El 1 de septiembre de 1939, las tropas alemanas entraron en Polonia. La invasión fue el detonante de la II Guerra Mundial. Pocos dÃas después, el 17, el ejército rojo invadió el territorio polaco por el este, sembrando el caos en la resistencia y precipitando la caÃda del gobierno.
Ambas acciones bélicas, ejecutadas por dos naciones enemigas entre sÃ, contra una tercera, eran consecuencia del pacto secreto de no agresión que alemanes y soviéticos habÃa firmado una semana antes de la guerra, el 23 de agosto del 39. Conocido posteriormente como el Pacto Ribbentrop-Mólotov, el acuerdo incluÃa cláusulas sobre la repartición de Europa entre ambos paÃses, una vez concluida la guerra.
Durante la invasión y la posterior ocupación, miles de ciudadanos polacos fueron capturados y hecho prisioneros. Oficiales del ejército, intelectuales, profesores universitarios, cientÃficos, médicos, policÃas y reservistas fueron recluidos en los campos de Ostashkov, Kozielsk y Starobielsk.
Cerca de 6 meses después, en la primavera de 1940, los miembros del politburó soviético, por sugerencia de Beria, firmaron la orden de ejecución de todos aquellos prisioneros…
En complicidad con los nazis, las fuerzas de inteligencia soviéticas ejecutarÃan a continuación a cerca de 22 mil prisioneros polacos. Los recluidos en el campo de Kozielsk fueron ejecutados y enterrados en fosas comunes en el aledaño bosque de Katyn. En 1941, el ataque de Alemania a la Unión Soviética puso fin al oprobioso pacto de no agresión entre ambas naciones. Dos años después, los alemanes descubrieron las fosas comunes y comenzaron a usar la masacre de Katyn con fines propagandÃsticos. Los soviéticos difundieron su propia versión sobre el exterminio. Ahora, los antiguos aliados, devenidos enemigos acérrimos otra vez, se acusaban mutuamente de ser los autores de la barbarie.
Después de la guerra y durante la Guerra FrÃa, la Unión Soviética sostuvo la mentira sobre la autorÃa de la masacre y en la Polonia tras la Cortina de Hierro, el tema se convirtió en tabú. No serÃa sino hasta 1990, durante la glasnost (deshielo o apertura) propiciada por el reformista Mijail Gorbachov, que la URSS reconocerÃa su responsabilidad sobre el exterminio masivo.
En Katyn fue ajusticiado un capitán de CaballerÃa, padre de quien habrÃa de ser uno de los más grandes directores vivos: Andrzej Wajda. Polaco, luchador de la resistencia a sus 16 años, insigne intelectual, opositor a la dictadura pro-soviética y autor de una soberbia filmografÃa; para Wajda era pues una cuestión personal contar la historia de la masacre en el bosque.
Y hace dos años estrenó la magnÃfica e impresionante Katyn, crónica definitiva de la matanza.
Yo querÃa relatar una historia sobre algo que experimenté, sobre mi padre y mi madre. Todo ocurrió en una época que recuerdo aún: tenÃa 13 años cuando comenzó la guerra.
El film arranca con una situación que sintetiza de manera perfecta el drama de la Polonia de comienzos de la guerra: en un estrecho puente se atascan dos multitudinarios rÃos humanos que huyen en direcciones opuestas. Los primeros vienen del Oeste y huyen de los nazis. Los segundos, del Este y vienen escapando de los soviéticos.
En su mayor parte, la acción se desarrolla sin estridencias ni excesos dramáticos, centrada básicamente en la cotidianidad de los detenidos y la contenida desesperación de las esposas de los prisioneros, siempre a la espera de noticias sobre la suerte de sus cónyuges.
En principio, el film debÃa mostrar el crimen y la mentira. El crimen: que incluso mi padre fue asesinado allÃ. La mentira: mi madre fue una de las damas que constantemente trataba de encontrar información, se la pasaba escribiendo a la Cruz Roja en Suiza, aferrada a la esperanza de que regresara de la guerra.
Pero la extraña contención emocional de buena parte del desarrollo de la trama estalla en los 20 minutos finales, en un tercer acto tan intenso que resulta difÃcil de ver y sencillamente imposible de olvidar.
A comienzos de su carrera, Wadja realizó Kanal, una de las más curiosas cintas sobre la II Segunda Guerra Mundial. Contaba, con asfixiante claustrobia, la historia de un grupo de rebeldes que, en los dÃas finales del levantamiento de Varsovia contra los nazis, deben escapar del asedio alemán a través del laberÃntico sistema de cloacas de la ciudad.
Ahora, al final de su carrera, Wadja nos deja un filme tan intenso como aquel y que, de alguna manera, cierra el ciclo. Él ha dicho que, a sus 84 años –aunque en plena forma-, Katyn acaso sea su último filme. Esperemos que no sea asÃ.
Ver también:
- Andrzej Wajda habla sobre Katyn
- Las secuelas del terremoto de Haità recogidas con una DSLR
- Moon, una locación, un personaje, pero en La Luna (actualizado)
- Los efectos de una mala crÃtica
- Electra y Elise Avellán, una entrevista con las “Crazy Babysitters”, las gemelas venezolanas de ‘Grindhouse’




Me encantaría ver esta película. El siglo XX fue verdaderamente espeluznante. Las llamadas purgas de la Unión Soviética comenzaron en el 38, y hoy en día se habla de al menos 20 millones de ejecutados y desaparecidos sólo en la Unión Soviética, bajo el régimen estalinista. No quiero ni imaginar lo que padecieron países como Polonia, donde hoy por hoy, prevalece una derecha recalcitrante. Ni hablar de lo padecido en España donde además de las ejecuciones franquistas se hicieron famosas las llamadas Chekas, verdaderos campos de concentración soviéticos ubicados en el país ibérico.
Vale la pena ver filmes como éste que recuerden los horrores a los que induce la polarización, el mesianismo y la guerra armamentística. ¿Ya se ha estrenado? ¿Dónde se puede conseguir?
Hola! tan solo para felicitarlos por el contenido de esta nota y el site en general! saludos! nico