Arte, sexo, violencia e infancia, una breve reseña sobre la censura (I)

¿Se han preguntado de dónde viene la idea de que una obra de arte, o del entretenimiento, puede incidir negativamente en la conducta humana? ¿No? Bueno, vayan a prepararse su bebida favorita porque la respuesta va a ser larga. No, no la pienso publicar toda hoy, para darle un poquito de suspense al asunto.

Pero para engancharlos, les adelantaré que tiene todos los ingredientes inherentes a toda buena historia: asesinos y muertes, escándalos y periodistas sensacionalistas, gentes de clases altas e individuos de la peor calaña, políticos santurrones y cruzados contra el crimen, súper héroes, psicópatas, psiquiatras, orgías, sacerdotes católicos…

Antecedentes: de la manzana de Adán al negocio del cine

Puestos a trazar el origen de tal idea, quizás debamos remontarnos al lbro de Génesis mismo, en el Viejo Testamento, cuando en lo que acaso sea la gran primera acción de censura conocida en la historia del cristianismo, a Adán y a Eva se les prohibe comer el fruto del árbol del bien y el mal, el árbol del entendimiento.

Estoy seguro de que todos saben cómo se desarrolla y cómo termina el cuento, de modo pues que voy a saltarme unos cuantos párrafos, y como este es un blog de cine, no de teología (aunque esta discusión tendrá mucho de religiosa), voy a ir directo al grano, al tema que nos interesa: la justificación de la censura de toda obra de arte (o del entretenimiento) para evitar su (supuesta) nociva influencia en la juventud (principalmente).

Remontémonos entonces a la génesis del ate cinematográfico, a principios del siglo XX.

En 1913, el gobierno estatal de Ohio (EE.UU), constituyó una comisión de censura encargada de revisar y aprobar las películas que serían exhibidas en el estado. Los distribuidores y exhibidores debían también pagar porque sus films fuesen aprobados (o, en todo caso, revisados). De paso, el comité tenía la potestad de ordenar la detención de todo aquel que exhibiese alguna película no censurada previamente.

Pronto, una distribuidora cinematográfica, la Mutual Film Corporation recurrió la decisión por vías legales. Aquel comité no sólo atentaba contra la libertad de expresión protegida por la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense, sino que además violaba varias cláusulas de comercio. El caso llegó hasta la Corte Suprema y en 1915 se dio a conocer el veredicto: que la exhibición de películas era simple y llanamente, un negocio y que por lo tanto, no estaba protegido por la Primera Enmienda.

En el texto de aquella decisión judicial, ya se hacia ver que las películas podían ser usadas con fines malignos y que por tal motivo, no podía desestimarse la aplicación de su censura previa.

La decisión judicial abonaría el terreno para lo que vino después…

Precious, una emotiva mirada a la discriminación y la pobreza [Oscars 2010]

Mariah Carey, irreconocible en Precious

Quienes siguen las actualizaciones de BlogaCine vía Twitter, seguramente saben lo mucho que me ha gustado Precious, el nuevo film de Lee Daniels.

Precious, based on a novel by Saphire, se dio a conocer al ganar el máximo premio del Festival de Sundance en 2009. Entonces, se llamaba Push, pero este título coincidía con el de una película de corte comercial. Fue después de aquel triunfo que Oprah Winfrey —una de las mujeres más poderosas de la industria del entretenimiento estadounidense— tomó la película bajo sus alas y la condujo directamente a dónde ha llegado hasta hoy: al Oscar. Son seis sus nominaciones, incluyendo mejor película, mejor director, mejor actriz principal y secundaria, mejor guión adaptado y mejor edición.

La cinta, cono ya desde su título aclara, está basada en la novela Push, de mediados de los 90, escrita por una educadora y ahora escritora llamada Sapphire. Desde la publicación de Push, Sapphire había rechazado reiteradas ofertas de distintos directores y productores para llevar su novela al cine. Había rechazado incluso una oferta de Lee Daniels. Pero con el correr del tiempo y después de ver los primeros trabajos de Daniels (Shadowboxer) decidió aceptar.

