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Una visita a La Cité du Cinéma de Luc Besson

La Cité du Cinéma, el sueño de Luc Besson

Hará cosa de un par de semanas, después de la primero proyección de mi película 3 Bellezas en el Festival de Cine Venezolano, en París, recibí una invitación que para cualquier cineasta, resulta imposible de rechazar: visitar La Cité du Cinéma (La Ciudad del Cine, en español) de Luc Besson.

Acepté inmediatemente, desde luego. Y no esperaba toparme con lo que me encontré…

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Léos Carax también hace películas “extranjeras”

Holy Motors, de Léos Carax, es una de las películas del año (pasado). El realizador de Mauvais Sang rompió su silencio de más de una década con un film fragmentado, metafórico, y (auto, meta) referencial que, al mismo tiempo, es todo un tour de force actoral para su actor fetiche, Denis Lavant.

El film ha pasado como un tornado por todos los festivales en los que ha sido presentado, arrasando con premios y elogios. Una de las escenas de la película, el inexplicable e inexplicado interludio en el que Lavant interpreta una versión al acordeón de ‘Let my Baby Ride’ de R.L. Burnside, se ha convertido en un fenómeno viral en la red, además de haber sido reconocida por muchos críticos como una de las mejores secuencias del año (ciertamente, una escena que nada tiene que envidiarle a la de Modern Love, de Mauvais Sang, o la escena de los fuegos artificiales de Les Amants du Pont Neuf).
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Foutaises, cortometraje de Jeunet, las cosas que nos gustan y las que no

Dominique Pinon en Foutaises, de Jeunet
Dominique Pinon en Foutaises, de Jeunet

Quizás una de las razones del éxito de la película francesa Amelie, de Jean-Pierre Jeunet, fue el curioso truco narrativo de presentar los personajes principales a través de sus gustos y disgustos. Un recurso que apela a la subjetividad del espectador para provocar la empatía con los personajes. Hay cosas que les gustan y les disgustan a ambos, de modo que el público termina pensando que tiene mucho en común con aquellos personajes.

Pero no era una idea nueva de Jeunet. De hecho, el realizador francés había realizado un cortometraje basado en ese recurso a comienzos de su carrera. Se titula Foutaises, fue ganador del premio Cesar en su momento y está protagonizado por Dominique Pignon.

Vía | Los 365

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Oscars 2011, Madagascar “carnet de vogaye”, nominado en cortometraje animado

Madagascar "carnet de voyage"
Madagascar carnet de voyage

Durante el día de hoy iremos publicando algunos de los cortometrajes nominados al Oscar 2011.

Y comenzamos con el cortometraje animado Madagascar “carnet de voyage” escrito y dirigido por Bastien Dubois.

Un diario de viaje en el que el autor cuenta sus experiencias de viaje por Madagascar. La sinopsis:

Descubra Madagascar a través de la mirada de un escritor de viajes. Las páginas de su carnet van pasando y los dibujos se animan para hacernos descubrir la extraordinaria diversidad de la Isla Roja, sobre todo del “Famadihana”, o rito del cambio de los muertos.

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Al César lo que es de Edgar (Ramírez, actor revelación en Francia)

Edgar Ramírez besa el triunfo
Edgar Ramírez besa el triunfo

A estas alturas, ya muchos de ustedes lo saben: nuestro compatriota venezolano Edgar Ramírez, ha ganado el premio César al actor revelación en Francia. Los premios César son el equivalente francés al premio Oscar. Los otros nominados eran Arthur Dupont (Bus Palladium), Grégoire Leprince-Ringuet, (La Princesse De Montpensier), Pio Marmaï, (D’Amour Et D’Eau Fraîche) y Raphaël Personnaz, (La Princesse De Montpensier).

Ramírez fue reconocido por su interpretación del terrorista venezolano Illich Ramírez, en Carlos, una teleserie y un largometraje cinematográfico dirigido por Oliver Assayas. Según cuenta los despachos noticiosos, el actor venezolano leyó su discurso de agradecimiento directamente de su teléfono inteligente.

