
Dentro de unos pocos minutos serán anunciadas las medidas económicas que el gobierno venezolano prepara para enfrentar la crisis mundial que nos echa encima con las fauces abiertas.
Desde ayer y durante buena parte de esta semana, el anuncio ha sido pasto de los sesudos analistas polÃticos y económicos que últimamente parecen surgir por generación espontánea.
Precisamente, ayer escuchaba yo algunos de estos “agudos” analistas, mientras permanecÃa varado en un embotellamiento tal, que me hizo clamar al cielo que una de estas medidas fuese un aumento brutal y desconsiderado del precio del combustible, que nos haga pensar dos veces antes de sacar nuestros autos del garaje. Aseguraba aquel analista que dentro del gobierno supuestamente se le dice PerÃodo Especial a la etapa histórica que habrá de iniciarse esta tarde, después del anuncio oficial.
No sé si es verdad o no lo que decÃa aquella persona, pero creo que una comparación con aquellos dÃas es completamente desproporcionada.
Llegué a Cuba en septiembre de 1990 para estudiar en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños. Entonces, aún podÃas desayunar con pan untado con dulce de guayaba y queso crema, jugo de toronja y una buena taza de café con leche. El muro de BerlÃn se habÃa derrumbado poco menos de un año antes y el bloque de paÃses socialistas se habÃa derrumbado de la noche a la mañana, como un castillo de naipes.
No obstante, aún no le habÃan cambiado el nombre al restaurante Budapest, en Centro Habana.
En el transcurso de un año, vimos cómo se reunificaban las dos Alemanias (o al Alemania partida en dos) y cómo, de repente, después de un golpe de Estado, se desmembraba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética, Leningrado recuperaba su antiguo nombre de San Petersburgo y, en Centro Habana, el restaurante Budapest un buen dÃa amaneció rebautizado como Restaurant Caracas, lo que hoy se me antoja todo un augurio de los tiempos que corren.
Llamase como se llamase, el restaurante permaneció cerrado.
La economÃa rusa entró en crisis y arrastró en su caÃda a la cubana. Fue entonces cuando se decretó lo que se llamó el PerÃodo Especial en Tiempos de Paz: una economÃa de guerra, sin la guerra. Las autoridades endurecieron el racionamiento, al tiempo en el que muchos alimentos comenzaban a escasear. Los surtidores de combustible se quedaron secos y el camión cisterna de la cerveza dejó de circular. HabÃa tantos apagones que la gente comenzó a llamar “alumbrones” a los contados minutos de luz al dÃa. Miles de ciclistas, en sus bicicletas chinas, circulaban como silenciosos espectros en la oscuridad de la noche sin luz eléctrica, y cientos de muchachas y muchachos se echaban a las calles a jinetear. Mientras tanto, aquà y allá, como en La Ciudad de Cristal de Paul Auster, algún edificio ruinoso se venÃa abajo sin aviso previo.
Cuando desapareció el ron, los cubanos comenzaron a destilar alcohol en alambiques caseros. Al nauseabundo licor le llamaban con nombres hilarantes: esperáme en el suelo, duérmete mi niño, bájate el blumer. Aunque de todos, chispa e’ tren fue el más popular.
Cuando terminé mis estudios en Cuba, a finales del 92, la Organización Nacional de Ciegos Españoles estaba comprando los hoteles de la isla y la conjunción diabólica del chispa e’ tren con el déficit proteico y vitamÃnico consecuencia de la mala alimentación, habÃan desatado una epidemia de neuropatÃa. Los cubanos se estaban quedando ciegos. Ya las autoridades hablaban de la Opción Cero, clÃmax del PerÃodo Especial, en el que las medidas de racionamiento serÃan aún más extremas.
Hace rato le perdà la pista al cine que se produce en la isla, de modo que no sé si existe alguna pelÃcula ambientada en esos dÃas terribles del PerÃodo Especial. Supongo que habrá más de un video underground, más de un documental y un cortometraje producido por los muchachos de la EICTV sobre el tema; pero creo que el cine oficial sólo ha tocado el perÃodo de forma tangencial, o en pelÃculas propagandÃsticas como la que sigue a continuación. Quizás me equivoque.
Pienso que la pelÃcula que mejor capta la desolación espiritual del PerÃodo Especial es Fresa y chocolate de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos TabÃo. El mismo dúo plagarÃa su próxima pelÃcula, Guantanamera, con referencias al mismo perÃodo.
Quizás la pelÃcula paradigmática del PerÃodo Especial sea Alicia en el Pueblo de las Maravillas, de Daniel DÃaz Torres. Se trata de una de las cintas más subversivas realizadas en la época, una comedia desternillante, llena de gags visuales, que debe tanto a los Monty Pythons como al Buñuel más surrealista: un mundo de burócratas y empleados malhumorados, en el que los platos y los cubiertos están encadenados a las mesas para que no les lleven los comensales y los jabones fijados al lavamanos. Recuerdo que en la época de su breve y conflictivo paso por las salas de cine de La Habana, en el 92, era la pelÃcula justa para el momento preciso.
Finalmente, creo que la perfecta descripción del PerÃodo Especial a través del oficio cinematográfico la alcanza el desaparecido escritor cubano Jesús DÃaz, en su novela La Piel y la Máscara, que no es más que un recuento del rodaje de una pelÃcula en las asfixiantes condiciones económicas de la época.
Alicia en el pueblo de Maravillas | Fragmentos
Ver también:
- Sleep Dealer, el futuro visto por los desposeÃdos
- Libertador Morales, El Justiciero: a partir de hoy en las salas de cine de Venezuela
- Cine cubano, arte, libertad y revolución
- ‘El Ladrón de Bicicletas’ visto por Hollywood
- Venezuela: Abiertas las inscripciones para taller de formación actoral




RSS
Facebook
twitter