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Carlos Bolívar, vivir de recordar

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Hace unos cuantos años atrás, cuando trabaja en la revista Exceso, me asignaron un reportaje sobre Alfredo Cortina. El escritor venezolano Karl Krispin acaba de recoger y publicar en un libro, varios relatos de Cortina de modo que la ocasión era propicia para recordar a uno de los pioneros de la radio en Venezuela.

Sobre su vida, sólo tenía unos pocos detalles sueltos. Escritor, guionista —autor de la primera radionovela venezolana y de la exitosa El Misterio de los Ojos Escarlata— inventor, aventurero, orfebre, actor, locutor y fotógrafo, Cortina parecía haber vivido varias vidas. De hecho, creo que su extraordinario talento fotográfico sólo vino a ser reconocido o, mejor dicho, descubirto, recientemente, a casi tres décadas de su muerte.

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Carlos Bolívar, vivir para recordar

Entrar a su estudio en su casa de Los Rosales, Caracas, que compartía con la poetisa Elizabeth Schön y varios fantasmas, era un viaje en el tiempo que te remontaba a principios del siglo XX con una impresionante colección de objetos. Desde antiguas pistas de trenes de juguete, maravillosas, hasta cámaras fotográficas de todas las épocas y tipos, pasando por instrumentos de diversos tipos, la mayoría construidas por él mismo.

Cortina es uno de los dos personajes en torno a los cuales gira el documental Vivir de Imaginar de Carlos Bolívar, y que está exhibiendo en las salas de cine de Venezuela. El otro personaje es el escultor Alejandro Colina, autor de la imagen de María Lionza, entre otras obras.

Bolívar tiene una larga trayectoria en el cine venezolano como uno de sus más reconocidos sonidistas. Esta es la primera vez que se sienta en la silla del director. Y ha sido justamente esta larga trayectoria lo que permitió superar con éxito lo que él llama un reto hermoso.

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—Entré con mucho temor, pero conté con un equipo extraordinario, al que le di rienda suelta porque por sus años de experiencia, tiene un dominio total de sus herramientas. Conté con el apoyo invalorable de mis compañeros de Procine. Y asumí los retos de la dirección. Como por ejemplo, en el documental sobre (el escultor Alejandro) Colina, peleé por mantener la cámara a la alturas de las obras y no desde abajo, que es el punto de vista desde el que vemos todos las grandes esculturas.

Pero mantener este punto de vista elevado significó tener que llevar por toda Venezuela un complicado aparataje: una enorme grúa.

Bolívar se interesó por Alejandro Colina por el trabajo biográfico que su madre, la profesora Aminta Díaz, publicó sobre el escultor caraqueño.

—Además, vivía muy cerca de nuestra casa. Pero nuestro principal objetivo, tanto con su historia, como con la historia de Alfredo Cortina, era dar a conocer ambos personajes. Es increíble que exista tan poco material sobre dos hombres con tan importante legado.

Bolívar explica que el documental se preocupa no sólo por reconstruir la trayectoria vital de ambos hombres, sino además su trayectoria artística y la evolución de su obra.

—A Cortina llegamos (el guionista Edgar) Narváez y yo por un trabajo que realizamos para el Archivo Nacional. Luego, cuando decidimos hacer una pieza de mayor vuelo nos soprendió que hubiera tan poca información sobre alguien que prácticamente creó no sólo la industria radial venezolana, sino ademas su audiencia.

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Colina, mitología de la imagen

No obstante, a pesar del poco material escrito, consiguuieron tanto material radiofónico sobre Cortina que pudieron reconstruir su vida con su propio testimonio extraido de cientos de entrevistas.

—Ambos trabajos consumieron meses de investigación audiovisual y hemorográfica. Pero este es un proceso sabroso que muchas veces te cambia las ideas preconcebidas sobre el propio trabajo.

Ahora Bolívar está trabajando en el rescate del olvido de tres personajes más olvidados por nuestra historia. Uno de ellos, el maestro José Manuel Funes. Será un documental dirigido por otro sonidista de larga trayectoria en nuestro cine, Josué Saavedra.

—No estamos tratando la historia con una mirada nostálgica. Nuestra intención es rescatar para la memoria aquellos personales olvidados cuya obra y legado hayan contribuido al forjamiento de nuestra identidad como nación.