Películas para dar perspectiva a Venezuela

“Cualquier parecido con la realidad es intencional”

Este es un listado de películas cuyas historias pueden ayudar a darnos perspectiva a los visitantes de esta página, principalmente venezolanos, a todos por igual, en cuanto a las relaciones de poder, quiénes lo ejercen, los medios, la censura, la falta de información, los adjetivos, las técnicas y formas usadas, con el fin de entender un poco más lo que está pasando y cómo llegamos a esto.

Independientemente de la época y del bando desde el que se cuentan las historias (si derecha o izquierda, o del “ismo” que forme parte), lo importante es denotar las relaciones de poder, manipulación, uso de medios, de esas situaciones llevadas al cine que puedan ser similares a la actualidad. Y es que como Nietzsche hay algunos que opinan que la historia es circular, y está destinada a repetirse a sí misma, y una excelente forma de preservar, revivir y entender nuestra historia ha sido a través de este séptimo arte.

 

Triumph of the will (1935) de Leni Riefenstahl

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Hay que empezar con este documental, el cual sentó bases en cuanto a lenguaje cinematográfico, ver este documental hoy día es darse cuenta de la valía que aún tiene en nuestra sociedad. Presenta las formas de mostrar líderes, el apoyo de la gente y actos donde se puede vanagloriar a una persona. Compárenlo con cualquier evento político transmitido en tv.

 

Animal Farm (1954) de Joy Batcherlor y John Halas

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1984 (1984) de Michael Radford

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Granja de Animales y 1984. Versiones fílmicas de dos libros excepcionales que exponen técnicas usadas en sociedades de iguales, donde unos son más iguales que otros.

 

(1969) de Costa-Gavras

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En el comienzo de la película un texto dice “Cualquier parecido con eventos reales, personas vivas o muertas, no es resultado de la casualidad, es INTENCIONAL”, y cualquier persona que vea esta película hoy día puede ver lo que es la agitación, sabotaje, infiltrados en protestas con el fin de desacreditar, desviar atención o causar violencia. Ha ocurrido antes y parece seguir ocurriendo.

 

Tropa de Elite 2 (2010) de José Padilha

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Cuando la violencia en la ciudad y los barrios nace de la corrupción.

 

Persepolis (2007) de Marjane Satrapi

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La infancia de una niña en un país autoritario lleno de restricciones se ve forzada a dejar su país.

 

The Act of Killing (2012) de Joshua Oppenheimer

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El telón de fondo que juega en este documental es lo que puede llegar a ser una nación si logra llevar su ideología al extremo sin oposición alguna, ya que ésta fue eliminada, acaparando medios e imponiendo su discurso por encima de todo.

 

Y una muestra de lo que ya es memoria y pasado para estudiantes de países cercanos.

La noche de los lápices (1986) de Héctor Olivera

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Y todo para no llegar a esto…

 

V for Vendetta (2005) de James McTeigue

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y la lista puede continuar…

Conexión Abril: Un Documentalista en Venezuela acusado de espionaje.

Timothy Tracy. El documentalista arrestado por acusaciones de espionaje en Venezuela.

Timothy Tracy. El documentalista arrestado por acusaciones de espionaje en Venezuela.

No quisiera ponerle un tinte político al blog, pero aquí hablamos de cine, y esta noticia deseo compartirla porque es sobre una labor que respeto mucho y toda la historia de lo que está sucediendo puede armar la trama de una película de espías. La cual ya hasta tiene título: Conexión Abril.

Timothy Tracy, un estadounidense que se dice estaba haciendo un documental en Venezuela sobre la situación política de nuestro país. Fue arrestado por el SEBIN hace ya 2 semanas, acusado de ser un espía norteamericano bajo la fachada de cineasta.

Según el gobierno, Trace estaba conspirando para crear agitación tras los pasados comicios electorales bajo una operación desestabilizadora denominada “Conexión Abril“ . Obama ante las acusaciones simplemente dice que son “ridiculas“.

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Anders Behring Breivik y Lars von Trier, crímenes y ficciones

Anders Behring Breivik, nuevo cruzado

Anders Behring Breivik, nuevo cruzado

Les juro que lo vi venir de lejos. Sólo era cuestión de tiempo. Pero tarde o temprano, ocurriría.