Vía | El Universal

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Carlos, de Olivier Assayas, una reseña

Edgar Ramírez

Póster de Carlos de Olivier Assayas
Póster de Carlos, de Olivier Assayas
Vicente Ulive-Schnell es venezolano, escritor y cineasta, y reside en París. Ya ha visto Carlos, de Olivier Assayas, la biografía cinematográfica y televisiva (sí, seguimos con el tema de las teleseries) de Ilich Ramírez, mejor conocido internacionalmente como Carlos. A continuación, su reseña sobre el filme:

“Carlos” de Olivier Assayas: un “superfilm”, de guerrillero a mercenario

Una de las películas más esperadas en Francia este año es sin duda la cinta de Olivier Assayas, “Carlos”, que intenta dar vida a la historia del terrorista venezolano. Dirigida por el respetado y discreto cineasta galo que ha producido algunas joyas recientes como “Clean” (2004) y “Boarding Gate” (2007) y protagonizada por el venezolano Edgar Ramírez, “Carlos” fue precedida de una agresiva campaña publicitaria que seguramente dará los resultados esperados en taquilla.

Ahora bien, a pesar de todos los aspectos positivos que podemos encontrar en la película, el trabajo de Assayas peca de los mismos errores de muchos biopics recientes: la pérdida de la línea narrativa dentro de la vida de un personaje tan fascinante y contradictorio que el propio director parece querer filmar hasta el más mínimo detalle. Error de edición o cameraman gatillo alegre, “Carlos” se presenta como una serie de televisión y/o una película de 3 horas. Esto estaría bien si fuese la primera vez en años que se le ofrece al espectador esta propuesta, pero después del “Ché” de Soderberg, con sus dos partes y sus “proyecciones especiales” en ciertos teatros de las más de cinco horas seguidas, se hubiese esperado que Assayas pensara mejor cómo presentar su trabajo.

El propio Assayas describe el proyecto como un “superfilm”, una película que no se adscribe al formato televisivo o cinematográfico sino que “cuestiona las fronteras del cine” (revista Trois, mayo de 2010). “Carlos” nace de una apuesta de Canal+ de dar rienda libre al director, lo cual le permitió imponer criterios imposibles dentro del cine convencional: rodar sin una estrella de renombre, en lengua extranjera y de duración excesiva.

Entonces, después de haber aclarado esto, vale la pena hablar de los méritos y las limitaciones de la cinta. Todos estos son un subproducto de la escogencia de rodar un “superfilm” de la parte de Assayas. Resulta que la película se balancea entre la estética y la narrativa del telefilm y el cine, a veces de manera violenta y forzada. Para empezar, el etalonaje de los colores y la escogencia de una imagen lavada/sobreexpuesta parece responder a las necesidades del telefilm más que al cine, por lo cual el espectador acostumbrado al ambiente sombrío desarrollado por Assayas en “Clean” se sorprenderá. Sin embargo, cuando la película flexiona sus músculos de superproducción cinematográfica, como en todas las reproducciones de las ciudades y países de la época: Damasco, Beirut, Argelia, París, etc., el resultado es totalmente convincente. Decenas de extras, automóviles de la época, cigarrillos; Assayas trabajó meticulosamente todos los detalles, lo cual se erige en uno de los puntos más favorables de la película.

Edgar Ramírez es Ilich Ramírez, 'Carlos'
Sin duda, la revelación de la película y su aspecto más glorioso se resume en dos palabras: Edgar Ramírez. Impresionante. Brutal. Crudo y creíble

Es por esto que el trabajo decepciona cuando vira furiosamente hacia las técnicas del telefilm en medio de una puesta en escena magistral. ¿Tiene otra explicación el hecho de que todas, absolutamente todas las transiciones entre escena y escena, se realicen con fundido a negro? Y me permito una digresión personal: ¿Puede haber algo más aburrido y poco creativo que el fundido a negro, seguido de un fade-in en la próxima escena? Esto responde evidentemente a una necesidad televisual, un cariñito a Canal+ para que puedan insertar propagandas donde mejor les plazca. Sin embargo, cuando el espectador asiste al cine espera ver algo más que una serie proyectada en la gran pantalla.

Este va-et-viens entre televisión y cine resulta catastrófico en otras partes de la película, sobre todo en lo que respecta a las decisiones de edición y ritmo. Si bien es cierto que las series televisivas se caracterizan por una aceleración de la trama, un apogeo y una resolución que nos conducirá hacia el capítulo siguiente, hacer esto en una película varias veces, parece ser una idea malísima, si tomamos “Carlos” como referencia. La cinta empieza de manera explosiva, imponiendo un ritmo frenético que nos mantiene pegados al asiento, de hecho, no ha pasado ni media hora de largometraje y ya estamos siguiendo a Carlos en el famoso secuestro a la OPEP. Acá veremos asesinatos, sangre, acción… Y luego pasaremos dos horas y media viendo a Carlos filosofar sobre el imperialismo, beber y comer, todo a ritmo de caracol escargot francés.

