
Llegaste con la Brisa, de Mariana Rondón
Hay directores de cine que no sólo se destacan detrás de las cámaras. Woody Allen es un buen clarinetista y Clint Eastwood es un pianista más que pasable, las pinturas de David Lynch atraen tanto público como sus películas, y tienen tanto valor artístico como las acuarelas de John Huston. Alfred Hitchcock hacía excelentes bromas macabras, mientras que Luis Buñuel vería su nombre asociado al surrealismo y a una exitosa receta para preparar martinis.
Mariana Rondón, realizadora venezolana, es buena con el agua y el jabón.
Rondón le ha dedicado los últimos cinco años de vida a su segundo largometraje, Postales de Leningrado, que será estrenado a mediados de este año.
No obstante —y no sé cómo lo ha hecho—, se las ha arreglado para conseguir el tiempo suficiente para sacar adelante un curioso proyecto plástico: Llegaste con la Brisa, una instalación que tiene como protagonista un artilugio que proyecta imágenes de video, dentro de burbujas de jabón infladas con vapor.
Esa es la extraña imagen que ilustra este artículo.
Rondón buscaba recrear una especie de laboratorio genético del futuro, en el que se incuban seres mitológicos y cruces imposibles de especies. Así se lo explica a Cristina Civale, periodista y escritora argentina:
Es una instalación en la que fusiono ingeniería, química y video. Se trata de un simulador de un laboratorio genético: una máquina produce burbujas de jabón de dos a tres metros de diámetro dentro de las que se proyectan imágenes creadas digitalmente de mezclas genéticas imaginarias, como el producto entre un pez y un humano.
Años atrás tuve la oportunidad de ver uno de los primeros prototipos de la máquina en acción. La sensación que transmite es, al menos, inquietante. Y, claro, es imposible no pensar en los hologramas de La Guerra de las Galaxias o en las imágenes flotantes que manipula Tom Cruise en Minority Report, pero dentro de un útero casi etéreo, húmedo y cavernoso.
