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El cine venezolano y las redes sociales, una relación exitosa [segunda parte]

Afiche de Cheila, una casa pa Maita

Afiche de Cheila, una casa pa' Maita, de Eduardo Barberena

Desde que escribí y publiqué ayer la primera parte de este artículo —un poco atropellado y desorganizado, despelucado, ustedes disculpen, pero es que a veces me gusta usar el blog como si fuera bloc de notas— sucedieron un par de cosas muy interesantes. O acaso una sola, no sé. Quizás, se trata de dos eventos aparentemente inconexos que obedecen al mismo principio. Al principio de la sincronicidad de Jung.

¿Que qué pasó?

Bueno, para empezar, después de redactar el artículo fui a la página de la BBC porque me interesaba leer y reseñar una nota sobre el narco cine en México. Y allí en BBC Mundo me topé con una noticia sobre los experimentos de dos investigadores para predecir el éxito de una película basándose en los datos de búsquedas de Google. Sí, sobre el mismo fenómeno que había descrito en mi post anterior, sólo que lo que yo veía como consecuencia —en pasado—, los investigadores lo veían en tiempo futuro. El nuevo estudio se parece al que reseñamos en abril pasado, sólo que en vez de usar los datos de Twitter para predecir el posible desempeño de un film en taquilla, usa los datos de buscadores de Internet. Y, como yo pude observar más o menos empíricamente en este blog, efectivamente existe una relación entre cine, internet y redes sociales, aunque no estoy seguro de qué cosa determina a la otra. Creo además que el cine venezolano no es la excepción.

El segundo ejemplo de sincronicidad vino de la mano de Inti Acevedo. A Inti, editor de Esquizopedia y colaborador de Alt1040, le pasó lo que a mí con el artículo de la BBC. Ayer cargó BlogaCine y descubrió que yo estaba pensando justo lo mismo que él. En el pasado Nokia Talk, donde por fin nos conocimos personalmente, habíamos comentado someramente la forma en la que algunos realizadores venezolanos estaban usando sin complejos las redes sociales para promover sus películas. Ahora compruebo que tanto a él como a mí el tema se nos quedó clavado en algún rincón oscuro del subconsciente y esta semana afloró. Hoy, Inti ha tomado el testigo cual corredor de relevo y publicó en Alt1040, un excelente artículo en el que analiza muchos de los aspectos que yo pensaba tocar en esta entrega (eso me pasa por dejar para hoy lo que debí escribir ayer). Ahora, que me ha ahorrado algo de trabajo, no me queda más que recomendar ampliamente la lectura de su post y yo puedo ir directamente al grano.

En su artículo, Inti comenta cómo hasta mediados de esta década, el monopolio de la opinión pública estuvo concentrado en pocos medios de difusión masiva. Hasta la irrupción de la Web 2.0. Casual o causalmente, esto coincidió con un cambio importante en nuestro cine.

Fue la suma de pequeños detalles. Primero, el principal ente financiero del cine en Venezuela, el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) puso límites al proceso de realización de un film. Toda película financiada por el instituto debía terminarse en el plazo de un año (o poco más, con causas justificadas). En los años noventa y a comienzos de esta década, la producción de una película podía perpetuarse lo que parece una eternidad. Hubo y hay incluso películas que superan la década, estancadas en su proceso de postproducción, sin motivo aparente. Yo sospecho que la razón es económica: resultaba más rentable no terminar la película que estrenarla, pero eso es materia para un nuevo post. El resultado de la nueva política del CNAC, fue una mayor presencia de cine venezolano en nuestras pantallas. Hoy, por ejemplo, se está exhibiendo la bicoca de cinco cintas criollas y está a punto de estrenarse una sexta.

Luego, a mediados de década, el mismo instituto equilibró la relación entre el financiamiento de óperas primas y películas de veteranos, lo que propició la emergencia de una nueva generación de realizadores. Antes, apenas se financiaba una ópera prima por cada cuatro películas de veteranos. Los nuevos cineastas, con mayor o menor fortuna, están renovando nuestro lenguaje cinematográfico y expandiendo el horizonte temático y estético de nuestro cine.