Este poderoso y emocional melodrama está protagonizado por la primeriza Gabourey Sidibe (en el papel de Precious), la comediante Mo’Nique (en un escalofrianterol dramático), Paula Patton, y los cantantes Mariah Carey y Lenny Kravitz. Sí, yo tampoco supe que eran ellos hasta que, temprano, me puse a investigar un poco en Internet para escribir este post. La ver la película, me parecieron conocidos aunque no los pude ubicar. Tampoco pensé mucho en ello, absorbido por la trama, los personajes y las magníficas interpretaciones.

Y eso quizás sea el principal logro de esta cinta: las soberbias actuaciones. Tan poderosas son, que los actores desaparecen por completo detrás, dentro o en sus personajes. Se disuelven. El diario The Guardian, por ejemplo, le pidió a Risthardh Hare, un trabajador social, juzgar la encarnación que hace Carey de alguien que ejerce su misma profesión.

Esta fue su conclusión:

Antes de ver el film, era un poco cínico acerca de la manera en la Hollywood mostraría a los trabajadores sociales en pantalla. No obstante, a diferencia de ciertas telenovelas británicas, donde se nos muestra como personajes carentes de emoción, Precious podría darle a las gente una mejor idea de las cosas que tenemos que afrontar, el duro trabajo que tenemos que hacer, y el hecho de que los trabajadores sociales tenemos sentimientos —a pesar de que en la vida real tenemos que esconderlos.

Precious describe la terrible odisea emocional de una adolescente afroamericana en el Harlem de finales de los 80. Embarazada por su padre, quien la viola repetidas veces con consentimiento de su madre, —su primera hija, con Síndrome de Down (a quien llama “mongo”) es consecuencia de la violación—, obesa y discriminada por sus compañeros de clase y extraños por no encajar en los patrones de belleza que imperan en la actualidad, pobre, iletrada y víctima del continuo abuso físico y verbal de su madre, Precious se aferra a las pocas alternativas que se le presentan para salir adelante y dejar atrás el infierno de su vida.

Es un melodrama, sí, pero no en el sentido peyorativo que se le suele dar al género, sino en su concepto más puro. Me explico. Un melodrama no tiene que ser cursi, kitsch o exagerado. El DRAE incluso recoge esa acepción, que a mí me parece errada: suena más bien como descripción de la parodia del melodrama, como ciertas cintas de Pedro Almodóvar. Yo encuentro que el melodrama es un género tan respetable como la comedia, el terror o el thriller, en su objetivo de despertar una fuerte respuesta emocional en el espectador. Precious es un excelente ejemplo de un buen melodrama.

El film se estrena hoy en las salas de cine de Venezuela. Vayan a verla y vengan a comentarla. Me interesa mucho leer sus opiniones.

Precious | Trailer

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Éxitos y fracasos

Trampa 22


Era un hombre que a nadie sino a sí mismo debía su falta de éxito en la vida.

Lo anterior es una cita de Trampa 22 de Joseph Heller y se refiere a uno de sus más desternillantes de sus personajes, el coronel Cargill, un pelirrojo violento y adulador que había sido gerente comercial antes de la guerra y cuya mayor virtud es su ineptitud infinita. No existía peor gerente en el mundo de lo negocios. Pero era muy eficiente en su ineptitud y tenía fama de ser el mejor a la hora de quebrar una empresa de la forma más rápida y segura. Sus servicios eran muy solicitados por empresarios que necesitaban arruinar sus empresas para evadir los impuestos sobre las utilidades. Sus honorarios eran elevados porque, según decía el coronel, el fracaso era tan difícil de alcanzar como el éxito.

El coronel Cargill podía ufanarse de ser uno de los más exitosos fracasados del mundo.

Recordé a Cargill al leer el número de enero de la revista Wired. Está dedicado en su mayor parte al fracaso. O, para ser más precisos, a responder la inquietud sobre cómo fracasar con éxito. En varios artículos analiza casos de fracasos convertidos en rotundos éxitos y viceversa. Hay un largo reportaje dedicado a la distorsionada noción de fracaso de los científicos en su trabajo de investigación y experimentación.