Había notado la tendencia prácticamente desde que se conocieron los primeros detalles de la identidad del autor de semejante atrocidad. Comenté en Twitter sobre el silencio de ciertos opinadores de la red y sitios web de tendencia libertaria, usualmente escandalosos, tremendistas y gárrulos cuando ocurre algo así. Si Anders Behring Breivik hubiera lucido una hatta mientras perpetraba su masacre habría sido otro cantar. Pero el hombre es un fanático cristiano, radical de derechas, anti-islamista y antijihadista, blanco y occidental que se tomó la molestia de escribir un manifiesto de más de mil 500 páginas para dejar bien clara su posición política y su línea de pensamiento.

Según Thomas Hegghammer, coautor de Al-Qaida in Its Own Words, Breivik es un buen representante de los movimientos “macronacionalistas”, y su ideología no es más que la versión cristiana y de derecha del fanatismo panislámico radical. Escribe Hegghammer en un esclarecedor artículo publicado por The New York Times:

Tanto Breivik como Al Qaeda se ven a sí mismo como comprometidos en una guerra de civilizaciones entre Occidente y el Islam que se remonta a las Cruzadas. Ambos luchan en nombre de entidades transnacionales: la “ummah” —o “comunidad” de todos los musulmanes— en el caso de Al Qaeda, y Europa en el caso de Breivik. Ambos enmarcan sus luchas como una guerra defensiva de supervivencia. Ambos odian sus respectivos gobierno por colaborar con un enemigo externo. Ambos usan el lenguaje del matirio (Breivik define sus ataques como una “operación de martirio”). Ambos se llaman a si mismo “caballeros” y se apropian de los ideales de caballería medieval. Ambos lamentan la erosión del patriarcado y la emancipación femenina.

De modo pues que con su voluminoso manifiesto, Breivik había enchabado el movimiento. Contra eso, poco nada se puede hacer. Salvo, quizás, echarle la culpa al cine. Fue lo primero que me pregunté al ver las imágenes de la masacre: “a ver a cuál película culpan ahora”. Lo veía venir y finalmente ayer se supo: Dogville, de Lars von Trier, resultó la escogida. Alguien fue a hurgar en el perfil de Facebook del asesino en masa y encontró, entre su lista de películas favoritas, la cinta del danés.

Por encima de Dogville, Breivik lista Gladiador, de Ridley Scott y 300, de Zack Snyder. Pero esas no sirven para el propósito de desviar la atención de las verdaderas motivaciones del asesino —políticas y religiosas, principalmente. Según el punto de vista adecuado, ambas películas podrían interpretarse como propaganda de guerra del lado occidental en la lucha de civilizaciones. En cambio, Dogville acababa en una masacre, un detalle ideal para provocar una buena controversia, sin mucha profundidad ni reflexión, sobre los efectos nocivos del arte y la ficción. Para colmo, Lars von Trier acaba de pasar el trago amargo de su expulsión de Cannes por culpa de un chiste poco afortunado, lo que le hace un buen candidato.

El danés ha tenido que salir a dar explicaciones, a pesar de no tener ni arte ni parte en el asunto, y de que película es justo lo contrario: un alegato contra la violencia.

Me enferma pensar que Dogville, que a mi juicio es una de mis películas de mayor éxito, pudo haber sido una especie de guía para él (para Breivik). Es horrible. Mi intención con Dogville era completamente la opuesta. A saber, inquirir si podemos aceptar a un personaje que se venga de todo un pueblo. Y aquí tomo distancia absoluta de la venganza. Es una forma de matizar al personaje y nuestros sentimientos, y hasta de ponerlo en evidencia, de modo que no es sólo blanco y negro.

La ficción es un buen chivo expiatorio. El arte en general, suele serlo. The Catcher in the Rye, la tierna novela de Salinger, terminó señalada de ser la causa indirecta del asesinato de Lennon. Taxi Driver y Jodie Foster, del atentado contra Reagan. Las canciones de Marilyn Mason se mencionaron entre las supuestas motivaciones de la masacre de Columbine. Hay quienes vieron en OldBoy la causa de matanza perpetrada por Cho Seung-Hui, el infausto School Shooter. La lista puede llegar a ser interminable y dar cabida a todo cómic de superhéroes, a cada película de acción, a cualquier juego de video como incitaciones a la violencia. Dogville es sólo la entrada más reciente.