La Villa del Cine

La Villa del Cine

Finalmente, en 2007, se creó la Villa del Cine, una poderosa productora estatal que comenzó a filmar y estrenar película tras película, contribuyendo así a mantener una presencia sostenida del cine criollo en nuestras pantallas.

De modo pues que cuando llegaron las redes sociales, el cine venezolano ya estaba allí.

Aunque aún seriamente lesionado por su leyenda negra (un cine de putas, policías y malandros que se oye mal). O, peor aún, como en el caso de las películas de la Villa del Cine o de Secuestro Express, de Jonathan Jakubowicz, la cinta venezolana más exitosa de la década, por un nuevo fenómeno: la polarización política. A pesar de la Web 2.0 y de la explosión de los blogs de cine.

No es pues exclusivamente la emergencia de la Web 2.0 lo que revirtió las tendencias de opinión pública negativas sobre nuestro cine, sino la llegada de un nuevo tipo de red social basada en la personalidad virtual, en la transparencia, la honestidad y en la comunicación directa, sin intermediarios.

A pesar de su sencillez, el uso de los blogs seguía siendo complicado para la gran mayoría de los internautas. El blog demanda además, tiempo y esfuerzo no remunerado (al menos, no de la manera tradicional) para mantenerse a flote. Como los tiburones, blog que se detiene, se hunde. Y en lo que al cine venezolano se refería, de alguna manera, el bloguero seguían siendo intermediaris entre las películas y su público. Por muy personal que sea la bitácora, reproduce la relación vertical de emisor-receptor (aunque en este caso, los receptores podían replicar y cuestionar al emisor. Y vaya si lo han hecho). Existe algún componente impersonal en esa relación.

María Fernanda León y Jean-Paul Leroux en Las Caras del Diablo

María Fernanda León y Jean-Paul Leroux en Las Caras del Diablo

Facebook y Twitter, en cambio, se basan en la construcción de una personalidad virtual y de relaciones online, donde no tiene mucho sentido ni cabida el anonimato. La relación que se establece entre sus usuarios es horizontal y, la mayoría de las veces, recíproca. Su uso es extremadamente sencillo y, lo más importante, elimina todo tipo de intermediarios. De allí, el secreto de su éxito.

Era lógico que cineastas, artistas, productores, exhibidores, críticos y distribuidores miraran como sumo interés el fenómeno. Ahora podían establecer con su público una comunicación franca y abierta, directa, personal. Ya no dependen exclusivamente de un gran medio o de un bloguero, para promocionar sus cintas o discutirlas con los espectadores. Podían ahorrarse el inmenso trabajo de llevar un blog. Ahora hablan directamente con su público, con la confianzuda actitud del “negocio atendido por su propio dueño”. El crítico, incluso, ha descendido de su pedestal, para convertirse en el pana, el amigo experto en un tema que conversa con sus otros panas. Nada más hay que ver el caso del jocosamente llamado “experimento fallido” de Sergio Monsalve, quien cada semana publica en su perfil de Facebook, un video con sus observaciones sobre las películas en cartelera.

En una red social basada en la transparencia, en la identidad virtual y las relaciones, hay poco lugar para el prejuicio, para la leyenda negra sobre nuestro cine y para la polarización política. Al menos, no sin un buen debate, sin una buena pelea virtual. En esos casos, muchas veces sucede como con aquel pesado que nos caía pésimo hasta que le conocimos y descubrimos otra persona.

Los espectadores, progresivamente, descubrieron que el cine venezolano acaso no era tal y como lo pintaban. Que algunas veces es mejor y hasta más simpático; y que otras no. Que a veces puede ser peor. Pero, en uno u otro sentido, la experiencia sigue siendo personal y directa.

Finalmente, la cita que siempre cito.