Hay otro trabajo dedicado a un éxito que se convirtió en un fracaso interminable de más de una década y en un derroche de millones de dólares: el desarrollo de la continuación del exitoso juego de video de mediados de los 90, Duke Nukem. Otro artículo está dedicado a una idea que fue percibida como un fracaso en su momento, pero que con el correr de los años ha revelado su verdadera dimensión: el cloud computing de Oracle.

Además, algunos famosos cuentan cómo enfrentaron sus fracasos para convertirlos en experiencias exitosas. Alec Baldwin cuenta cómo, de fracaso en fracaso, ha podido labrar una carrera actoral exitosa. Terry Gillian, por su parte, cuenta su mayor fracaso (no, no fue su Quijote), sino un fracasado montaje teatral en su adolescencia, en un campamento infantil.

Fue una de esas veces en la que mi ambición sobrepasa mis aptitudes de organización… Esa es probablemente la cosa que más me ha producido pesadillas en mi vida. Aquel fracaso fue tan doloroso, tan vergonzante, tan impactante, que me dejó las únicas cicatrices reales que llevo en mi interior. Creo que es la razón que me hace asumir los proyectos hoy en día de una forma tan tonta., porque no quiero sentir eso que sentí en esa oportunidad. Sigo en los proyectos hasta que la cosa completa se viene abajo. Pero al menos, esta vez no será por mi culpa.

De modo pues que todo parece indicar que tanto el éxito son una mezcla de distintos factores. A veces es una cuestión de oportunidad y circunstancia. Trampa 22 se convirtió en un best seller una década después de su publicación. Tuvo que estallar otra guerra, la del Vietnam, para que la novela cuya trama antibélica transcurre en la II Guerra Mundial, se vendiera como pan caliente y Hollywood la adaptara.

Otras veces, como en el caso de Terry Gilliam, el fracaso se deriva de una ambición excesiva. O quizás, de la obsesión por la perfección, como sucedió con el desarrollo de Duke Nukem. Hay gente que, en su ánimo perfeccionista, nunca termina sus obras (a veces, ni siquiera las comienza) y, si algún día concluyen, resulta un fracaso sencillamente porque ya han dejado atrás su oportunidad. Michael Douglas interpreta en Wonder Boys, a un escritor y profesor universitario que se refugia en la reescritura interminable de una novela para escapar de su desastroza situación personal. Muchas veces, el perfeccionamiento termina convirtiéndose en un fin en sí mismo, como el coronel Aureliano Buendía y sus peces de oro.

De vez en cuando, el miedo al fracaso se convierte en el camino más expedito hacia, precisamente, el fracaso. Le suele pasar a los hípercríticos de la obra ajena que, aterrados ante la posibilidad de que la suya sea criticada con igual saña, nunca llegan a producir nada.

Un éxito descomunal demasiado pronto puede llegar a paralizar, al punto de acabar con prometedoras carreras. One hit wonder, le dicen los norteamericanos: maravillas de un sólo éxito. También le ocurre al personaje de Douglas: la reescritura de la novela se transforma en su manera de aplazar el momento de la publicación —que será también el momento de descubrir si está a la altura de su exitoso debut como escritor, siete años antes, cuando era considerado un wonder boy de la literatura.

De alguna manera, es lo que parece haberle sucedido a J.D Salinger después de The Catcher in the Rye, cuyo éxito lo lanzó a una vida de reclusión, silencio y anonimato. O a Orson Welles, quien nunca pudo repetir el éxito artístico de Citizen Kane. Hay artistas que, lo sabemos, no harán una segunda obra después por culpa del éxito de su primera. Shane Black, el guionista de Lethal Weapon hizo millones a los 26 años y sólo 10 años después, pudo recuperarse del shock y volver a escribir.

En el mundo del cine, donde todo es relativo y cuestión de gustos, incluso las mismas nociones de éxito y fracaso, se corre aún más el peligro de la parálisis creativa. Ya está visto que, como el coronel Cargill, uno puede ser exitoso incluso siendo un fracasado. Como dice Baldwin, lo importante es seguir jugando. Por eso acaso lo más importante sea avanzar, avanzar y nunca retroceder ni detenerse. Como le pasa a los tiburones, la obra que se detiene, se hunde. Se muere.

