Dziga Vertov, documentalista soviético, padre de la teorÃa del Cine-Ojo, autor de El Hombre de la Cámara, como buen futurista, soñaba con la integración hombre-máquina, con la fusión carnal entre el camarógrafo y su impasible pupila de cristal”, su herramienta de trabajo: su cámara.
De alguna manera, los futuristas como Vertov, fueron los abuelos de los estudios sobre el Cyborg (Cybernetics Organism: organismo cibernético) desarrollados a partir de los sesenta por Manfred E. Clynes y Nathan S. Kline. Clynes y Kline buscaban la integración real hombre-máquina para sintetizar un organismo capaz de sobrevivir en condiciones extraterrestres.
Siguiendo los pasos de Clynes y Kline, Kevin Warwick, investigador británico y profesor de cibernética en la Universidad de Reading, Inglaterra, se ha hehco famoso por sus experimentos de interconexión entre sistemas informáticos y sistemas nerviosos humanos. Warwick ha desarrollado “interfaces neurales” como parte de su Proyecto Cyborg.
Warwick se ha injertado procesadores subcutáneos para interactuar con aparatos electrónicos (Experimento Cyborg 1.0), y se la ha colocado con chip en su sistema nervioso central con el que fue capaz de mover un brazo electrónico vÃa Internet (Experimento Cyborg 2.0). También ha colocado un chip en el sistema nervioso a su esposa, con la idea conectarlo con el suyo y lograr una especie de empatÃa o telepatÃa.
Desde luego, la idea del Cyborg también ha inspirado la ficción cientÃfica literaria y cinematográfica (The Terminator, Robocop), series de TV (El Hombre Nuclear, La Mujer Biónica) y hasta movimientos sociales como el feminismo, como los trabajos de la cyberfeminista Donna Haraway, autora del Manifiesto Cyborg.
Pero si por estos dÃas haces una búsqueda en Google con los términos cyborg, ojo, cine, director o cámara, además de los nombres antes citados, lo más probable es que el primer lugar en los resultados de búsqueda lo ocupe Rob Spence.
Spence, realizador canadiense de 36 años, se hace llamar a sà mismo Eyeborg Guy. ¿La razón? A la edad de trece, Spence perdió su ojo derecho cuando jugaba con una escopeta de su abuelo y hoy en dÃa trata de reponerlo con una cámara en miniatura que, conectada a internet, suba a la red todo lo que ve. La revista Wired, en su versión electrónica, publica un detallado artÃculo sobre el proyecto de Spence.
El proyecto está aún en sus etapas iniciales. Spence iene por delante algunos obstáculos importantes que superar: el desarrollo de una cámara inalámbrica con transmisor y baterias, resistente al agua, tan diminuta que quepa en el interior de una prótesis ocular y lo suficientemente liviana como para que no le deforme el párpado inferior e, incluso, el rostro.
No obstante, de lograrlo, el documentalista canadiense se convertirÃa en la primera encarnación del hombre-cámara que Vertov imaginó hace casi un siglo. Además dellifecaster perfecto, capaz de subir a Internet, en tiempo real, todos y cada uno de los momentos de su vida, desde una perspectiva subjetiva. No está de más apuntar que su cámara-ojo serÃa una valiosa herramienta para un documentalista-gonzo, en los proyectos que requieran investigación encubierta. Spence está realizando un documental sobre su proyecto.
Curiosamente, el documentalista canadiense no es el único embarcado en uuna investigación de este tipo. Tanya Vlach, artista y quien perdiera un ojo en un accidente de tránsito en 2005, también está tratando de desarrollar una cámara-ojo, con la idea de convertirse asà misma en una especie de video-instalación, una sÃntesis perfecta entre el artista y su obra.
Desde el accidente, Vlach lleva un blog acerca de su proyecto y sobre sus esfuerzos para adaptarse a la vida monocular. Como Spence, también usa un parche y mantiene un estrecho contacto con Steve Mann, profesor de la Universidad de Toronto y pionero en el desarrollo de “computadoras para vestir”, cámaras de video portátiles e inalámbricas y otros inventos en el campo de la cibernética. Mann ha sido descrito como el primer cyborg.
Vlach también ha hecho contacto con Spence para intercambiar información y experiencias.
Spence y Vlach acaso estén muy cerca de lograr su cometido. En agosto pasado, dos investigadores, John Rogers y Yonggang Huang, informaron haber desarrollado un sensor flexible, compuesto por una malla de pixeles conectados por alambres, capaz de amoldarse a superficies irregulares y que corrige aberraciones ópticas. El sensor registra imágenes similares a las captadas por el ojo humano.
En su informe, Rogers y Yonggang enumeraban varios posibles usos para su invento. Entre ellos: el desarrollo de una cámara en forma de ojo.
Una cámara-ojo.
VÃa | Meghan@NonSociety
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