Hace 40 años, el realizador francés François Truffaut profetizó que las películas del futuro serían tan íntimas como un diario, como una confesión o una autobiografía y que su número de espectadores sería proporcional a la cantidad de amigos del realizador. Ya saben por dónde voy… Hoy, las nuevas tecnologías digitales ciertamente nos permiten hacer películas tan íntimas como si fueran nuestro diario, en video de alta definición y sonido envolvente. Y esas películas tienen hoy tanto público como amigos tenemos en nuestro perfil de Facebook, seguidores en Twitter y subscritores en nuestro blog.

Póster de la película Habana Eva

El cine venezolano y las redes sociales, una relación exitosa [primera parte]

Hermano Pelicula Venezolana de Marcel Rasquin

Hermano, de Marcel Rasquin

En todos los años que llevo escribiendo este blog, no había sucedido.

Desde hace tiempo he venido notando cómo existe cierta correspondencia entre la lista de artículos más leídos y la taquilla o asistencia de una película venezolana. Usualmente, la semana que antecede y la posterior al estreno de una cinta venezolana, los posts que he escrito y publicado sobre la película en cuestión, comienzan a ubicarse entre los más leídos. Incluso, me atrevería a afirmar que la curva estadísticas de vistas de página de un artículo sobre una película venezolana, coincide más o menos con su desempeño en taquilla. Procuraré algunos datos de taquilla esta semana, para hacer la prueba.

La suposición no es del todo descabellada. El 70 por ciento de las vistas de tales artículos vienen desde Google. Es decir, algún usuario googleó el título de la película y el post de BlogaCine apareció entre los primeros resultados. Y debemos suponer que si alguien googlea buscando información sobre tal o cual película, es porque le interesa, porque le ha llamado la atención como para obligarlo a acudir a Google.

La lista de los artículos más leídos de esta página se renueva semanalmente. Es decir, cada siete días se eliminan automáticamente los posts que menos lecturas registran. Por eso, hasta ahora, son raros los artículos que permanecían más allá de un mes en la lista. Menos aún si tenían que ver con una película venezolana determinada, cuyo promedio en pantalla es de quince dís.

Hay artículos que todos los días tienen cientos y hasta miles de vistas, pero que no aparecen en la lista. Por ejemplo, las galerías fotográficas de Megan Fox, Jessica Alba y, la más vista de la historia de esta humilde página, la de Liz Gallardo. O el chiste del Día de los Inocentes sobre las escenas más ardientes del cine venezolano (sí, aún hoy siguen cayendo por inocentes y dejando mensajes insultantes en Youtube). He configurado el programa para que no muestre esos post específicos y le dé oportunidad a lecturas verdaderas (y productivas).

Pero hay otros posts exitosos que no tienen que ver con muchachas ligeras de vestimenta (o, para usar la búsqueda de Google que todos los días atrae a cientos de visitantes a BlogaCine: “mujeres sin ropa”). Está el artículo sobre las mutaciones de físicas de Michael Jackson, las instrucciones para hacer un estabilizador de cámara casero o cómo escribir un guión de cine (que no es más que un enlace a la página del guionista y script doctor venezolano, Frank Baiz).

Volviendo al tema, decía al comienzo de este artículo que nunca había pasado que todos los posts que aparecen en la lista de los más leídos estén relacionados con películas venezolanas. Y este año ha sido más o menos una constate desde que se estrenara SubHysteria, de Leonard Zelig.

Todo lo anterior viene a cuento porque ayer rebotaba en varios medios la noticia de que el cine venezolano se reencontraba con su público este año, entre otras cosas porque la taquilla ha sido superior a la del 2009. En realidad, yo creo que más que con su público, nuestro cine se ha reencontrado con los grandes medios de difusión masiva y comienza a vencer el viejo prejuicio contra nuestra películas. La leyenda negra sobre el cine venezolano que en los años noventa pasó de ser un decir popular a una tendencia informativa, cede terreno ante el empuje y la contundencia de las redes sociales y la mensajería instantánea.

