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Acerca del cineasta don nadie…
Soy un cineasta don nadie: no tengo un nombre reconocible, ni una película reconocible. En esencia, a la mayoría del mundo no le importan nada mis películas ni yo. Esto suena patético, lo sé, pero llegar a enfrentarse con esta realidad, realmente me ha liberado y proporcionado una perspectiva valiosa sobre mi trabajo y mi carrera (…)
(…) El panadero hornea, el arquitecto diseña y cineasta debe continuamente hacer películas. ¿Qué panadero hornea una hogaza de pan y pide miles de dólares para abrir una panadería? ¿Qué arquitecto diseña una casa y espera contar con miles de fans en Facebook? Ninguno. Es ridículo. Como cineasta don nadie, me he dado cuenta de que tengo que ganar mi derecho a pedirle a la gente su tiempo y dinero. Y la manera de hacerlo hacer películas de forma constante, claro-y simple.
De hecho, incluso el deseo de hacer una gran película se debe ganar. Un panadero experto que ha estudiado y trabajado durante años se burla de un novato tratando de desarrollar una gran hogaza de pan. Se necesitan años de ensayo y error, sangre, sudor y lágrimas para cocer el pan grande. ¿Por qué es que en el cine debe ser de otra forma? ¿Por qué muchos cineastas principiantes se esfuerzan por hacer una gran película? Es presuntuoso y una falta de respeto hacia el arte y el oficio de hacer cine.
Le he estado dando vueltas a este asunto desde que lo leí este fin de semana. ¿Habría realizado Orson Welles su opus magna, opera prima, Citizen Kane, de haber pensado así? ¿O es que los grandes artistas debe ser presuntuosos —y ciertamente, Welles, lo era, de sobra—, con una disposición de faltarle el respeto al arte y al oficio de hacer cine —como, nuevamente, sucedía en el caso de Welles?
No es menos cierto que Welles ya tenía un nombre reconocido en el teatro y la radio cuando desembarcó en Hollywood, de modo que, en su caso, el ejemplo de Boghosian no aplica. El genio de Welles, por otra parte, no es un genio demasiado frecuente en el cine. Pero… ¿Resulta aconsejable seguir ese razonamiento cuando uno no es un genio?
Carlos Caridad-Montero
23/11/2011
La verdad es que no me disgustaría nada ver un remake del Viaje Alucinante de Richard Fleisher… Buenos días.
Le voyage dans la Lune, de Méliès, vuelve a la vida y en colores
A finales de la década de los 90, fue hallada en Barcelona una joya cinematográfica irrepetible: una copia del primer film de ciencia ficción y primer film narrativo de la historia del cine, Voyage dans la Lune, del ilusionista francés George Méliès. Pero lo que hacía especial, única e irrepetible esta copia eran sus colores: acaso era la última copia coloreada a mano por el mismo Méliès, cuadro a cuadro, que había sobrevivido al paso del tiempo.
Era, sin embargo, un pastiche de químicos y emulsiones en franca descomposición. Se inició entonces una carrera contra el tiempo para salvar tan rara gema. La imposible tarea fue emprendida por el restaurador fílmico francés Serge Bromberg.
Cuando uno tiene una pieza del Santo Grial en la mano, todo lo que puede decir es: “tengo que salvarla”.
Una década y un millón de dólares después, Bromberg lo logra. El resultado será exhibido el próximo viernes en el MoMa, en New York, junto a un documental titulado El Viaje Extraordinario que cuenta el proceso de realización de Le voyage dans la Lune y, al mismo tiempo, el meticuloso proceso de restauración de la copia coloreada.
El histórico evento, curiosamente, coincide con el estreno de Hugo, adaptación del libro infantil de Brian Selznick La Invención de Hugo Cabret, realizada en 3D por Martin Scorsese. En Hugo, que se estrena en buena parte del mundo este 23 de noviembre, Ben Kingley interpreta a un solitario y amargado Méliès quien establece una relación con un niño huérfano llamado Hugo.
Se estima que el próximo año se edite un Blu Ray de la copia restaurada de Le Voyage dans la Lune, con música de Air, y acompañada del documental El Viaje Extraordinario.
Ojalá la editaran mucho, mucho, mucho antes…