“No parece española”, Welovecinema.es analiza el desencuentro del público español con su cine

La frase “esa película es muy buena, no parece [insertar aquí el país de su preferencia]” es quizás la más representativa del desencuentro del público con sus propias cinematografías. La escuchado referida al cine colombiano y al chileno, al venezolano, desde luego y, sobre todo, al español. No obstante, nunca he escuchado a un argentino decirla. Tampoco a un mexicano. Y, menos, a un cubano.

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Avatar, más allá de la última frontera

Avatar, un boceto para el video juego

Avatar, un boceto para el video juego

A finales del siglo pasado, en la primera clase práctica de foto subacuática que tuve mientras estudiaba cine, los instructores nos hicieron una seria advertencia antes de nuestra primera inmersión:

Abajo (es decir, bajo el agua, en el mar) no deben tocar nada. Todo pica, muerde, quema, electrocuta, corta, irrita, razguña, lastima y asusta. Por muy bonito que sea, por muy pacífico que parezca, no se les ocurra tocar nada. Absolutamente NADA.

Quienes ya hayan visto Avatar (y quienes no la hayan visto, por favor dejen de leer en esta línea, porque puede que revele detalles importantes de su trama), las advertencias de Jorge Soliño, nuestro instructor de buceo, se les antojaran muy parecidas a la introducción que el coronel Miles Quaritch (Stephen Lang) le hace al, recién llegado, cabo Jack Sully (Sam Worthington).

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Arte y descargas, sobre el #Manifiesto

Técnicamente las páginas de enlaces no infringen la LPI (Ley de Propiedad Intelectual), pero no hay duda de que perjudican a los autores. Estos sitios aprovechan los vacíos legales de forma desleal y, en última instancia, dañan al autor. Creo que es competencia desleal. Además, sus responsables no se pueden escudar en que como los creadores no tienen un modelo de negocio claro, les da derecho a ofrecerlo ellos gratuitamente y sin remunerar al autor. Tampoco es cierto que la industria cultural no se haya sabido adaptar a la nueva realidad tecnológica. iTunes o Spotify son ejemplos de éxito de un modelo respetuoso basado en licencias.

El abogado Miquel Peguera, en El País de España. El diario publica un completo dossier sobre el tema.

Lovely Bones y los críticos

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¿Es usted un crítico de cine o un crítico literario?

La pregunta se la hace el crítico y blogger David Poland, autor de The Hot Blog, a Todd McCarthy, crítico de Variety, a propósito de su reseña sobre The Lovely Bones, el último film de Peter Jackson. Y se lo pregunta, precisamente, porque en su crítica, McCarthy compara el resultado del trabajo de Jackson con el exitoso libro de Alice Selbold en el que se basa y critica el exceso de efectos especiales y el vacío emocional del film. Algo que, ciertamente, han señalado otros críticos.

Porque a mí me parece que el trabajo de un crítico es analizar lo que el cineasta produjo y no lo que usted, como crítico de cine, decidió lo que debería ser la película.

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Azul y naranja, los colores del nuevo cliché gráfico (y fotográfico)

Transformers, entre el naranja y el azul

Transformers, entre el naranja y el azul

O, en todo caso, la combinación de gamas y tonos entre el azul y el rojo o el amarillo.

Me explico. Días atrás, Juan Cruz Bacaro, diseñador gráfico y comentarista consuetudinario de esta blog, señalaba el lugar común gráfico en el que se había convertido la idea de “personaje de espaldas mirando el mar” en los afiches de cine. Lo decía a propósito del primer concepto de afiche de El Chico que Miente, la ópera prima de Marité Ugás.

Hoy, en esa misma línea, la gente de /film ha publicado un post, que me ha resultado hasta perturbador, donde señalan un cliché similar, aunque más extendido: el de la combinación de los colores azul y naranja en los afiches de las películas. En el post publican algunos ejemplos. En realidad, muchos: uno tras otros los afiches muestran los mismos colores, en composiciones simétricas muy similares, altos contrastes y claroscuros.

En la sección de comentarios de /film, además, más de un lector señala que no sólo se trata de un cliché gráfico, limitado tan sólo a los afiches; sino que la combinación se ha convertido en un convención fotográfica que ya comienza a repetirse hasta el cansancio en muchos films. Quizás en demasiados. Sobre todo, en grandes producciones como Transformers o The Dark Knight. Todos tienen, de alguna manera, en mayor o menor medida, la misma propuesta fotográfica crepuscular.