La tendencia informativa negativa comenzó a revertirse a mediados de década con el advenimiento de la llamada Web 2.0, que permitió el surgimiento de nuevas formas de comunicación y propició la erosión de los grandes medios de difusión masiva como formadores de opinión. No obstante, de alguna manera la Web 2.0, si bien afectó el poder los medios tradicionales, por otro lado permitió el surgimiento de nuevos forjadores de tendencias de opinión pública. Más pequeños o modestos, pero intermediarios entre el público y su cine al fin. Verbigracia, los blogs sobre cine.

Lo que sucede ahora es muy diferente. Pero eso será para mañana, Dios mediante, porque ya tengo que ponerme a trabajar…

Actualización: ya está publicada la segunda entrega.

Catfish1

Catfish, el rastro de tu identidad en las redes sociales

Imagen de previsualización de YouTube

Quienes han visto Catfish, no dudan en calificarlo como un documental perfecto. Curiosamente, sus detractores piensan lo mismo: es demasiado perfecto para ser un documental.

Se ha dicho que es el film definitivo de la era Youtube y la última palabra sobre la influencia de las redes sociales en las relaciones personales y la identidad individual. Producido por Andrew Jarecki (Capturing the Friedmans), y dirigido por Henry Joost y Ariel Schulman, la trama del film tiene como protagonista a Niv, el hermano de Ariel, y su relación virtual con Abby, una genio precoz de 8 años, su madre Angela y su medio hermana Megan.

Pero lo que comienza como un historia común y corriente de relaciones virtuales se transforma en algo que todas las reseñas se empeñan en no revelar. Algo que, como dice una crítica en Film.Com, te induce a apartar la mirada de la pantalla y a sospechar que lo que allí sucede simplemente no puede haber pasado de verdad. En el mismo trailer se sugiere el giro dramático. Sin embargo, hay críticas que apuntan que esta película está llena de giros imprevisibles. Que es tan perfecta que sencillamente no se puede creer que no haya detrás un guión de hierro sosteniéndola.

Puede que todo lo anterior, incluso las dudas sobre la veracidad del film, no sea otra cosa que una campaña de mercadeo cuidadosamente orquestada. Si es así, será la más perfecta campaña viral de los últimos años. Aquí, al menos, nos devora la curiosidad de saber en qué consiste el misterio que encierra Catafish.

No dejen de visitar su ingeniosa página oficial.

kickstarter

¡Psst! ¡Psst! ¿Buscando fondos para tu proyecto? Kickstarter te puede ayudar

Kickstarter es una red social para emprendedores y artistas con una buena idea en la cabeza, un proyecto bajo el brazo y los bolsillos vacíos.

Funciona bajo un esquema de todo o nada y la cosa va más o menos así: te inscribes en la página, publicas tu proyecto y haces tu petición. Tienes que adjudicarle un tiempo de expiración específico. Si al cabo de ese tiempo, que puede estar comprendido entre 1 y 90 días. Durante ese lapso, los interesados en invertir en hacer realidad tu idea, aportan los recursos a través de sus respectivas tarjetas de crédito.

Si al cabo del vencimiento del período asignado para la búsqueda de recursos consigues asegurar el 100 por ciento del dinero, el sistema carga las tarjetas de tus inversionistas y recibirás luego un lindo cheque para filmar esa película con la que sueñas. Si no consigues el 100 por ciento, pues nada, te toca repensar tu idea y volver a intentarlo.

La red está dirigida a cineastas, artistas, músicos, diseñadores, atletas, aventureros, ilustradores, exploradores, curadores, promotores, actores…

¿Cansado de esperar que los organismos oficiales aprueben esa películas de zombies vegetarianos con que sueñas? Prueba Kickstarter. A lo mejor, la pegas…

Vía | The New York Times

Twitter mortifica a Hollywood

Twitter a los estudios: tarde piaste...

Twitter a los estudios: tarde piaste...

Y no sólo el popular servicio de microblogging, sino cualquier red social: el fenómeno llamado Web 2.0 estaría acortando la vida en pantalla de las películas.

Según un reporte de Reuters, los estudios cinematográficos estadounidenses se están rompiendo la cabeza para contrarrestar el Efecto Twitter.

Los comentarios negativos en la red están afectando seriamente el éxito de una cinta y la recaudación de taquilla.