Pero nunca veremos en esa lista los libros de las dos más grandes ficciones urdidas por la Humanidad y las mayores causas de violencia en su historia: la religión y la política.

Películas para entender a Jared Lee Loughner, el pistolero de Tucson, Arizona

Jared Lee Loughner

Jared Lee Loughner

Ha sido un fin de semana trágico en Estados Unidos. En Tucson, Arizona, Jared Lee Loughner, un joven perturbado de 22 años, abrió fuego en un encuentro con la legisladora demócrata Gabrielle Giffords. El saldo: veinte heridos, Giffords incluida, y seis personas muertas. Entre ellas, un juez y una niña de nueve años. La congresista se debate entre la vida y la muerte con una herida en la cabeza y el presunto perpetrador se encuentra bajo custodia policial.

Poco después de que se hiciera público el nombre de Jared Lee Loughner, autor de los disparos, comenzaron a aparecer por todos lados reportes sobre su identidad en las redes sociales. Pronto se supo que publicó inquietantes e incoherentes videos en su canal en Youtube, en los que su perturbación se hacía evidente. Los videos parecen obra de un alienado atrapado en un vericueto de delirios persecutorios, conspiraciones gubernamentales secretas, control mental y lavados de cerebro. Algún testigo lo describió como un personaje de Fringe, la serie de TV de J. J. Abrams.

The Manchurian Candidate

The Manchurian Candidate

Aunque bien mirado, Jared Lee Loughner parece responder a un personaje que Hollywood ha explotado en más de una película: el paranoico perseguido. Son los prisioneros de guerra que regresan de Corea al borde de la locura por persistentes pesadillas de The Machurrian Candidate o el torturado taxista, paranoico delirante extraviado en el laberinto de su propia conspiración de Conspiracy Theory. Hoy, Jerry Fletcher, el taxista paranoico interpretado por Mel Gibson, podría incluir a Jared Lee Loughner su su lista de magnicidas de tres nombres:

Los asesinos en serie sólo tiene dos nombres. ¿Te has fijado en eso? Pero los asesinos pistoleros solitarios, siempre tienen tres nombres. John Wilkes Booth, Lee Harvey Oswald, Mark David Chapman…

Con más introspección y menos sensacionalismo, Martin Scorsese, Paul Schrader y Robert de Niro abordaron el mismo personaje en Taxi Driver. Como el Raymond Shaw de The Manchurrian Candidate, el Travis Bickle de Taxi Driver también está destinado a perpetrar un magnicidio, impulsado por las oscuras, incomprensibles fuerzas de la paranoia.

Años después Scorsese incursionaría nuevamente en el laberinto de la paranoia con Shutter Island, protagonizada por Leonardo DiCaprio. Como en las películas antes mencionadas, también en Shutter Island, el sueño y la vigilia juegan un papel fundamental en la construcción dramática y en el desmoronamiento psíquico de su protagonista. En en The Machurrian Candidate eran las pesadillas recurrentes de los veteranos de Corea; o el insomnio pertinaz de Bickle en Taxi Driver; Teddy Daniels, protagonista de Shutter Island también ha perdido la capacidad de discernir entre la consciencia y el subconsciente, entre la realidad y el sueño.

Algo similar parece suceder en el caso de Jared Lee Loughner. En uno de sus video-textos publicados en YouTube, el joven escribe:

Todo los humanos tienen la necesidad de dormir.
Jared Loughner es humano.
Ergo, Jared Loughner necesita dormir.

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Seguidamente, Loughner desvaría sobre el sonambulismo y se define así mismo como sonámbulo. En otro video afirma que su actividad favorita es soñar de forma consciente y asegura enigmáticamente que la población de “soñadores conscientes” de los Estados Unidos no llega al 5 por ciento.