Después del salto, encontrarán algunos ejemplos de afiches que ilustran el asunto. Les recomiendo visitar /film, donde publican más ejemplos y el cómic que dio origen a su artículo.

En fin, que ya no sólo comienzan a cansar los rígidos convencionalismos narrativos (tres actos, tiempo lineal o cronológico y estructura de dramática de hierro con los puntos de giro en su santo lugar), el reinado del plano medio, el plano-contraplano, la puesta en escena con toma máster, y el eterno desfile de caras repetidas. Ahora también cansa la fotografía crepuscular y el contraste azul-naranja en los afiches. Cine realizado en cadenas de ensamblaje. Cine ensamblado, mecanizado, sin imaginación. Homogeneizado.

El Cómic

El cómic que dio origen a todo

El cómic que dio origen a todo

Afiches de cine: naranja y azul | Galería

Cineastas contra la Orden paralizan el cine español

González-Sinde, revés en Bruselas

González-Sinde, revés en Bruselas

Hoy el cine español es material de portada para la mayoría de los diarios de, ejem… España.

¿La razón? La Unión Europea ha suspendido la orden del ministerio de Cultura español que modificaba las regulaciones de ayuda al cine. Valga aclarar que ha sido un grupo de cineastas el que prácticamente obligó a la Unión Europea a actuar.

El colectivo de autodenomina Cineastas contra la Orden. La orden no es una secta secreta ni una logia, ni mucho menos. Es, a su juicio, algo más peligroso (para el cine, se entiende): un decreto del ministerio de Cultura que modifica el los parámetros de la asignación de financiamiento para el cine ibérico, otorgándole más dinero a las películas con más presupuesto o con mayores posibilidades de obtenerlo. Y, viceversa: reduce el monto que se le puede asignar a las películas con presupuestos modestos.

Según la nueva disposición, sólo podrán obtener ayudas películas cuyo presupuesto esté en el orden de los 2 millones de euros o que hayan obtenido un mínimo de 70 mil espectadores.

Alegan los Cineastas contra la Orden que sería la primera vez que las ayudas se otorguen por parámetros monetarios en vez de artísticos o de interés público. El cine de bajo presupuesto, las producciones modestas y las películas artísticas o artesanales serían las primeras bajas de aprobarse la disposición, al decir de los cineastas. Así mismo, desaparecerían muchas pequeñas productoras y se perderían miles de puestos de trabajo.

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Carlos Fuentes contra la mecanización del cine

Carlos Fuentes, sin pasión por el cine

Carlos Fuentes, sin pasión por el cine

Días atrás me topé con una entrevista con el escritor mexicano Carlos Fuentes, autor de títulos fundamentales en la literatura latinoamericana como La Muerte de Artemio Cruz o Terra Nostra.

La entrevista es a propósito de la publicación de su última novela, Adán en Edén, una historia sobre el espinoso tema del narco mexicano, aunque en clave de sátira social.

En una parte de la conversación, Fuentes explica las razones por las que ha perdido la pasión por el cine actual y cuenta cómo la literatura acabo con la aventura como escritores de guiones que alguna vez intentaron él y Gabriel García Márquez.

Dice Fuentes:

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Top Ten: 10 sacerdotes con los hábitos bien puestos

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Ciertamente, no las ha tenido todas consigo la Iglesa católica los últimos meses.

Primero, las desafortunadas declaraciones contra el uso del preservativo del papa Benedicto XVI en su gira africana, un continente diezmado por el VIH, recibieron fuertes y fundamentadas críticas. Después, fue notoria la gélida recepción que el monarca religioso recibió en Israel, por la revocación de la excomunión del sacerdote negacionista Richard Williamson, y otros tres sacerdotes lefebvrianos cismáticos.

Por esos mismos días, pero de este lado del charco, la sagrada institución también merecía unos cuantos titulares cuando el presidente Paraguayo y ex obispo católico, Fernando Lugo, se reveló tan prolífico como uno de esos viejos patriarcas del Viejo Testamento, de esos que en en el Libro del Genésis, engendran muchachos de nombres raros sin parar, incansablemente, versículo tras versículo.

