Nueva York, 1900

New York 1900

New York 1900

A principios del siglo XX, la ciudad de New York atravesaba por un proceso de transformación muy radical. Aquí y allá se erigían grandes y altos rascacielos, como prueba y símbolo del progreso industrial. La gran urbe recibía diariamente a cientos de inmigrantes de todas partes del mundo y muchos de ellos entraban a un mercado laboral hambriento de mano de obra barata.

Era la época retratada por John Dos Passos en su enorme obra maestra, suerte de collage narrativo, Manhattan Transfer.

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Recientemente, la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos ha puesto a disposición de los internautas, 43 cortos documentales silentes y en blanco y negro, sobre la Nueva York de la epoca. Están publicados en YouTube, en iTunesU y en la propia página de la institución. Imperdibles.

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Vía | Open Culture

Arte, sexo, violencia y censura (II): el escándalo de “Fatty” Arbuckle

Fatty Arbuckle, cabeza de turco del moralismo estadounidense

Esta es la segunda entrega de una serie de artículos sobre la censura de obras artísticas (sobre todo, gráficas y cinematográficas) como una forma de prevenir conductas violentas o sus (supuestos) efectos nocivos. No se trata de un estudio, sino simplemente de poner en perspectiva el asunto. Pueden leer la primera parte aquí  

La historia es muy conocida. Se trata quizás del primer gran escándalo de Hollywood y constituyó la coartada perfecta para redactar y aplicar un estricto código de censura que regiría durante décadas la producción cinematográfica estadounidense.

El 5 de septiembre de 1921, en las habitaciones 1219, 1220 y 1221 del hotel Saint Francis, en San Francisco, tenía lugar una fiesta salvaje. El licor, ilegal entonces, corría a raudales y la música y las risotadas alborotaban los pasillos.

El anfitrión era el inmenso y talentoso Roscoe “Fatty” Arbuckle. Considerado el comediante más importante del cine de entonces, era la estrella mejor pagada. Se había abierto camino hacia el estrellato desde una infancia miserable y ahora firmaba contratos millonarios. Había sido el mentor de Charles Chaplin y Buster Keaton entre otros actores y comediantes. Era dueño de una melodiosa voz y de una agilidad inusitada para un hombre tan voluminoso. También era un extraordinario bailarín. Y, a pesar de todo, se decía, era muy tímido con los mujeres.

Esa noche, Arbuckle encontró tendida en el baño de su habitación a una de las invitadas a la fiesta. Se llama Virginia Rappe y era aspirante a actriz. Era una mujer de salud delicada. Sufría de problemas renales, había tenido varios abortos recientes. Su precaria salud se resentía con sus afición a la bebida, aún más cuando el alcohol destilado clandestinamente solía ser de muy mala calidad, y con su estilo de vida, de fiestas interminables y promiscuidad.

Rappe fue examinada por el médico del hotel, quien no le diagnosticó nada de importancia. No obstante, al cabo de un par de días, su salud empeoró y falleció.

Allí comenzó el fin de la exitosa carrera de “Fatty” Arbuckle. Otra de las invitadas a la fiesta, Bambina Maude Delmont, acusó al comediante de haber violado a su amiga Virginia. El representante de Delmont, Al Semnacker, posteriormente también le acusaría en una rueda de prensa de haber violado a Virgnia con un pedazo de hielo.

El detalle hizo salivar a los reporteros más sensacionalistas de la época. Pronto, el pedazo de hielo se transformó en una botella de Coca-Cola. Luego, en una de champagne. En realidad, Arbuckle había frotado con hielo el estómago de Rappe para calmar su dolor; y Delmont y su agente sólo buscaban extorsionar a una de las estrellas más adineradas de la época.

Arbuckle sería exonerado de todos los cargos en tres juicios sucesivos. A pesar de que en el último de los juicios, el jurado redactó una apología para el comediante —algo sin precedentes en la historia de la justicia estadounidense—, su vida y su carrera quedarían arruinadas para siempre.

Uno de los responsables fue el editor periodístico William Randolph Hearts, quien le sacó el jugo al caso en su cadena de diarios amarillistas, publicando noticias exageradas con lujos de detalles escabrosos. Como el mismo editor diría luego, desde el hundimiento del RMS Lusitania por parte de un submarino alemán, sus periódicos no se vendieron tanto como en los días del escándalo de “Fatty” Arbuckle. ante el escándalo, el público le dio la espalda al comediante.

El otro gran responsable de la debacle del actor se llamaba Will H. Hays. Republicano y mojigato, y era el presidente de la Motion Pictures Producers an Distributors of America —un eufemismo para comité de censura. Seis después de que Arbuckle fuera absuelto de los cargos, Hays le prohibió trabajar en toda película producida en los Estados Unidos, pidió que sus presentaciones fuesen canceladas y muchos exhibidores destruyeron las copias de las comedias del actor.