Sin embargo, se puede creer que estamos siendo demasiado injustos o severos con la película. Es verdad: personalmente, la ocasión desperdiciada me duele más que la película mala desde el principio. Porque “Carlos” tenía todo para ser una película memorable. “Carlos” podía haber sido la película del año. Han sido las pequeñas cosas, la idea estrafalaria de hacer un “superfilm”, la edición de serie de televisión, las transiciones dignas de 24 con Kiefer Sutherland, lo que opaca los elementos más geniales de la cinta.

Sin duda, la revelación de la película y su aspecto más glorioso se resume en dos palabras: Edgar Ramírez. Impresionante. Brutal. Crudo y creíble. Si no fuera por el trabajo del venezolano, esta cinta iría directo a la sección straight-to-DVD, de películas sin distribución. No digo esto como apologista de Ramírez, soy de los que, después de haberlo visto en 3 o 4 películas, todavía no lo había visto actuar. Ya fuese con su interpretación “no puedo creer que esté en esta película” de la serie Bourne, su caricatura malandra-risible a lo DJ 13 en Domino, o el peor Cyrano en la historia de la obra, admito que el nombre de Ramírez no me inspiraba para nada confianza (ni hablamos de cuando se le ocurrió hacer Venezzia).

En cambio, en “Carlos”, Edgar Ramírez *es* la película. Aparte de un trabajo físico remarcable que lo lleva a engordar, adelgazar y cambiar de apariencia a lo largo de su interpretación, el venezolano convence, se muestra carismático y nos lleva de la mano en la transformación del personaje de un “guerrillero” a un vulgar mercenario.

Este último aspecto es el otro gran logro positivo del trabajo de Assayas. El director francés se esfuerza en interrogar el ethos de su protagonista y nos conduce a través de su “lucha” contra la opresión mundial que desemboca, predeciblemente, en el mercenariato a favor de los intereses más retrógrados del planeta. Assayas logra seguir a su personaje en esta transformación, en gran parte debido a un gran reparto que nutre el discurso revolucionario de la época.

Es por todo esto que es lamentable que las cuestionables escogencias técnicas y estéticas hayan perturbado la historia. No es exagerado decir que cualquiera que vea la película encontrará, fácilmente, 20 minutos de sobra que se hubiesen podido eliminar en la edición para darle más fuerza a la narración. Es una lástima que, si comparamos el trabajo de Assayas con la excelente “Mesrine” de Jean-François Richet del año pasado, podemos entender lo que “Carlos” hubiese debido ser. Rodada directamente para el cine, la doble película con Vincent Cassel a la cabeza sigue la vida real del enemigo público número uno de Francia, quien se escudaba en un discurso anarquista. “Mesrine” se destaca porque Richet intenta construir y resaltar la interpretación de Cassel. Assayas, en cambio, parece haber hecho todo lo posible por estorbar el excelente trabajo de Ramírez.

En fin, dado el desierto cinematográfico actual, “Carlos” es una película altamente recomendable, insisto, gracias a Edgar Ramírez. Pero igual que el terrorista venezolano pasó su vida pensando en lo que pudo haber logrado, la cinta de Assayas, buena ma non tropo, nos hace extrañar lo que la película hubiese podido ser al simplemente ponerse de acuerdo sobre qué filmar: un telefilm o una película.

Vicente Ulive-Schnell.

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Hermano obtiene distribución mundial

Hermano Pelicula Venezolana de Marcel Rasquin

Tal y como lo informa hoy el diario El Universal, Hermano, la ópera prima del venezolano Marcel Rasquin, producida por Enrique Aular, Liz Mago y Marianela Illas, acaba de ser adquirida por Europa Corp para su distribución mundial. Europa Corp es la distribuidora del realizador, productor y guionista francés Luc Besson.