Mientras la prensa estaba ocupada en contar la numerosa prole del paraguayo, en Miami, las revistas del corazón publicaban las fotos de la mano del padre Alberto Cutié hurgando el bikini de la guatemalteca Ruhama Buni Canellis. Hasta entonces, Cutié era una casta celebridad que hacía suspirar a millones de beatas televidentes, subscriptoras de cable, en todo el continente. Cutié pronto colgó los hábitos, pasándose a la Iglesia Episcopal y, en el interín, se caso con la portadora del bikini, rompiéndole así el corazón a sus cristianas seguidoras, a sus superiores eclesiásticos y al productor de su programa de TV.

Visto todo lo anterior, y lo que sospecho pronto habrá de venir, ¿no es acaso un buen momento para publicar una lista sobre el tema? ¿Qué les parece un Top Ten de sacerdotes de cine?

La última mutación de Michael Jackson

Michael Jackson, mutante

Michael Jackson, mutante

Michael Jackson hizo todo lo que estuvo a su alcance para escapar de esa prisión en la que todos estamos condenados a vivir y morir: nuestro propio cuerpo.

Por obra y gracia de las cirugías estéticas alcanzó la ilusión de convertirse en otro. El mayor artista pop de la historia hizo tantas versiones de sí mismo que, al final, difícilmente podía uno discernir cuál era la original, la verdadera. Fue su carne la materia prima de su obsesión por la transformación física. En su vida y en su arte, la metamorfosis fue, más que un tema, una obsesión.

Prácticamente no hubo video musical en el que no se convirtiera en otra cosa: en hombre-lobo, en zombie, máquina o ectoplasma. Dedicó todo un largometraje al tema de la mutación: en Moonwalker, lo mismo era pantera que automóvil de carreras que androide.En The Wiz interpretó al Espantapájaros, una transformación que remitía a su niñez perdida. Él mismo se identificaba con el personaje de Peter Pan –el niño que se negó a crecer– acaso como una forma de compensar la infancia que no disfrutó ni tuvo como niño prodigio. Logró su cometido, fosilizarse en una interminable infancia, pero debió pagar su precio: acusaciones de paidofilia, litigios, chantajes y demandas.

En su video musical Black and White, se valió de la entonces innovadora técnica del morphing para disolver digitalmente, las barreras que se alzan entre los hombres de diferentes tonalidades de piel. Más tarde, en su propia vida, intentaría lo mismo, aunque públicamente culpara al vitiligo de su inexplicable palidez.

Así como al bailar parecía desafiar las leyes de la gravedad, a diario retaba la decadencia natural de su carne. Su imagen, también difundida obsesivamente por los medios, parecía inmune al paso del tiempo. Nuevamente, gracias al bisturí, no envejecía: mutaba. Los partes sobre su batalla contra la mortalidad, a través de extravagantes tratamientos rejuvenecedores y extremas medidas higiénicas, por un momento nos convencieron de que realmente podía vencer la muerte.

Ayer ocurrió su última mutación. Fue su intento final y definitivo de escapar de su propio cuerpo. Tal parece que lo logró.

Bigelow, el género en el cine y el cine de género

El cine de género de Bigelow no tiene género

El cine de género de Bigelow no tiene género

A propósito del estreno de su última película, The Hurt Locker, The New York Times publica una semblanza de Kathryn Bigelow. El filme se centra en las actividades de un escuadrón de explosivistas en Irak, lo que acaso lo dice de todo.

Según el reportaje, la película resulta incómoda para muchos críticos pues no contiene, en apariencia, un mensaje antibélico. Todo lo contrario, gracias al extraordinario estilo de la realizadora, el publico casi puede sentir el vértigo de la adicción a la guerra.

The Hurt Locker no transita por el camino de productos militaristas de Holliwood del tipo Top Gun y Transformers, pero tampoco es un sermón antibélico. Es un diagnóstico, no prescriptivo: es una mirada analítica, pero visceral, a la forma en la que la experiencia de la guerra cambia a los hombres, de qué mala manera les come el cerebro hasta volverlos adictos a ella.

