
En un futuro cercano, la Humanidad se ahoga en pupú.
Sí, en pupú.
Pero el pupú humano es nuestra principal fuente de energía. El pupú lo mueve todo.
En ese futuro cercano, el gobierno, ávido por controlar esa invalorable fuente de energía, le ha instalado sensores a sus ciudadanos para medir su producción de mierda. Mientras aquellos ciudadanos respondones son drogados con Hard. No, no se trata de un programa de televisión, sino de una droga sintética que convierte a la gente en torpes mutantes y que el gobierno distribuye en forma de inocentes chupetas.
Ese es el mundo en el que se desenvuelven nuestros dos héroes, Aachi y Ssipak. Dealers del mercado negro, siempre acechados por cyborgpolicías. Y esto es sólo el punto de partida para lo que viene a continuación: decapitaciones, amputaciones, sangre a borbotones, cirugías y otras manipulaciones rectales, desviaciones sexuales de toda clase, toneladas de pupú, conspiraciones gubernamentales, ultraviolencia, motocicletas de alta cilindrada, funky, rock, break dance, plomo, plomo, plomo parejo y hasta un proverbial homenaje (que anexamos más abajo) a la secuencia de las escalinatas de Odessa del Acorazado Potemkin.
Creo que esta animación del coreano Jo Beom-jin se convertirá en mi preferida después de Akira y Ghost in the Shell.