Aunque Hays invocó razones morales —o mejor dicho, moralistas— para justificar su veto, en realidad quería usar el caso como coartada para resolver un problema económico que traía de cabeza a los magnates de los estudios…

Fatty en Coney Island | Cortometraje

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Arte, sexo, violencia e infancia, una breve reseña sobre la censura (I)

¿Se han preguntado de dónde viene la idea de que una obra de arte, o del entretenimiento, puede incidir negativamente en la conducta humana? ¿No? Bueno, vayan a prepararse su bebida favorita porque la respuesta va a ser larga. No, no la pienso publicar toda hoy, para darle un poquito de suspense al asunto.

Pero para engancharlos, les adelantaré que tiene todos los ingredientes inherentes a toda buena historia: asesinos y muertes, escándalos y periodistas sensacionalistas, gentes de clases altas e individuos de la peor calaña, políticos santurrones y cruzados contra el crimen, súper héroes, psicópatas, psiquiatras, orgías, sacerdotes católicos…

Antecedentes: de la manzana de Adán al negocio del cine

Puestos a trazar el origen de tal idea, quizás debamos remontarnos al lbro de Génesis mismo, en el Viejo Testamento, cuando en lo que acaso sea la gran primera acción de censura conocida en la historia del cristianismo, a Adán y a Eva se les prohibe comer el fruto del árbol del bien y el mal, el árbol del entendimiento.

Estoy seguro de que todos saben cómo se desarrolla y cómo termina el cuento, de modo pues que voy a saltarme unos cuantos párrafos, y como este es un blog de cine, no de teología (aunque esta discusión tendrá mucho de religiosa), voy a ir directo al grano, al tema que nos interesa: la justificación de la censura de toda obra de arte (o del entretenimiento) para evitar su (supuesta) nociva influencia en la juventud (principalmente).

Remontémonos entonces a la génesis del ate cinematográfico, a principios del siglo XX.

En 1913, el gobierno estatal de Ohio (EE.UU), constituyó una comisión de censura encargada de revisar y aprobar las películas que serían exhibidas en el estado. Los distribuidores y exhibidores debían también pagar porque sus films fuesen aprobados (o, en todo caso, revisados). De paso, el comité tenía la potestad de ordenar la detención de todo aquel que exhibiese alguna película no censurada previamente.

Pronto, una distribuidora cinematográfica, la Mutual Film Corporation recurrió la decisión por vías legales. Aquel comité no sólo atentaba contra la libertad de expresión protegida por la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense, sino que además violaba varias cláusulas de comercio. El caso llegó hasta la Corte Suprema y en 1915 se dio a conocer el veredicto: que la exhibición de películas era simple y llanamente, un negocio y que por lo tanto, no estaba protegido por la Primera Enmienda.

En el texto de aquella decisión judicial, ya se hacia ver que las películas podían ser usadas con fines malignos y que por tal motivo, no podía desestimarse la aplicación de su censura previa.

La decisión judicial abonaría el terreno para lo que vino después…

Macondo, en el CELARG

El mítico escritor argentino, Julio Cortázar, conversa con María Teresa Castillo, compañera de Miguel Otero Silva, en Macondo

El mítico escritor argentino, Julio Cortázar, conversa con María Teresa Castillo, compañera de Miguel Otero Silva, en Macondo

Macondo se llamaba la casa en la que vivió, durante muchos años y hasta su muerte, el escritor venezolano Miguel Otero Silva. Estaba ubicada en las faldas del Ávila y solía ser visita obligada de los más célebres intelectuales que visitaban Caracas. Pero un buen día, no mucho tiempo ha, la casa fue demolida. Macondo es el título del documental de Margarita Cadenas que recoge la memoria de la desaparecida edificación. El documental se proyecta este sábado 28 de noviembre (2009) en el CELARG (Caracas, Venezuela), a las 10 de la mañana.

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Zamora, de Román Chalbaud: prestreno en Barinas

Fotograma de Zamora, de Román Chalbaud

Fotograma de Zamora, de Román Chalbaud

Hoy, sábado 13 de junio de 2009, en el estado Barinas, y con la asistencia del presidente de la república, Hugo Chávez, será pre-estrenada la última película de Román Chalbaud, Zamora.

El filme, producido por La Villa del Cine y distribuido por Amazonia Films, está protagonizado por Alexander Solórzano, Luigi Sciamanna, Daniela Alvarado, Erick Ekvall, Vitto Lonardo, Antonio Cuevas, Manuel Escolano, Asdrúbal Meléndez, Katiuska Huggins, Dilia Waikarán, Antonio Machuca, Antonio Delli, Freddy Salazar, Sebastián Falcón, Mariana Gil y Francis Rueda, entre otros.

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