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Pandemia: las epidemias en el cine


Resulta inevitable. Y miren que me he negado a escribir sobre la Influenza A (H1N1) –o gripe porcina–, para no seguir alimentando la histeria mediática. Pero es inevitable, en estas circuntancias, no pensar en todas las películas que hemos visto sobre el asunto y sentir un vago temor de que nuestro futuro inmediato sea como nos lo pintanm.

Y pregúntenme si el cine no le ha sacado el jugo al tema del contagio, de la enfermedad y la pandemia. George A. Romero lo ha exprimido hasta dejarle seco a lo largo de su obra, de su primera película, The Night of the Living Dead a su última incursión en el género, …Of the Dead (sí, el viejo se dejó de vainas: que sea el público quien decida qué insertar antes de los puntos suspensivos).

28 Days Later

El género mismo, el de las películas de muertos vivientes, está fundado sobre las premisas de la infección incontrolable, el virulento contagio, la enfermedad aguda y la muerte súbica: nuestro miedo atávico a la descomposición corporal. La mordida infecciosa, el escenario post apocalíptico de piquetes antimotines enfrentándose a manifestantes, comercios saqueados, contenedores de basura en llamas y calles desoladas; de cinta en cinta, los mismos elementos se repiten una y otra, con más o menos igual efectividad: de las películas italianas de zombies, como las dirigidas por Lucio Fulci, a los entretenimientos vertiginosos de las franquicias Resident Evil y 28 Days (y weeks) later.

Acaso haya que retroceder a finales del siglo XIX y principios del XX para encontrar los más tempranos antecedentes de la literatura de la enfermedad apocalíptica, de ciencia ficción y horror. Desde luego, los primeros ejemplos que saltan a la mente son el Drácula de Bram Stoker, con su vampiro, muerto en vida, cuya condición es transmisible por la vía del intercambio de fluidos. Y La Guerra de los Mundos, de H.G. Wells, en la que, curiosamente, son los virus, bacterias y gérmenes los que precisamente salvan a la Humanidad de la invasión marciana. Los infectados son, pues, los invasores. Son innumerables las adaptaciones de ambas novelas a todos los medios posibles: teatro, radio, cine televisión, cómics.

En Planeta Zombie, un manual imprescindible sobre el subgénero inventado por Romero y compañía, el español Jesús Palacios encuentra antecedentes del género en dos novelas seminales de ciencia ficción: Soy Leyenda, de Richard Matheson y The Body Snatchers, de Jack Finney. En la primera, Robert Neville, es un solitario sobreviviente de una pandemia que ha convertido a la humanidad en vampiros, portadores del virus y de mordida contagiosa. En la segunda, esporas espaciales reproducen en vainas réplicas idénticas de seres humanos, aunque sin voluntad propia.

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Tanto la novela de Matherson como la de Finney han sido llevadas al cine en varias ocasiones. Soy Leyenda ha conocido al menos cuatro adaptaciones (The Last Man on Earth, The Omega Man, I’m Omega y I’m Legend). The Body Snatchers también ha tenido unas cuantas versiones cinematográficas: Invasion of the Body Snatchers, Body Snatchers, The Invasion, Invasion of the Body Snatchers

El parásito alienígena que aprovecha la húmeda tibieza del cuerpo humano para crecer y multiplicarse también dio origen a la más aterradora cineta de ciencia ficción y terror: Alien, de Riddley Scott y sus continuaciones. También la epidemia de The Andromeda Strain, de Robert Wise y basada en la novela de Michael Crichton, tiene un origen extraterrestre: un virus que llega a nuestro planeta tras la caída de un satélite.

Vampiros, zombies y alienígenas aparte, hay unas cuantas películas cuyas tramas giran en torno a epidemias globales o que transcurren en el contexto de una pandemia.

Twelve Monkeys

Para empezar, dos cintas paradigmáticas: La Jeteé, de Chris Marker (que ilustra este artículo) y su derivada, Twelve Monkeys, de Terry Guilliam, dos cintas de ciencia ficción que, al mismo tiempo, constituyen una reflexión sobre el tiempo y la memoria en el contexto post apocalíptico de una terrible pandemia desatada por un virus de laboratorio.

