El cine venezolano y las postulaciones al premio Oscar 2011, algunos apuntes (y una encuesta)

Un lugar lejano, de Jose Ramon Novoa

Un lugar lejano, de José Ramón Novoa, lejos del Oscar

Nuevamente la controversia rodea la selección de la película venezolana a ser postulada a los premios Oscars, aunque esta vez no ha alcanzado las dimensiones épicas de polémica del 2005, cuando Secuestro Express perdió ante 1888.

El detonante ha sido la exclusión de Un Lugar Lejano, de José Ramón Novoa, del proceso de selección. Un lugar… había participado el año pasado a pesar de que, según su director, no cumplía con algunas disposiciones de la Academia estadounidense relativas a la fecha de estreno. Novoa alega que debido a las irregularidades del año pasado, la exclusión de su película del proceso de este año es ilegítima y por tal motivo, elevará su protesta ante la academia estadounidense misma. En solidaridad con su marido, Elia Schneider retiró su película, Des-Autorizados.

La Nana Vs. Dawson Isla 10

Catalina Saavedra es La Nana

Catalina Saavedra es La Nana

Chile vivió el año pasado un episodio similar al de Venezuela en 2005. La controversia tuvo como protagonistas a La Nana, del joven realizador Sebastián Silva y Dawson Isla 10, de Miguel Littin. La Nana, un pequeño film intimista de bajo presupuesto, rodado en 15 días en una sola locación y en video de alta definición, venía de ganar dos premios importantes en el festival de Sundance. Dawson Isla 10, una de las películas más caras de la historia del cine chileno, dirigida por un consagrado del cine latinoamericano, se basaban en las memorias de un ministro del gobierno de Bachelet.

La comisión terminó eligiendo la película de Littin y poco después La Nana fue nominada como mejor película extranjera a los Globos de Oro, tradicionalmente considerados como la antesala del Oscar. En cambio, la cinta de Littin no consiguió su nominación. Curiosamente, una de las cintas protagonistas de la noche del Oscar 2010 fue Precious, de Lee Daniels, también ganadora de Sundance el mismo año que La Nana. Silva y Daniels han terminado trabajando juntos.

Para Silva, en la elección de la película de Littin, fue determinante el aspecto generacional:

En Chile la candidata es escogida por un pequeño comité que lidera Andrés Wood (Machuca, La buena vida) y sus integrantes son de otra generación. Creen que el cine político tiene más oportunidades que el cine intimista. Perciben el cine de forma diferente, creen que filmes de mucha producción y estrellas deben ser la bandera del cine chileno… Se apresuraron en su decisión, no lo meditaron, no tomaron en cuenta el éxito de La Nana en EE UU.

Fue un error muy caro para el cine chileno, aunque este año tal parece que no se repetirá: la comisión de selección ha sido ampliada de 5 a 40 personas e incluye a representantes de distintos oficios y generaciones. Puede que sea esa la solución para evitar nuevas controversias en un futuro. O mejor, tal y como lo ha sugerido Caupolicán Ovalles hijo, la creación de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas de Venezuela. Ahora, cuando se habla de una nueva reforma a la Ley de Cine, puede que sea el momento propicio para dotar ese anhelo de una sólida base jurídica.

Nuestra comisión actual está presidida por Ovalles y, con él, son doce sus integrantes: el director Alejandro Bellame (El tinte de la fama), las realizadoras Solveig Hoogesteijn (Maroa), Efterpi Charalambidis (Libertador Morales), Marilda Vera y Carmen L’Roche (Perros Corazones), la productora Irlanda Rincón, el sonidista Carlos Bolívar, el actor Rafael Ángel Gil, el guionista y script doctor Frank Baíz, el crítico Alfonso Molina, el periodista Robert Gómez y Claudia Nazoa.

¿Cuánto cuesta el Oscar?

Mía Maestro en Secuestro Express

Secuestro Express, apoyada

Los estudios y distribuidoras suelen invertir entre 5 y 25 millones de dólares para promocionar sus películas entre los miembros de la Academia. Estamos hablando de cientos de anuncios en prensa especializada (For your consideration) dirigidos a los votantes, giras promocionales de actores y miembros clave del equipo de producción y realización, entrevistas, ruedas de prensa, proyecciones, distribución de miles de copias en DVD, material promocional y contratación de agencias de relaciones públicas para diseñar estrategias de lobby.

Es un montón de dinero. El apoyo de una distribuidora poderosa, o un gran estudio, no es determinante a la hora de elegir una película para optar al Oscar a la mejor cinta extranjera. Pero cómo ayuda. Por esta razón, Secuestro Express —distribuida por Miramax— puede que fuera mejor candidata que 1888. O La Nana, a pesar de ser una cinta de bajo presupuesto, mucho mejor que Dawson Isla 10. Una vez conseguida la nominación, el respaldo económico es fundamental.

Sin embargo, la mayoría de las películas postuladas llega sin el respaldo de una distribuidora. Pero ocho o nueve de cada diez, lo consigue inmediatamente después de su postulación. Ese fue el caso de la venezolana El Tinte de la Fama, de Alejandro Bellame. Postulada en septiembre, a principios de octubre conseguía el apoyo de un agente de ventas.

¿Para qué sirve un Oscar (o cualquier otro premio cinematográfico internacional)?

Afiche de la película peruana La Teta Asustada

La de los años ochenta del siglo pasado fue una de las décadas más fructíferas del cine venezolano. La producción era constante y la respuesta del público fue entusiasta. Entre 1986 y 1987 se registró el pico máximo de producción y taquilla. Buena parte de ese éxito se le debe a un hecho que, si bien se trata de un hito de la historia de nuestro cine, por otro lado, se le suele mencionar tan sólo como una nota al margen, un mero accidente sin consecuencias en el devenir del cine venezolano. Nos referimos a la Cámara de Oro que recibió Oriana, ópera prima de Fina Torres, en Cannes, 1985. La verdad es que esa Cámara de Oro reforzó el vínculo entre el espectador venezolano y su público. Ese premio confirmó que nuestro cine podía apuntar más alto, más allá del mero cine de explotación de la violencia y la miseria y nuestro público respondió, entusiasmado.

Pero un premio internacional no sólo sirve para impulsar una cinematografía en el ámbito interno, sino también para darla a conocer en el externo, en el internacional. El circuito de festivales es, en esencia, un sistema snobista siempre buscando lo más in, lo más guay, lo último, lo máximo, lo más cartelúo. Una película premiada arrastra otros cintas de su misma nacionalidad. Y otros premios. Después del éxito de La Teta Asustada (Claudia Llosa) en Berlín y el Oscar, no hay festival que no incluya alguna película peruana en su selección. De repente, el cine peruano se ha puesto de moda…

Es por esto que una nominación al Oscar—o un premio internacional importante, en todo caso— beneficiaría al cine venezolano en conjunto. Nos beneficiaría a todos. Nuestros doce jurados en pugna están obligados a escoger no sólo la mejor película, sino la justa, la correcta, la que es —tienen de dónde, pues el 2010 no ha sido un mal año para nuestro cine. Esos doce jurados tienen la obligación de dejar a un lado prejuicios e intereses personales, deben hacer oídos sordos a polémicas insustanciales y concentrarse en su labor.