Fotografía de la reseña policial de Loughner

Fotografía de la reseña policial de Loughner

El atentado ha suscitado en los EE.UU. un debate sobre el discurso violento en la política. Algunas han señalado que perturbados como Jared Lee Loughner parecen explotar en tiempos de alta polarización política. Entre nosotros tuvimos a João de Gouveia, quien disparó al azar contra opositores al gobierno de Chávez en la plaza Altamira, durante los agitados días del Paro Petrolero de 2002-2003. En los 50 y durante la década de los 60, en los Estados Unidos, el discurso de confrontación entre radicales de los extremos políticos desembocó en los magnicidios de John Kennedy y de su hermano Robert, el de los dirigentes afroamericanos Martin Luther King y Malcom X o el intento de asesinato del gobernador racista George Wallace en 1972. Los diarios de Arthur Herman Bremer, autor del intento de asesinato, inspirarían el guión de Taxi Driver.

En los 80, en el clímax de la Guerra Fría y el discurso belicista reaganiano, las víctimas serían el mismísimo Ronald Reagan y el cantante John Lennon, asesinado por Mark David Chapman, un desequilibrado obsesionado con Holden Caudfield protagonista de la novela de culto The Catcher in The Rye, de Salinger. Sobre Chapman, se ha rodado una película, Chapter 27.

Loughner, en tiempos estudiantiles

Loughner, en tiempos estudiantiles

Loughner parece compartir con Chapman su afición a la literatura. O a la escritura, en todo caso, aunque no incluye The Catcher in the Rye entre sus libros favoritos. Los videos de Loughner están plagados de referencias al control mental por medio del control gramatical. Sus delirios, sin embargo, no son del todo descabellados ni su curiosa gramática es sólo fruto de su perturbación. Al parecer, Loughner es admirador de David Wynn Miller, ultraderechista opuesto al gobierno federal y al pago de impuesto, quien asegura haber creado una nueva gramática para defenderse de la intervención gubernamental en la vida de los ciudadanos.

Sobre el intento de magnicidio de Reagan, creo, no se ha rodado nada importante. No obstante, el suceso estuvo relacionado estrechamente con el cine, y no sólo porque Reagan fuera actor. Si el intento de asesinato de Wallace inspiró Taxi Driver, con Reagan ocurriría lo contrario: la película inspiraría a John Hinkley a cometer su crimen. Como Travis Bickle, quien trata de asesinar a un candidato presidencial para impresionar a Betsy (Cybill Shepherd); Hinkley trataría de matar a Reagan para impresionar a Jodie Foster, también protagonista de la película de Scorsese.

The Parallax View

The Parallax View

Las convulsiones políticas de los 50 y 60 también inspirarían la llamada Trilogía de la Paranoia Política de Alan J. Pakula. Particularmente, The Parallax View, protagonizada por Warren Beaty y cuya estructura dramática sigue a pie juntillas las convenciones de las historias sobre paranoicos perseguidos que, convertidos en una pieza de un engranaje conspirativo, terminan convertidos en magnicidas en contra de su voluntad.

Jared Lee Loughner, por su parte, parece ser productor del discurso violento que priva en la diatriba política estadounidense actual, potenciada en los últimos años por el fenómeno antigubernamental del Tea Party, de que muchos dirigentes radicales republicanos, empezando por Sarah Palin, se han aprovechado. Pero en sus videos, Loughner añade a la conspiración política, un nuevo elemento: el económico. Loughner hace referencias a la creación de una nueva moneda como factor de control gubernamental. La idea, aunque delirante, también puede ser tomada como una referencia cinematográfica. ¿Acaso se trata de una referencia directa a las teorías económicas conspirativas expuestas en los falsos documentales Zeitgeist?

Lo económico no es la única novedad en el caso de Loughner. También está el tema de las redes sociales. Loughner acaso sea, sino el primero, el más notorio magnicida en usar las redes sociales y la tecnología digital para difundir su “pensamiento”, en un ambiente de confrontación política amplificada asimismo por Internet. Puede que sea el mejor, aunque no menos trágico ejemplo, del Magnicida 2.0. Fue en una página de MySpace donde anunció lo que haría. A las 5:00 am del sábado, escribió:

Adiós. Queridos amigos. Por favor no se molesten conmigo.

No encontré un perfil suyo en Facebook. Si lo tuvo, quizás ya lo hayan tumbado. O quizás puede que la ausencia de su perfil en Facebook sea una de sus características más relevantes de los nuevos magnicidas: no tienen muchos amigos. Ni siquiera, virtuales.

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