Outbreak

Outbreak, de Wolfgang Petersen, cuenta con escalofriante suspenso los esfuerzos de un científico militar para contener una epidemia provocada por un letal virus africano. Aunque ficticia, la enfermedad hemorrágica del filme parecía inspirarse en el Ébola.

El telefilme And the Band Played On, de Roger Spottiswoode, basado en hechos reales, cuente con no menos suspenso el inicio de una de las pandemias más letales que ha enfrentado la humanidad: la epidemia global de HIV. En 1987, el danés Lars Von Trier también estrenaba Epidemic, un meta relato sobre el cine y la realidad con epidemia de por medio.

Como bien indica su título, El Amor en los Tiempos del Cólera, de Mike Newell, una adaptación de la extraordinaria novela del premio Nóbel colombiano Gabriel García Márquez, cuenta una historia de amor con el transfondo de otra de las pandemias que han azotado a la Humanidad: la epidemia mundial de cólera que se suscitó en diferentes oleadas durante casi todo el siglo XIX.

El amor y la enfermedad también son los temas de Muerte en Venecia, adaptación de la novela de otro premio Nobel, Thomas Mann, dirigida por Luchino Visconti. Esta vez, la epidemia que gravita como una espada de Damocles sobre la cabeza del protagonista es la peste.

La peste también es, desde luego, la protagonista de… La Peste, la no muy afortunada adaptación de la obra maestra Albert Camus –también premio Nóbel–, dirigida por Luis Puenzo.

Blindness, de Fernando Meirelles, es la adaptación de Ensayo sobre la Ceguera, novela de un premio Nóbel de Literatura más, el portugués José Saramago. Siempre me he pregunta si Saramago, fiel militante comunista, se inspiró en la epidemia de neuropatía óptica que azotó Cuba a mediados de la década del 90.

No lo recuerdo muy bien, pero creo que una epidemia es el punto de partida de la saga de El Planeta de los Simios. Recuerdo vagamente que en alguna de las cintas se explica que luego de una epidemia que acaba con todos los animales domésticos del planeta, la gente comienza a adoptar simios como mascotas. De su constante contacto con los seres humanos, los simios desarrollarán la inteligencia suficiente como para rebelarse. ¿Era sí la cosa?

Children of the Men, de Alfonso Cuarón, repite el escenario apocalíptico con transforndo de pandemia: después de una epidemia planetaria, los seres humanos han perdido la fertilidad. A diferencia de Outbreak, esta vez la esperanza de la humanidad viene de África: en forma de una joven inmigrante embarazada.

Portadores

Por último, en una coincidencia difícil de consebir, este año se estrenará Carriers , la historia de un grupo de sobrevivientes de una pandemia de gripe. Hasta hace poco, su trailer se podía encontrar en todos lados. Ahora, ha desaparecido de la red casi por completo. Aquí podrán verlo.

En 1918 y 1919, nuestro país tampoco fue inmune a la pandemia de Gripe Española, el mayor desastre natural de la humanidad. En todo el mundo murieron entre 20 y 50 millones de personas. La enfermedad tardó 2 años en diseminarse alrededor del globo. Yo me topé con la historia cuando investigaba sobre la historia de Maracaibo, para el documental Maracaibo, con vista al lago.

La Gripe Española llegó a la ciudad en una embarcación procedente de La Guaira. A bordo, venían dos enfermos, los suficientes para enfermar a la ciudad entera. Los maracuchos le llamaron “El Trancazo”. Pronto hubo familias enteras en cama y la madera para los ataúdes se agotó. a los deudos no se les permitía velar a sus muertos y se prohibió todo tipo de reuniones públicas.

Al momento de escribir esto, aún no se sabe a ciencia cierta cómo evolucionará la epidemia de Influenza A, N1H1, antigua gripe porcina. Pero para tener una buena idea de a lo que nos enfrentamos, vale la pena ver el siguiente programa de NatGeo.

Infografía | Guía Visual de las Pandemias de Gripe de la historia

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Pandemia de Gripe | 2da. Parte

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Pandemia de Gripe | 3era. Parte

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Pandemia de Gripe | 4ta. Parte

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Pandemia de Gripe | 5ta. Parte

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