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Del Cine en Venezuela y sus problemas: el CNAC

Maroa-1En los últimos años, una institución oficial, aunque autónoma, ha jugado un rol fundamental en el desarrollo del cine en Venezuela: el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, el CNAC.

El cine que se ha producido en Venezuela en la última década es el que ha sido financiado por el CNAC.

Cada año, esta institución abre una convocatoria pública para llamar a concurso proyectos cinematográficos de diversa índole y en diferentes etapas de desarrollo. Los proyectos son analizados por una Comisión de Estudios de, ejem… Bueno… Proyectos. Esta comisión es la instancia que decide qué proyectos deben ser financiados por el CNAC.

Generalmente, la comisión ha estado compuesta de la siguiente manera (tal y como lo estipula la ley):

  • Un guionista o director (elegido por votación por los miembros de la Asociación Nacional de Autores Cinematográficos, ANAC)
  • Un productor (escogido por la CAVEPROL, Cámara Venezolana de Productores –no sé que significa la “L” final)
  • Un representante por los distribuidores y exhibidores (Blancica, Cines Unidos, etcétera)
  • Un representante designado por el Consejo Nacional de la Cultura (CONAC)
  • Un representante por el CNAC
  • Un representante por la Fundación Cinemateca Nacional
  • Un representante de la Industria de Cinematografía Nacional (usualmente, un representante de los laboratorios cinematográficos).

Es común que estos representantes sean renovados cada año.

Como quiera que el CNAC no es un organismo de beneficencia pública y como instituto autónomo su objetivo es tratar de recuperar parte de la inversión, se supone que los miembros de la comisión deben escoger proyectos no sólo viables económicamente, sino además, rentables. Es decir, “comerciales”. ¿Qué hace a una película “comercial”? No creo que nadie, incluidos los miembros de la comisión, tenga la respuesta definitiva a tal interrogante.

Si en los últimos años, en Venezuela no ha habido más cine de género o de mayor vuelo artístico, si ha existido un exceso de ombliguismo o de realismo socialista (entendido como un arte que debe reflejar la sociedad), si ha habido pocas propuestas de riesgo o muchas películas que ahuyentan a nuestro público de las pocas salas en las que se exhibe cine venezolano, esta situación, en alguna medida, es consecuencia de las decisiones tomadas por los miembros de las Comisiones de Estudios de Proyectos.

Y si decimos que la comisión es responsable “en alguna medida”, es porque somos conscientes de que no es culpa de sus miembros el que, de un buen guión aprobado, haya salido una película espantosa, por ejemplo.

En la última década, las distintas comisiones han aprobado películas regulares que resultaron éxitos de taquilla, pequeñas joyas que pasaron desapercibidas (al no recibir el respaldo apropiado de las cadenas de distribución y exhibición, por ejemplo, y el caso contrario: películas que sí tuvieron este apoyo y fueron un desastre en recaudación) y también malas películas. Ha habido de todo.

No existen verdades absolutas en el negocio del cine.

(Continuará…)

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