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A propósito de ‘Carlos’, de Olivier Assayas: 35mm. Vs. Video Digital, un argumento filosófico metafísico

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Manohla Dargis, una de las encargadas de la crítica cinematográfica del New York Times se pregunta acerca de las consecuencias que tendrá para la narrativa cinematográfica la progresiva desaparición del material fílmico, como formato de adquisición de imágenes. Su interrogante surge después de ver la versión de cinco horas y media de la biografía de Carlos, dirigida por Olivier Assayas, en Cannes, “un trabajo fascinante sobre una brutal y poco interesante figura histórica”. Se refiere desde luego al terrorista venezolano Illich “Carlos” Ramírez.

La interrogante viene a colación por la calidad visual del filme. En principio supuso que podía haber sido filmada con una RED, al igual que la boiografía del Che de Soderbergh. Luego descubriría que, contrariamente a lo que había pensado, Carlos había sido rodada en 35mm, lo que resulta muy curioso pues se trata de una serie de TV.

No obstante, en lo que ya se está afianzando como una tendencia en la mayoría de los festivales del mundo, la película había sido proyectada en video de alta definición.

Para la mayoría de la gente, incluso para los críticos de cine, probablemente esto no parece ser una cuestión de especial urgencia. Pero sí lo es. en buena parte de su historia, el entretenimiento de la imagen en movimiento se ha creado con los procesos de celuloide de principio a fin. Se filma en película, se procesa y se edita utilizando técnicas de cine; y luego se imprime, que es como la mayoría de nosotros hemos visto películas hasta muy recientemente. En otras palabras, durante gran parte de su historia, el cine era el cine. La película impresa fue parte de las razones por las que amamos el cine. Y ahora que está desapareciendo tenemos que interrogarnos sobre lo que queda.

Dargis explica entonces que el costo de las copias en 35mm para la exhibición teatral se ha vuelto prohibitivo y que exhibidores y festivales se están decantando por la adquisición de imágenes y exhibición digital. Sin embargo, apunta, muchos exhibidores se cuidan de decirle al público que están pagando 12 dólares por ver lo que no es otra cosa que una copia Blu Ray de la película.

En The Virtual Life of Film, el teórico cineamtográfico D.N. Rodowick escribe: “Si bien la película desaparece, el cine permanece – al menos en las formas narrativas imaginadas por Hollywood desde 1915.” Al mismo tiempo, sin embargo, la desaparición de la película tiene para él su trascendencia y, como afirma, “ha tenido consecuencias estéticas profundas e históricas.”

Con el libro del filósofo Stanley Cavell A World Viewed como referencia, el Sr. Rodowick apunta que, debido a que la película crea una copia física del mundo, nos proporciona una imagen de un mundo pasado. Lo que importa, en última instancia, no es lo real de ese mundo perdido (o “espacio pasado”), sino su verosimilitud. Más bien, el Sr. Rodowick escribe que es “una cuestión metafísica de contacto con el mundo de la que nos han separado”

El Digital, por el contrario, sólo nos da los datos: unos y ceros.

A estas consideraciones filosóficas y metafísicas, quizás debamos añadir otras de índole económicas: en los Estados Unidos los precios de las entradas se han incrementado hasta rozar los 20 dólares por cabeza, debidos a los altos costos de distribución y exhibición. ¿Valdrá a la pena gastarse una pequeña fortuna en una salida al cine para ver una proyección equivalente en calidad a la del equipo en nuestra sala de estar?

Finalmente, se pregunta:

¿Qué significa esto para un largometraje como Carlos, que en algún punto de la línea se transformo en una película digital con poca densidad de la rica textura del material fílmico? Sinceramente no lo sé.

No obstante, la pregunta no respondida generó una interesante discusión en los comentarios de su artículo.

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French Roast, otro de los cortos animados nominados al Oscar 2010

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¿Qué tal un último corto antes de irse a la cama?.

Se titula French Roast. Ha sido escrito y dirigido por Fabrice O. Joubert y fue uno de los cortometrajes animados nominados en la pasada edición de los premios de la academia.

En apenas poco más de ocho minutos, French Roast cuenta una sencilla historia de solidaridad y desconfianza, en uno de los lugares más típicamente parisinos: un café. Los protagonistas son un garçon de siniestra estampa, un remilgado parisino, una dulce monjita anciana y un insistente clochard cuya barba es, sencillamente, estupenda.

En su ascendente camino al Oscar, French Roast arrasó con los premios en cuanto festival compitió.

French Roast | Blog