lo que asociamos con la civilización occidental del siglo 20 viene de allí. Producción en masa, líneas de montaje, luces de pare, autopistas rápidas, centros comerciales, suburbios y una fuerza de trabajo emergente de clase media: en todas esas cosas fue pionera Detroit.

Temple añade que la semilla del ocaso de la ciudad se plantó tiempo atrás. Por un lado, la dependencia de una sola industria, la automotriz; y por otro, la soberbia de los grandes barones de la industria que prácticamente crearon una especie de apartheid en el que confinaron a los trabajadores afroamericanos.

El 81 por ciento de la población de Detroit es ahora afroamericana y la edad de casi dos terceras partes se ubica en el comienzo de los 50 años. La ciudad ha perdido su base fiscal y no puede permitirse el lujo de podar la grama o iluminar sus calles, mucho menos de educar o alimentar a sus ciudadanos. El resto de los EE.UU. se niega a aceptar la catástrofe económica que se ha apoderado de Detroit, aterrados de que por contagio humano se extienda a otras ciudades americanas. Pero de alguna manera, uno no puede imaginar que algo así podría suceder en una ciudad mayoritariamente blanca.

Requiem for Detroit? | Página oficial

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