Dice la nota de la agencia noticiosa:
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El rostro de Facebook, del libro al cine

Facebook, la película

The Social Network Poster

No se hacen tantos amigos, sin unos cuantos enemigos

Facebook ha pasado de ser una simple red social a convertirse en un fenómeno cultural.

Casi podemos decir que, para la mayoría de los internautas, hay un antes y un después de Facebook.

La red social que remeda en el mundo virtual el libro de rostros de muchas instituciones educativas de todo el mundo, ha servido para recuperar amistades perdidas, unir y desunir parejas, organizar reencuentros escolares, promocionar eventos y personalidades, difundir conocimiento y ejercer el activismo político.

Mientras unos no pueden vivir sin Facebook, otros prácticamente viven en en él.

Y también hay quienes lo consideran un mecanismo de control social, una herramienta ideal para la delincuencia virtual y el hampa real, o para los servicios de inteligencia y espionaje de gobiernos totalitarios. Su uso es tan extendido que no tener una cuenta en Facebook, es señal de excentricismo o misantropía. Todo depende.

Desde que Facebook existe, ya no es necesario la consabida fórmula de “¿y qué has estado haciendo?”. Y, cuando la pregunta se deja caer, puede que la respuesta sea: “¿y es que acaso no lees mi Facebook?” Ya nadie tiene que ponerse al día sobre la vida de los demás. Podemos saltarnos esa parte e ir directo al grano.

A mí me gusta porque Facebook es uno de los sitios más civilizados de la red. en líneas generales no hay trolls, la misma naturaleza, basada en la identidad, de la red hace del anonimato una práctica sin sentido. ¿Puede existir algo más inútil que un anónimo en Facebook? ¿Cuánto amigos llegaría a tener?

Todo lo anterior viene a cuento porque Variety publicaba ayer una nota sobre la posibilidad de que David Fincher dirigiera una película basada en la historia del desarrollo de Facebook. Puede sonar aburrido –¿una película sobre un par de tipos tirando líneas de código PHP y Javascript?– o simplemente un disparate, pero cuando uno recuerda que Facebook tiene alrededor de 200 millones de usuarios en todo el mundo, se hace una idea de la magnitud del negocio que los tienen entre manos. (Pensándolo mejor, puede que “BlogaCine, el musical”, quizás no sea tan mal negocio después de todo –no, no tenemos 200 millones de usuarios).

Aaron Sorkin, creador de The West Wing firma el guión, basado en el libro de Ben Mezrich, Multimillonarios accidentales, que está próximo a salir. El proceso de selección de reparto ya ha arrancado y los súpernerds, ultrageeks Michael Cera y Shia LaBeouf encabezan la lista de candidatos a interpretar a Mark Zuckerberg, el estudiante de segundo año de Harvard que inventó la red.

Por último, la cinta no tendrá un título muy original que digamos: La Red Social.

Críticos Vs. Cineastas: Carlos Boyero vs. Pedro Almodóvar, segundo round

Penélope Cruz, en una prueba para Los Abrazos Rotos

Penélope Cruz, en una prueba para Los Abrazos Rotos

La polémica entre Carlos Boyero, crítico de cine de El País, y el realizador manchego Pedro Almodóvar, se pone cada vez más interesante. En especial, porque ha provocado una discusión sobre el verdadero papel de la crítica cinematográfica y las fronteras entre los géneros periodísticos de la crónica y el artículo de opinión.

También resulta interesante analizar la controversia dentro del contexto de la relación de amor-odio entre los medios de comunicación y el cine ibérico, al que hace poco nos referíamos en un post. Si en el artículo de Javier Martín se obviaba a los cineastas más exitosos para reforzar un juicio negativo contra el cine español; en este caso, se alude de forma negativa a un cineasta exitoso. Como si se nos dijera: “está bien, tenemos a un Almodóvar, pero ese no cuenta porque es un pesado”.

Volviendo al asunto que nos ocupa, en un diálogo con los internautas, Boyero tocó el tema en más de una ocasión:

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