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En The Shape of Water (La Forma del Agua), de Guillermo del Toro, justo antes de la escena de amor (si no la has visto, mejor no sigas leyendo), Elisa (Sally Hawkins) y el Anfibio están en el baño, conociéndose. Ella acaricia su pecho para excitar y activar sus sus capacidades bioluminiscentes.

Él extiende su mano y hurga bajo su vestido, para hacer lo mismo. Ella se asusta. Se levanta y se dirige a la puerta del baño. Justo en ese momento, comienzan a escucharse diálogos de La Historia de Ruth, la película que se proyecta en el teatro de abajo.

–Mahlon, eso no está bien –se le oye decir a una voz femenina (¿Ruth?).

Elisa, agitada, cierra la puerta y se recuesta contra ella.

–Estaba en paz hasta que te conocí…

Elisa voltea hacia la puerta.

–Tal vez sería mejor no volverte a ver…

Allí, Guillermo del Toro corta a la siguiente escena. Elisa está poniendo la alarma de su despertador. La cámara va del reloj a su rostro. Mientras, siguen los parlamentos de La Historia de Ruth. Esta vez, una voz masculina dice:

–Pregunta si tiene algún mensaje para él.

–Sólo paz… –responde la voz femenina.

Elisa termina de poner la alarma. Deja el reloj sobre una mesita y se coloca un antifaz para dormir.

Mientras ocurre lo anterior, continúan los diálogos de la película.

–¿Eso es todo?

–Es mucho…

Mientras la cámara se acerca a ella, empieza a sacarse el camisón. Se arrepiente.

–No asistiré a ninguna celebración… –dice la voz femenina.

Elisa se quita el antifaz y piensa. En un plano cerrado, mira en dirección al baño. Y comienza la pieza musical que sirve de transición para escena siguiente.

La Forma del Agua, cine puro

Es un momento cinematográfico perfecto. Y por momento cinematográfico quiero decir que es algo que no puede ser expresado sólo con palabras, como mi pobre descripción lo demuestra). De hecho, es un momento que no puede ser expresado a través ningún otro medio que no sea el cine. Ni otra disciplina artística, ni lenguaje que no sea el cinematográfico.

En esta delicada y frágil escena de amor (o del preludio del amor), protagonizada por una dubitativa, asustadiza Elisa, los textos de La Historia de Ruth, suplen la comunicación verbal que ambos personajes son incapaces de establecer.

La escena funciona de este modo en varios niveles narrativos y poéticos. Metafóricos. Es sutil y ilustrativa. Una fusión imposible entre texto y subtexto.

En general, The Shape of Water (La Forma del Agua) de Guillermo del Toro se vale de recursos narrativos de todos los tipos para construir incontables momentos cinematográficos similares, en los que lecturas de todo tipo se agolpan en escasos segundos.

De esta forma, las escenas hogareñas de Richard Strickland (Michael Shanon) son al mismo tiempo un homenaje al american way of life de los años 50 —que bien habrían podido ser dibujadas por Giles (Richard Jenkins)–, de la familia perfecta estadounidense; pero al mismo tiempo son una crítica ácida de ese mismo modo de vida.

La película entera es un homenaje al cine de terror y de monstruos B del Hollywood de los años 50 y 60; y al mismo tiempo su desmontaje como una dulce historia de amor. En The Shape of Water (La Forma del Agua), La Bestia, King Kong (y cualquier otro monstruo creado en el contexto del romanticismo), finalmente consuma su amor imposible. Algo que todos estamos esperando prácticamente desde que Mary Shelley concibió su criatura.

Pero por encima de todo, The Shape of Water (La Forma del Agua) es una inmensa oda al extranjero, al discriminado, al extraño, al raro.

Al otro.

La forma del agua / The Shape of Water


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